Las vocales de la risa

Resultat d'imatges de las vocales de la risa satz

Mario Satz
Las vocales de la risa. Risoterapia y cultura (2001)

cuando reímos, sacudimos las células y estas quieren salir a flote “a ver qué diablos ocurre”

Cuando la risa despierta al tranquilo y constante mar de la sangre, ésta se remueve en un oleaje de inusitado placer, y en pocos segundos todos sus constituyentes -los hematocitos, la fluidez de su plasma, su urea y su glucosa, sus albúminas y sus sales- se sienten conmovidos por el carácter de esa súbita tormenta emocional y quieren, presurosos, salir a la superficie a ver qué diablos ocurre, de modo semejante a como nos narra la mitología que hacían las Nereidas, nietas de Océano y personificaciones de las olas marinas.

La risa resquebraja la coraza del falso yo

Ese alquímico dictum que encierra la palabra vitriolo (visita interiorem terrae rectificando invenies operae lapidem), el cual suele traducirse como “retorna al núcleo más íntimo, desciende a lo más profundo de ti mismo y encuentra el núcleo indivisible sobre el cual podrás edificar la nueva personalidad”, constituye la sustancia, la materia prima de la que está hecho el mejor humor, cuyas incruentas operaciones simbólicas dejan salir de nosotros -ya seamos emisores o receptores- lo nuevo bajo la piel resquebrajada del viejo yo. Que tal salida requiera con frecuencia fórceps o una zancadilla verbal, es producto de la dureza de nuestras corazas y no de la agresividad cómica.

La música se apoderó de Adán y fue su alma

En su magnífica obra sobre el sonido, Joachim Berendt recopila dos historias notables sobre el origen de la música. La primera procede del ámbito sufí y la contó, originalmente, el poeta persa Hafiz. Sucedió que, habiendo confeccionado el Creador una criatura a imagen y semejanza suya en barro, intentó insuflarle alma al cuerpo de ese primer Adán, pero como aquélla no se dejaba atrapar, se movía de aquí para allá, era ubicua, saltarina, evanescente y afecta al aire libre, volátil e inquieta no quiso entrar en esa prisión de barro. Entonces Dios pidió a sus ángeles que tocaran la mejor de sus melodías y el alma quedó extasiada, detenida entre la perplejidad de su goce y la contención de su soplo. Sin embargo, viendo que su atención no era lo bastante buena, se introdujo en el hombre para servirse de él como de una concha acústica. Hasta el día de hoy la gente dice -comenta Hafiz- que al oír la melodía de los ángeles el alma entró voluntariamente al cuerpo, cuando, en realidad, el alma misma es la canción.

Misión del adulto: olvidarse del tiempo y reconquistar el espacio (jugar)

La más obvia propiedad del espacio es visual; la más escurridiza propiedad del tiempo, su invisibilidad. La primera parte de nuestra vida, sobre todo en la infancia, se explaya en las cuatro direcciones del espacio siguiendo la progresión creciente de nuestros miembros superiores e inferiores. La segunda, bien llevada, busca su sentido en el tiempo, es decir en aquello que no se ve. Prisioneros de Saturno-Cronos, el Señor del Tiempo, durante la segunda parte de nuestra cuadriculada vida (como patrono de la agricultura Saturno rige los ángulos y las geometrías agrícolas), necesitamos volver periódicamente a la circularidad espontánea de la primera. Ansiamos aquí y allí los momentos uránicos, celestes, que en la primera edad nos brindaron su expansión, su alegre porque sí. Casi todos esos momentos estuvieron caracterizados por un espacio libre de condicionamientos y preconceptos: cualquier lugar era un castillo, la selva o el desierto. La orden del día era disfrazar la ley de caos, lo real de fantástico. La angustia y la depresión, derivados mortales de lo serio, son malestares que sobrevienen por la falta de espacio, de espacio interior: o hay en él demasiado mobiliario o simplemente no hay lugar para esa fiesta del aire que es la respiración.

Aceptación es inscribirme en mi espacio

Algo de esa estrecha relación entre la alegría y la paz profunda pareció intuir el profeta Isaías, cuando, en el versículo 55:12, exclamó: “Con alegría saldréis y con paz seréis vueltos”. Tal ida-y-vuelta emocional constituye una de las glorias del aliento, la expansión de los suspiros posteriores a la risa, y ello porque el signo más hondo de la paz es el de la aceptación. Aceptación que consiste, ante todo, en una inscripción total en el espacio que se ocupa. Si espero algo o tengo nostalgias de lo que no ha venido, no acepto el vacío actual en el que me hallo: interpongo entre él y mi mente la máquina infernal de los deseos insatisfechos.

la sonrisa interior

El filósofo taoísta Mantak Chia ha recuperado para nuestra época la vieja sabiduría del yoga chino concerniente a la sonrisa interior: (…) “la práctica de la sonrisa interior comienza, pues, en los ojos, ya que éstos están ligados al sistema nervioso autónomo (…) Christian de Bartillat sostiene que la sonrisa es el balance que existe entre las lágrimas y la risa, el ancla de la serenidad situado entre el mar de la angustia y el océano del gozo. Rara como “una pierre précieuse vite rejetée dans le gouffre”, su aparición consistuiría aquel bello gesto adoptado por quienes, conociendo el vacío del que provenimos y el vacío hacia el que vamos, aun sin hacerse ilusiones sonríen ante el abismo de su propio destino. Tal esbozo de íntima felicidad, de goce contenido, es como un rescoldo que quedase tras un gran fuego, la huella radioactiva de una energía fabulosa que ha decidido, voluntariamente, atenuar su superioridad sobre los hombres y las cosas para, de este modo, poder verse libre de sus propios efectos.

La pluma del pavo y la pluma del águila

Un poeta chino del siglo XVIII, Feng Li Fu, anotó en sus ‘Fábulas del dragón y el fénix’: “Cada vez que los hombres y mujeres se ríen, su corazón se abre como la cola de un pavo real. Hay colores que navegan por su sangre, brillan inauditos a lo largo y ancho de sus entrañas. Por la risa el género humano conoce el olvido del ayer y la indiferencia del mañana; por la risa la mente se lava las escorias del vivir, olvida momentáneamente el dolor, la ira, el resentimiento y la mentira. La risa es un temblor cordial que el pensamiento no puede definir. Cada vez que los hombres piensan o meditan, en cambio, sus ojos buscan en los horizontes internos y externos las sendas del águila; largas distancias, cielos azules para la lentitud de sus vuelos. Por la meditación, al reflexionar, el género humano conoce el mañana y escruta el ayer para filtrar sus mejores escenas. Sin pensamiento no se va lejos; sin risa no se puede estar relajado allí donde se está. El sabio, por lo tanto manipula las dos plumas, la del pavo real y la del águila, y no concede más importancia a la una que a la otra. Si tiene que morir pide ser torturado a risa, y ya a punto de desfallecer sus ojos se transforman, por la mirada grave y solar del águila, en el vasto espacio libre del universo”.

Las hojas mantienen vivo al árbol; el humor “hace respirar a toda la planta de la cultura”

Como dijo Vàlery: “El mundo vale por sus extremos pero permanece por el centro”. Función axial que la parte leñosa de los árboles encarna a la perfección. La misión de la hoja, micromórfica, como la del genio y el humor, busca en cambio captar alimentos sutiles (…). De hecho, son las hojas las que sostienen la actividad viviente del árbol y no al revés. De igual modo, son las renovadas creaciones foliares en las que se empeñan artistas y pensadores las que vitalizan y orientan la savia de la cultura en dirección de la eclíptica solar. Una hoja cubre muy pronto sus necesidades, y cuando ha alcanzado la mitad de su crecimiento, empieza a exportar nutrientes al resto del árbol. (…) ¡Cuántas sociedades no se habrán beneficiado, a lo largo de los siglos de la intrascendente actividad de sus cómicos y juglares superando con el sabor de sus dulzuras crisis tras crisis! Eso explicaría la pervivencia de los chistes, su oportuna recurrencia y su casi milagrosa longevidad. Ahuecando con gracia lo sólido y establecido, los estomas, por el envés de la hoja -actor, mimo, poeta, comediante- hacen respirar a toda la planta de la cultura.

por qué caer nos hace gracia

cuando alguien cae inesperadamente y no se hace daño, provoca de inmediato la risa de los que lo rodean. Esa humillación momentánea puede leerse como un llamado del humus, una horizontalidad forzada que “disminuye”, brevemente, las ínfulas verticales de nuestra altura.

la risa desmaterializa

En su tragicómica desesperación, en su dolor, el autor de Job 1:21 grita: “Desnudo salí del seno materno y desnudo volveré”. De igual modo la risa desnuda momentáneamente al sujeto retrotrayéndolo de la cultura a la naturaleza. Para el hombre, la risa es la espuma cuántica de la materia, su estructura más fina. Ligereza y libertad.

la risa humidifica

En el Papiro de Leyden (…) leemos: “Dios rió, y a la primera carcajada apareció la luz. Cuando se echó a reír por segunda vez aparecieron por todas partes las aguas”. (…) Así es también, por otra parte, cómo, en el microcosmos humano, el destello amoroso en su máximo momento expresivo conduce a la humedad de los lagrimales.

la risa libera orificios

el objetivo último de la risa es mantener la flexibilidad de los orificios corporales en su grado óptimo de elasticidad, por lo cual se nos recuerda una y otra vez, mediante las bromas y las chanzas, que tenemos un cuerpo (…) De donde seremos tanto o más espirituales cuando más libres seamos y seremos más libres cuanto mejor funcionen nuestros esfínteres. (…) El porqué los agujeros o aperturas tienen que ver con la alegría proviene de que ella misma es una salida generalmente imprevista. Flatulencias, hipos, eructos, son la negación del lenguaje articulado. Sus erráticos zumbidos, sus secuencias de exclusión, tras su estallido simpático conducen a la relajación de los sentidos. Por el contrario, evitarlos requiere una tensión y un envaramiento constantes que deshumanizan poco a poco al sujeto.

el humor es una raíz: “una flor que no quiso serlo” (radix = risa)

En el extremo inferior, hurgando en lo oculto, sutilizando la materia más basta, la raíz. Fulgurante, fluido, el mejor humor circula entre ambos extremos sintetizando arriba y digiriendo abajo, revelándonos que lo humano tiene de lo arbóreo el sistema nervioso, y por tanto, su más específico sistema de equilibrio. Un antiguo proverbio japonés sostiene que “una raíz es una flor que no quiso serlo”, demostrando así que en la renuncia, más aún, en la asunción de la fealdad, la raíz abre camino a la flor encarnando las deformidades y pilosidades que ésta, más ordenada, elevará posteriormente en calmas geometrías.

música, silencio y risa, las tres formas de disolver la palabra

Las palabras, cuanto más sofisticadas, más trampas nos ponen y más impedimentos ponen al mero vivir. Por eso es preciso controlarlas por la música -extendiéndolas a la unanimidad rítmica del coro-, por el silencio -disolviéndolas en la vacuidad respiratoria- o bien ridiculizándolas por medio de la risa y de los deliberados lapsus linguae sobre los que se basan casi todos los chistes del mundo. Así pues, las bromas y chanzas proponen un pequeño y momentáneo caos (palabra que (…) procede del gas, estado de la materia en el que los átomos se mueven libres a la vez que desordenados), caos que nos concede un respiro, una tregua.

el juglar y las piernas largas de la prisa

Tampoco deja, nuestro erudito [Menéndez y Pidal], de referirse a las edades de los juglares y remedadores, llamativamente jóvenes y pícaros, como si para ejercer tal oficio fuese menester poseer las largas piernas de la prisa, el gusto de las fugas y las desapariciones sorpresivas.

la eficacia de abandonarse

La no-acción del joven trabajador, como el cantor de Gamzu, el personaje talmúdico (…), lo dispone al hallazgo de naturaleza sobrenatural. Precisamente porque se abandona es recogido, porque confía confían en él. (…) El héroe (…) debe aprender de Ton, la ola, a replegarse en sucesivas transparencias, pues no siempre ejercer nuestro poder y nuestra fuerza tranquiliza nuestro corazón y, en cambio, con bastante frecuencia, un buen sueño desnudo, una cálida inmersión en la nada bastan para alcanzar las cotas más profundas de la serenidad.

la Gracia y lo gracioso, interconectados

Insuficientemente explorada, en la relación gracia-gracioso, gratia-gratiosus que dirían los comediógrafos latinos, se detecta hasta qué punto la deformante sublimación que efectúa la broma equivale, por lo bajo, a la aspiración sublime de lo religioso por todo lo elevado y alto. Lo gracioso es al cuerpo lo que la gracia al alma.

la Gracia es ‘querer vivir aquí’; no es fuga sino hallazgo

Lo que hoy llamamos relajación profunda o distensión psíquica y en épocas más líricas o trascendentes que ésta llamábamos gracia, no tenia nada de ascesis muscular o de respiración consciente: meras inducciones de la voluntad para reforzar una espera. La gracia era, es, esperanza cumplida. (…) La habíamos buscado y no aparecía, pero al aparecer no tiene la más mínima relación con lo buscado. Pero en el instante preciso, que los sufíes describen como un sucesivo corrimiento de velos, en un parpadeo, en un visto y no visto, el mundo circundante vuelve a su sitio (…) Ver la realidad “tal cual es” (…) en la gracia no hay fuga sino hallazgo, no hay suspensión sino inmersión. Bajo la mirada transida de la gracia nos gusta vivir aquí. Lo cotidiano, y mientras dura la experiencia, se torna placentero.

la gracia ciega el ojo pero afina el oído

el oído, el más importante desde el punto de vista espiritual, alcanza directamente al corazón sin dirigirse al cerebro. Ese quinto sentido es, pues, el que da cuenta de la gracia interior, de la beatitud original de la que procedemos (…) La gracia es una certidumbre que el silencio inyecta a la palabra, un resplandor que ciega la pupila pero afina el oído.

el ruido de fondo del universo, ¿una risa cósmica?

La Creación entera es un hecho gozoso (…) Incluso hay quien piensa, desconociendo esa teoría, que el ruido de fondo del universo, la navegación indefinida y distante de las nubes de hidrógeno constituye una suerte de risa cósmica -¡la risa de los dioses!- cuyos enormes gorgoteos, jadeos, chisporroteos y pedorreos captan las sondas de la radioastronomía para perplejidad de los científicos.

el cuerpo es una orquesta: las cuerdas delante y los vientos detrás

En la disposición de nuestras orquestas sinfónicas las cuerdas van por delante y los vientos por detrás, junto a los tambores y timbales. La analogía con el cuerpo humano parece obvia: primero lo sublime [cuerdas vocales] y, tras ello, lo somático, lo intestinal, lo entrañable y oscuro [el intestino, las ventosidades].

unifica, previene y profundiza: las funciones del reír

Jean Fourastié ha distinguido tres funciones mayores en la risa humana. A saber: 1) La risa unifica lo disperso. 3) La risa previene, anticipándolo, el dolor que cada mal nos causa. 3) La risa nos permite percibir lo real en sus capas más hondas.

la risa, un “vacío lapso creador”

Kant, por su parte, dijo que la risa era “una expresión que brota de lo imprevisto de una tensión que desemboca en la nada”, y nada fue también lo que vio el romántico Novalis en ella. Es decir, un vacío lapso creador acerca del que es inútil preguntarse el porqué.

el sagrado cómico o eterno presente

como si ella, la risa, sustancia del puro y elástico presente, contagiara a los participantes de un sentimiento de suspendida eternidad, una especie de sagrado cómico que acontece por encima de los ritmos circadianos y los horarios en los que premeditamos nuestras acciones.

Anuncios

Mil novecientos ochenta y cuatro

Resultat d'imatges de 1984 biblioteca basica salvat

George Orwell
‘1984’ (1949)

industria de la falsificación del pasado

Diariamente y casi minuto por minuto, el pasado era puesto al día. De este modo, todas las predicciones hechas por el Partido resultaban acertadas según prueba documental. Toda la historia se convertía en un palimpsesto, raspado y vuelto a escribir con toda la frecuencia necesaria.. En ningún caso habría sido posible demostrar la existencia de una falsificación.

la invención de Ogilvy

De nuevo miró a su rival en la cabina de enfrente. Algo parecía decirle que Tillotson se ocupaba de lo mismo que él. No había manera de saber cuál de las versiones sería adoptada finalmente, pero Winston tenía la firme convicción de que se elegiría la suya. El camarada Ogilvy, que hace una hora no existía, era ya un hecho. A Winston le resultaba curioso que se pudieran crear hombres muertos y no hombres vivos. El camarada Ogilvy, que nunca había existido en el presente, era ya una realidad en el pasado, y cuando quedara olvidado el acto de la falsificación, seguiría existiendo con la misma autenticidad —y con pruebas de la misma fuerza— que Carlomagno o Julio César.

dos y dos son cuatro

[Winston escribió:] La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados.

tipo humano

Un individuo suave, soñador e ineficaz.

neolengua: la guerra contra la verdad y la ambigüedad

—Tú no aprecias la neolengua en lo que vale —dijo Syme con tristeza—. Incluso cuando escribes sigues pensando en la antigua lengua. He leído algunas de las cosas que has escrito para el Times. Son bastante buenas, pero no pasan de traducciones. En el fondo de tu corazón prefieres el viejo idioma con toda su vaguedad y sus inútiles matices de significado. No sientes la belleza de la destrucción de las palabras. ¿No sabes que la neolengua es el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuye cada día?

la ortodoxia es la inconsciencia

[habla Syme] La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia.

el lugar donde no hay oscuridad

Años atrás (…) había soñado Winston que paseaba por una habitación oscura… Alguien sentado cerca le había dicho al pasar él: “Nos encontraremos en el lugar donde no hay oscuridad”. Se lo había dicho con toda calma, de manera casual, más como una afirmación cualquiera que como una orden.

las palabras mágicas

A la vista de las palabras Te quiero el deseo de seguir viviendo le dominaba y parecía tonto exponerse a correr unos riesgos que podían evitarse tan fácilmente.

beso bajo las bombas

Una bomba cohete había estallado muy cerca. De pronto se dio cuenta de que tenía junto a la suya la cara de Julia. Estaba palidísima, hasta los labios los tenía blancos. No era palidez, sino una blancura de sal. Winston creyó que estaba muerta, la abrazó en el suelo y se sorprendió de estar besando un rostro vivo y cálido. Es que se había llenado la cara de yeso pulverizado por la explosión. Tenía la cara completamente blanca.

nos postulamos para la rebelión

—Creemos que existe un movimiento clandestino, una especie de organización secreta que actúa contra el Partido y que tú estás metido en esto. Queremos formar parte de esta organización y trabajar en lo que podamos. Somos enemigos del Partido. No creemos en los principios de Ingsoc. Somos criminales del pensamiento. Además, somos adúlteros. Te digo todo esto porque deseamos ponernos a tu merced. Si quieres que nos acusemos de cualquier cosa, estamos dispuestos a hacerlo.

vivir sin esperanza: “nosotros somos los muertos”

[O’Brien a Winston y Julia en la reunión secreta] Debéis acostumbraros a vivir sin esperanza. Trabajaréis algún tiempo, os detendrán, confesaréis y luego os matarán. Esos serán los únicos resultados que podréis ver. (…) Nosotros somos los muertos. Nuestra única vida verdadera está en el futuro. Tomaremos parte en él como puñados de polvo y astillas de hueso. Pero no se sabe si este futuro está más o menos lejos. Quizá tarde mil años.

“el pasado será lo que el Partido quiera que sea”

Pero como quiera que el Partido controla por completo todos los documentos y también la mente de todos sus miembros, resulta que el pasado será lo que el Partido quiera que sea.

te hacemos Ser

Nosotros, en cambio, hacemos perfecto el cerebro que vamos a destruir. La consigna de los despotismos era: “No harás esto o lo otro”. La voz de mando de los totalitarismos era: “Harás esto o aquello”. Nuestra orden es: “Eres“.

engañar al odio

Por primera vez se dio cuenta de que la mejor manera de ocultar un secreto es ante todo ocultárselo a uno mismo. De entonces en adelante no sólo debía pensar rectamente, sino sentir y hasta soñar con rectitud, y todo el tiempo debería encerrar su odio en su interior como una especie de pelota que formaba parte de sí mismo y que sin embargo estuviera desconectada de su persona; algo así como un quiste.

último reducto

Morir odiándolos, esa era la libertad.

El Peñón del Gallo

Un relato de Joan Pau Inarejos

—La carta de mi sueño decía que viniera hasta aquí.  —se hizo un silencio dramático.

—Yo también leí esa carta.

El aire levantaba espirales de polvo. De pronto me encontraba frente a un desconocido con quien tenía demasiadas cosas en común. O él conmigo.

—¿También la leíste? ¿Cómo es posible?

—“Si estás leyendo esta carta es que todos han desaparecido… pero no todos. Si quieres salvar tu vida preséntate…”

—“…al amanecer en el Peñón del Gallo, junto al refugio del cazador”. ¿Eres tú el cazador?

—No. Nunca he empuñado un arma.

—¿Y esa escopeta?

—Estaba ahí cuando llegué.

—Espero que sea una broma.

—¿Quién gastaría una broma así? ¿Todo el mundo conjurado contra dos imbéciles?

—¿Crees que estará cargada?

—Probablemente.

—¿Querrán matarnos?

—No teníamos otra opción que venir.

—¿Quién y por qué ha podido hablarnos en sueños? ¿Estaríamos bajo el efecto de alguna droga?

El Desconocido no asentía ni desmentía. Parecía absorto en su pesimismo oceánico. Miró al horizonte y musitó:

—Deberíamos salir de aquí. Sea lo que sea, no va a venir nadie.

Me fijé en su espalda, fría e inmóvil. Apenas hacía movimientos bruscos. Me aventuré:

—¿Cómo te llamas?

—Ya conoces el contenido de la carta. —respuesta rauda y preparada—. “Y bajo ningún concepto digas o escribas…”

—“…tu nombre ni reveles tu identidad ante cualquier desconocido. 

—Exacto. “Nos encontraremos al amanecer”. 

La memoria del Desconocido era minuciosa y sin vacilación, como la mía. Algo en él me recordaba a mí. Pero no todo. No había tiempo para pensar. El miedo era más poderoso que toda reflexión. El día se presentaba tan radiante como amenazante.

—¿Qué propones, entonces? —le dije—. Deberemos llamarnos de alguna manera el uno al otro. Por si ocurre algo, ya sabes.

—Veamos, ¿quién de los dos llegó primero?

—No lo sé. Yo llegué por la ladera soleada. Al girar por el refugio del cazador, tú ya estabas.

—Yo llegué por la ladera oscura. —respondió el Desconocido—. Así que, si quieres, puedes llamarme Sombra. Tú serás Sol.

—Así que eres mi sombra. Como Peter Pan…

—Ingenioso. —Sombra lo dijo sin alegría. No había manera de dulcificar su ademán. Enseguida prosiguió con sus graves dictámenes.— No hay nadie. No existimos para nadie. No va a venir nadie.

Cantó el gallo. Tenía un eco fúnebre, resonando entre las montañas, y a la vez era una señal de esperanza. No todo estaba muerto.

—El gallo… —susurré, embobado.

—Quizá los animales hayan sobrevivido. Quién sabe.

—Sobrevivir, ¿a qué?

—Aquí pasmados no lo averiguaremos. Vamos, coge esa escopeta. —me sorprendió su determinación. Agarré el arma temblando, con la culpa y el desamparo brotándome en la piel, mezcladas con el sudor frío.— No dispares salvo que sea completamente necesario. No sabemos cuántas balas hay.

—¿Por qué debería seguirte? Quizá debería matarte.

Sombra se volvió hacia mí con desabrimiento. Al ver que le estaba apuntando, avanzó el pecho y las palmas de las manos.

—Hazlo.

Poco a poco bajé el arma. Él no dijo nada y siguió andando. Llegamos hasta un desfiladero resbaladizo.

—Alto.

Sombra miró alrededor. Parecía olfatear el aire. Seguimos la pista de un zumbido, cada vez más intenso. Al cruzar unos arbustos vimos una nube de moscas revoloteando sobre algo.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Sombra se llevó la mano a la boca y echó algo de saliva amarillenta a un lado. Estábamos en ayunas. Señaló con el codo y me acerqué.

—Dios mío.

En el suelo había un cadáver. Pero no todo. Tenía enormes muescas sangrientas en el rostro, el pecho y el omoplato, huecos terribles donde se agolpaban las moscas y otros insectos.

—También él estaba vivo. —hablé en voz alta, intentando tejer hilos invisibles en mi mente— No ha desaparecido como los demás. Algo o alguien le atacó…

Un calor y una espesura empezaban a envolvernos. Voltée el cuerpo con la escopeta. Entre la lámina de polvo, suciedad y sangre coagulada asomaba un chaleco.

—El cazador —resolvió Sombra.— Sin duda es él. —un calor y una humedad empezaban a envolvernos.

—¿Qué debemos hacer, Sombra? También nosotros estamos infringiendo las normas. Ya sabes, debíamos permanecer en el Peñón del Gallo, y tú… —Sombra se quedó mirando hacia un punto fijo, a mis espaldas. Sentí un insoportable hedor.

—No te muevas —dijo él.

Me volví.

Una humedad y un hedor nos envolvían.

—Quieto, Sol.

Un lobo nos acechaba. Venía a nosotros con las fauces moradas. El pelo de las patas, reseco, se le encrespaba. Agitaba el lomo de vez en cuando, como si se sacudiera el polvo o la pinaza.

—No hagas ruido. —siguió—. Solo apúntale lentamente y…

No le escuché; el disparo me salió del alma. Se hizo el caos. Oí al lobo aullar de dolor. Lo sentí abalanzarse contra nosotros. En el suelo, tuve tiempo de agarrar de nuevo el arma. Le clavé el cañón en el cuello y disparé de nuevo. Le vi desplomándose hacia atrás, a contraluz, en medio de una aureola de sangre. Y el silencio.

—Bien hecho, Sol.

No era la voz que esperaba. Era una voz sorpresivamente grave y calmosa. Una voz terrible.

Jadeando, me incorporé y me acerqué a la presa, enroscada sobre sí misma y aún caliente. Aterrado, descubrí mi error. El muerto era Sombra.

—Bien hecho, Sol. Buen chico.

Me volví hacia atrás, pestañeando como para ahuyentar la pesadilla, y vi al lobo, sereno y triunfante. El animal hablaba con una voz profunda y perfectamente troquelada.

—Has matado a tu sombra. Por fin estás solo.

Dejé caer la escopeta, sobrecogido. Miré de nuevo a Sombra y entonces, ante su cadáver mudo, comprendí por un instante que su rostro era el mío y que éramos la misma persona. Fue solo una visión. Enseguida el cuerpo se tornó en sombra y ésta en nada. Busqué el sol en todas las direcciones, gesticulé con los brazos, salté. No había ni rastro de mi sombra.

—Entonces, ¿he muerto?

—¿Acaso los muertos hablan?

—Tampoco los animales, que yo sepa.

—¿Animales? Yo no veo ningún animal.

—Di, ¿quién me mandó esa carta? ¿Es esto también un sueño?

—Sígueme.

El lobo dio media vuelta y me condujo hasta una cueva tenebrosa. Olía a humedad y a hueso. A carne muriéndose. Una muerte lenta y en descomposición.

—Eso es un sueño —al decir esto, el lobo señaló con el hocico hacia una cavidad donde yacía alguien. Instintivamente, sin saber quien era, le sacudí.

—¡Por favor! ¡Por favor, ayúdeme, estoy solo!

—No puedes despertarle —repuso el lobo.— Eres tú.

Di la vuelta al cuerpo durmiente y me vi a mí mismo, inerte, sumido en un letargo invencible.

—Qué demonios… ¡No es posible que solo exista yo! ¿Qué hay del cazador?

—Contémplalo tú mismo.

El lobo me puso frente a un gran pozo subterráneo. Las aguas se fueron calmando hasta devolver mi imagen. O mejor dicho, lo que quedaba de ella. Mi rostro estaba arrancado, desgajado. En mi pecho y omoplato se abrían enormes hendiduras. Me palpé y noté mis propios agujeros.

—¿Dónde está mi cara?

—Te la he devorado. Ahora ya no eres nadie. —el lobo miraba mis cuencas vacías, las escudriñaba con una extraña pena satisfecha— Así tenía que ser. Existes pero no eres.

Fui a por mi yo durmiente, pero la cavidad estaba vacía.

—El sonámbulo se ha ido —explicó el lobo, lamiéndose distraídamente el hocico—. Muy a prisa, por cierto.

En el suelo solamente había un papel escrito, que reconocí enseguida. “Si estás leyendo esta carta es que todos han desaparecido… pero no todos”.

Salí de la cueva como un poseso. Despuntaban otra vez las primeras luces de la madrugada. Sin cara, sin sombra, sin ser nadie, corrí con todas mis fuerzas hacia el Peñón del Gallo, corrí para encontrarme justo a tiempo y gritar mi nombre a ese Desconocido que era yo, aunque fuera lo último que hiciera.

 

A pie por la Subbética

Joan Pau Inarejos
23 junio 2018. Ruta a pie Carcabuey-Luque-Zuheros-Carcabuey (total 50 km)

Paula corretea por la casa. Se despereza, se sienta en el suelo y empieza a tocar con desgana su xilófono de juguete. Mamá, cuándo iremos a la piscina. Hoy no, hoy tenemos que peinarnos para la boda. Soñolienta, traza una mueca de desaprobación.

El sol cordobés es tan rotundo ya de buena mañana, que hasta la sombra de una flor se recorta como diciendo: “yo soy”. Mientras la casa empieza a bullir con los acicalamientos nupciales, aprovecho para emular a Fray Luis de León y evadirme del mundanal ruido.

El silencio se hace cada vez más espeso. Atrás queda Carcabuey, acolchado entre montes verdes. Al frente, valles y valles moteados por el ajedrez del olivo. El sol se apaga un instante sobre mi visera. Un ave rapaz ha pasado rauda.

Hay momentos en que todo calla, salvo algún riachuelo de barro. Los olivares se alzan en hileras cuasi verticales, se pliegan sobre sí como decorados de Cristopher Nolan. Tractores y motocicletas esporádicas levantan humaredas de polvo. El sol aprieta y viene un perfume de cardo abrasado.

Un murmullo de agua va bordeando el camino hasta que aparece una alta fuente metálica, cayendo a chorro sobre la aspereza del paisaje. Se yergue como un mástil y tiene algo de imagen extática, salvadora. Será porque estoy escuchando Bernstein en Spotify, e imagino a Charlton Heston derrumbado frente a la fuente de Séfora en Los diez mandamientos.

Un rótulo anuncia el Cortijo del Valle en medio de la nada. Perros poco amigos del hombre aguardan en la enorme finca de cazadores. Los montes calcáreos, como enormes prismas, van mostrando todas sus caras y hendiduras. Los insectos van borrachos de flor en flor, los ramajes dibujan sombras y letras enigmáticas, las rocas señalan crestas ascendentes. Dos hombres pasan a caballo. Diez quilómetros para Luque.

Luque

El pueblo se está vistiendo de fiesta para la feria de San Juan. Barras y terrazas toman las plazoletas e incluso las puertas de las iglesias. Estribillos pegadizos retumban por las calles del centro, aún sin cuórum. En lo alto, el castillo nazarí, ruinoso y desafiante, y la impresionante iglesia de la Asunción con sus cultos marianos, siempre superlativos (“Nuestra Señora del Mayor Dolor”).

El mayor dolor lo inflige este sol impenitente, así que busco sombra y reposo en casa de María y Juan. Los conocí en el AVE, deben de tener ochenta y tantos, y han llegado hace unos días a Luque, como cada año, desde l’Hospitalet de Llobregat. María me ofrece un refrigerio y despliega su panoplia de fotos familiares. Mis hijas, mis nietos. Este año no han venido. Cuando le pido un selfie de cortesía, la anciana tiene un gesto coqueto y va en un busca de su peine. Juan está entretenido con las pilas del mando y el Mundial a todo trapo. Próxima parada: Zuheros.

Zuheros

Esta inmodesta aldea se presenta como “uno de los pueblos más bonitos de España”. Se agolpa toda ella como un rompeolas en medio del oceáno olivarero y ofrece su blancura sin mancha humana cuando el sol, como hoy, cae a plomo. La luz de la tarde, ahora algo cenicienta, cae sobre la fortaleza hispanomusulmana. La plaza podría ser el sueño opiáceo de cualquier poeta inglés del diecinueve. No en vano, empiezan a colocar sillas para la Noche Romántica. En el programa de actos se anuncia “el beso más bonito del mundo”; una señora en bata contempla el trajín desde su portal, fumando con indiferencia.

El Cañón del Bailón, accidente geológico que suena a canción del verano, se levanta en uno de los vértices del pueblo. Las chovas piquirrojas gritan a ratos y con frenesí, como si celebraran locamente el vértigo, sobrevolando enormes formaciones rocosas con oquedades como calaveras. Zuheros se torna fantasmal y parece que no quiere irse nunca de la vista, mientras uno se marcha por la carretera ascendente de la sierra.

Mi confianza ingenua en Google Maps se estrella contra los montes subbéticos cuando la cobertura empieza a desfallecer. Me acerco a los mil metros de altitud. El paisaje se descarna y verdea. Un motorista, solitario y canoso, exprime todo su acento cordobés para intentar orientarme de vuelta hacia Carcabuey. Con el sol declinante, desciendo campo a través, cruzo valles abarrotados de maleza y, como si me hubiera poseído el espíritu indeciso de Hamlet, encuentro el cráneo siniestro de una cabra (¿devorar o ser devorado?), encajado contra un tronco. Glups.

Los vericuetos de la sierra, caprichosos, me llevan de nuevo hasta el Cortijo del Valle, y de ahí al camino de regreso, justo antes de que empiece la noche de San Juan (¡gracias, solsticio!), justo antes de que el día se adormezca otra vez en las faldas del horizonte.

 

Fora de classe

Resultat d'imatges de fora de classe marina garces

Marina Garcés
Fora de classe. Textos de filosofia de guerrilla (2016)

“una mica d’impossible o m’ofego”

“Una mica d’impossible o m’ofego”. L’impossible no és una utopia. És saber, com en el conte de Kafka, que la presó està oberta, que no té porta, i que som nosaltres, només nosaltres, qui ens aferrem el llindar.

de l’amor lliure al “bon amor”

Molta gent comença a preguntar-se: com podem estimar-nos bé avui? Com podem conjugar llibertat i compromís, atenció i experimentació, vincle i descoberta, cura i passió, el jo i el nosaltres? En el capitalisme emocional desregulat, les formes s’han obert, però l’amor no ha millorat. Tenim moltes opcions i massa misèria afectiva. Ja no n’hi ha prou, doncs, demolint els murs de les institucions que empresonen els nostres afectes. La situació ens demana una feina molt més fina: fer de l’amor lliure un bon amor.

l’esquelet espanta per la seva universalitat

[a propòsit del Dia de Morts mexicà] L’esquelet (…) és un destil·lat de la humanitat: sense gènere, ni raça, ni cultura, ni classe social. Potser és el més universal que tenim. I potser per això ens espanta: perquè, com la mort, és l’expressió més igualitària de nosaltres mateixos, aquella possibilitat radical d’igualtat que socialment ens entestem a desmentir i a fer impossible.

cultura: antídot contra la immediatesa, la vanitat i l’arbitrarietat

Sense el dur treball de la cultura, diu Hegel, som necessàriament esclaus del subjectivisme, de la immediatesa del desig, de la vanitat del sentiment i de l’arbitrarietat del gust. Sembla que amb aquestes paraules Hegel estigui descrivint el que avui promou, precisament, el món de la cultura.

llibertat vs felicitat?

La felicitat seria la temptació que ens impedeix estar disposats a perdre-ho tot, i la llibertat, si vol ser absoluta, és precisament aquesta disposició.

enganxifositat lèxica del mal

Curiosament, no tenim una sola paraula per al bon tracte. Com també tenim la possibilitat de dir malviure però no bon viure. Per què deu ser que el mal s’agafa amb més força als nostres noms i infinitius?

la saviesa de la matèria

Els xinesos tenen una sola paraula per assenyalar aquesta intel·ligència de les coses: LI. No la sé traduir, però ens l’acosten imatges com els nusos de la fusta, les vetes de la pedra, els teixits de la carn, la humitat del fang. Pura immanència sense preu.

acollir amb confiança, acomiadar amb agraïment

Senpre hi haurà una distància, una estrella més enllà, algú a qui culpar d’allò que ens manca. Per això, com ens ensenya Nietzsche, només hi ha una manera de no caure en la malaltia del ressentiment: elevar-nos a una altra experiència de la distància. Tornem als vaixells: acollir amb confiança, acomiadar amb agraïment. I sempre, sempre, celebrar el retrobament.

la ingenuïtat subversiva

[Wisława Szymborska, poeta polonesa] escriu, “de nou i com sempre”: la ingenuïtat sempre és nova i sempre és la mateixa perquè pot fer les preguntes de sempre com si no les haguéssim fet mai. Per això és tan subersiva: desaprèn els sabers, les covencions, les seguretats, les pretensions, el que “tothom sap” i que no ens deixa respirar. Sento que actualment hi ha un vent d’ingenuïtat que s’obre pas entre les escletxes d’un sistema en ruïnes. Necessitem desaprendre tanta putrefacció.

el full en blanc: no ‘quines opcions tinc?’ sinó ‘què vull?’

Cada llibreta, full o pàgina e blanc que aconseguim posar-nos davant és avui un sabotatge al segrest de la nostra atenció i de les nostres possibilitats de vida. Per això cal seguir insistint, a les aules però també a la vida en general, i, abans de caure en el parany de la pregunta “quines possibilitats tinc?”, forçar el problema: “I jo què voldria?”. El més probable és que aleshores neixi una possibilitat inesperada.

Acontecimiento

Resultat d'imatges de acontecimiento zizek

Slavoj Zizek
Acontecimiento (2014)

las manos eternamente apretadas de los niños judíos

Jorge Semprún, miembro del Partido Comunista español exiliado en Francia y arrestado por la Gestapo en 1943, presenció la llegada de un camión lleno de judíos polacos a Buchenwald; los habían amontonado en un tren de mercancías, casi doscientos en un vagón, y habían viajado durante días sin comida ni agua en el invierno más frío de la guerra. Pero cuando llegaron, todos los que iban en el vagón habían muerto congelados excepto quince niños, que se habían mantenido calientes en medio de la pila de cuerpos. Cuando los niños salieron del vagón, los nazis soltaron a los perros sobre ellos. Muy pronto, sólo quedaron dos niños que intentaron darse a la fuga: “El más pequeño empezó a quedarse atrás, las SS aullaban detrás de ellos, los perros empezaron a aullar también, el olor de la sangre los estaba volviendo locos; y entonces, el mayor de los dos niños aminoró el ritmo para coger de la mano al más pequeño (…), juntos cubrieron unos pocos metros más (…) hasta que los golpes de las porras los derribaron y juntos se abandonaron con las caras contra el suelo y las manos firmemente agarradas para toda la eternidad”. Lo que no debe escapar a nuestra atención es que la suspensión de la eternidad se encarna en la mano como objeto parcial: mientras que los cuerpos de los dos niños perecen, las manos apretadas persisten durante toda la eternidad como la sonrisa del gato de Chesire. Uno puede imaginar fácilmente cómo debería filmarse esta escena: mientras que la banda sonora representa lo que está ocurriendo en realidad (los dos niños son aporreados hasta la muerte), la imagen de sus manos apretadas se congela, inmovilizados eternamente —mientras que el sonido representa la realidad temporal, la imagen representa lo Real eterno— y la eternidad hay que interpretarla aquí en el sentido platónico más estricto (…) tan radical que el mismo Platón la malinterpretó (…) del que el mismo no era totalmente consciente (…): hay más verdad en la apariencia que en lo que está escondido tras ella.

interrumpir la ficción narrativa es huir de lo verdaderamente real

En el arte contemporáneo, a menudo encontramos intentos brutales de “volver a lo real”, de recordarle al espectador (o al lector) que está presenciando una ficción, para despertarlo de su dulce sueño (…) como los actores que se dirigen desde la pantalla directamente a nosotros (…) y por consiguiente arruinan la ilusión de la ficción narrativa, o el escritor que interviene directamente en la narración con comentarios irónicos (…). En lugar de interpretar estos gestos como intentos de romper el hechizo de las ilusiones y enfrentarnos a lo Real sin tapujos, uno debería denunciarlos por lo que son: lo exactamente opuesto de lo que afirman ser, huidas de lo Real, intentos desesperados de evitar lo Real que se revela a través de/traspasa la ilusión misma.

“el verdadero creyente cree en las apariencias”; lo Absoluto es una mariposa

[sigue] Por eso —si volvemos por última vez al amor—, el amor no tiene absolutamente nada que ver con una huida al universo romántico idealizado en el que todas las diferencias sociales concretas desaparecen mágicamente. Por referirnos de nuevo a Kierkegaard, “el amor lo cree todo —y aun así nunca se lo engaña—” en oposición a la desconfianza que no cree nada y sin embargo se la engaña completamente. La persona que desconfía de otras es, paradójicamente, en su cínica incredulidad, víctima del autoengaño más radical (…) el cínico se pierde la materialización de la apariencia, por muy fugaz, frágil y elusiva que sea, mientras que el verdadero creyente cree en las apariencias, en la dimensión mágica que “brilla a través” de la apariencia: ve el Bien en el otro mientras que el otro no es consciente de ello. Apariencia y realidad en este caso ya no se oponen: precisamente al confiar en las apariencias, una persona enamorada ve a la otra como efectivamente es, y la ama por sus mismas debilidades, no a pesar de ellas. (…) momento milagrosos pero extremadamente frágiles (…). En resumen, lo Absoluto es un Acontecimiento puro, algo que sencillamente ocurre —desaparece incluso antes de que aparezca completamente.

¿qué es la la fantasía?: lo que nos enseña a desear

Entonces, ¿qué es la fantasía? La fantasía no se limita a materializar un deseo de un modo alucinatorio; más bien constituye nuestro deseo, proporciona sus coordenadas; literalmente, nos enseña cómo desear.

el Big Bang, vecino de la religión

Por razones comprensibles, los católicos consideran que el Big Bang abre una puerta a Dios: la suspensión de las leyes de la naturaleza en el punto de la singularidad significa que este acontecimiento no es natural; indica una intervención sobrenatural directa, y singularidad es por tanto el nombre científico para el momento de la creación (a los católicos les gusta señalar que “el padre de la teoría del Big Bang” fue el padre Georges Lemaître, un sacerdote católico de Bélgica, que propuso su primera formulación en 1933. Cuando el Papa Juan Pablo II recibió a Stephen Hawking, supuestamente le dijo: “Estamos bastante de acuerdo, señor astrofísico: lo que ocurre después del Big Bang es su campo; lo que ocurre antes es el nuestro…”. Incluso si esta conversación nunca tuvo lugar, da en el clavo.

Big Bang o ‘Big Angst’ *

(*término del autor del blog) Zizek apunta a dos teorías sobre el origen del universo: 1. el Big Bang (singularidad expansiva) 2. la “ruptura de la simetría” (partículas que se toman prestadas a sí mismas en el futuro, se autodestruyen, y así sucesivamente)

Filosóficamente, lo que es quizá más interesante [que el Big Bang, asimilable a la religión] es la noción de ruptura de la simetría, puesto que proporciona una respuesta a cómo algo surge de la nada mediante una redefinición de la misma nada. El estado de vacío o vacío cuántico no es un simple espacio vacío: contiene ondas electromagnéticas y partículas fluctantes que empiezan a existir y dejan de hacerlo (…). Así es como, incluso en una región vacía del espacio, una partícula emerge de la Nada, “toma prestada” su energía del futuro y la paga (con su aniquilación) antes de que el sistema note que la ha tomado prestada. Toda la red puede funcionar así, con un ritmo de préstamo y aniquilación, una tomando prestado de la otra, pasando a la deuda siguiente, posponiendo el pago de la deuda —de hecho es como si el campo de las subpartículas estuviera jugando con futuros en Wall Street—. Lo que esto presupone es un intervalo temporal mínimo entre la existencia de las cosas en su cruda realidad inmediata y el registro de esta realidad en algún medio. (…) Existe una asimetría fundamental entre los dos acontecimientos, el Big Bang y la ruptura de la simetría: el Big Bang es la explosión de una singularidad infinitamente comprimida, mientras que la ruptura de la simetría es el colapso de un campo infinito de potencialidades en una realidad finita determinada. Los dos acontecimientos pueden oponerse de muchas maneras: la teoría de la relatividad versus la cosmología cuántica, idealismo versus materialismo. Pero la enseñanza fundamental sigue siendo la misma: el Acontecimiento definitivo es la Caída misma, es decir, las cosas surgen cuando el equilibrio se destruye, cuando algo desaparece.

nunca nos enamoramos en el presente: siempre nos damos cuenta que “nos hemos” enamorado

En una de las historias de Henry James, el héroe dice de una mujer cercana a él: “Ella ya lo ama, pero todavía no lo sabe”. Aquí nos encontramos con una especie de contraparte freudiana del famoso experimento de Benjamin Libet sobre el libre albedrío: Libet demostró que, incluso antes de decidir algo conscientemente (digamos, mover un dedo), los procesos neuronales relevantes ya se han puesto en marcha, lo que significa que nuestra decisión coherente sólo toma nota de lo que está pasando (añadiendo su autorización superflua a un ‘fait accompli’) (…) Aquí Freud está de acuerdo con Schelling, para quien también una decisión verdaderamente libre es inconsciente, razón por la que nunca nos enamoramos en el presente: después de un proceso (generalmente largo) de gestación subconsciente, de repente nos damos cuenta de que  (ya) estamos enamorados. La Caída (en el amor) nunca sucede en un momento determinado, siempre-ya ha sucedido.

‘maitemindu’: ser herido por el amor

Si nos casamos hoy en día, es cada vez más para volver a normalizar la violencia de enamorarnos, la violencia que agradablemente indica el término vasco para enamorarse —maitemindu—, que, traducido literalmente, quiere decir “ser herido por el amor”. También por esta razón encontrarse en la posición del amado es tan violento, incluso traumático.

“el amor toma rehenes” y suspende la subjetividad (Neil Gaiman)

Recordemos la descripción que hace Platón de Sócrates cuando una Idea se apodera de él: es como si Sócrates fuera la víctima de un ataque histérico, parado en el lugar durante horas, ajeno a la realidad que hay a su alrededor -¿acaso no está describiendo Platón aquí un acontecimiento por excelencia, un encuentro repentino y traumático con otra dimensión suprasensible que nos alcanza como un rayo y hace añicos nuestra vida entera?-. Para Platón, la forma primera y más elemental de un encuentro así es la experiencia del amor (…) o, como Neil Gaiman, el autor de la célebre serie de novelas gráficas ‘Sandman’, escribió en un pasaje memorable: “¿Has estado enamorado alguna vez? Es horrible, ¿verdad? Te hace tan vulnerable (…). Te abre el pecho y el corazón de par en par y eso significa que alguien puede meterse dentro de ti y enredarlo todo. Un construye un montón de defensas, se construye una armadura para que nadie pueda hacerle daño, y entonces cualquier persona estúpida, se mete en tu estúpida vida (…). Le das una parte de ti. No te la pidió. Un día hace alguna tontería, como besarte o sonreírte, y entonces tu vida deja de pertenecerte. El amor toma rehenes. Se te mete dentro. Te come vivo y te deja llorando en la oscuridad, y una frase como ‘Quizá deberíamos ser sólo amigos’ se convierte en una astilla de cristal que va directa a tu corazón Duele. No sólo en la imaginación. No sólo en el cerebro. Es una pena del alma, un dolor real, de los que se te mete dentro y te abre en canal. Odio el amor”.

el ‘budismo occidental’, ¿pupilo del capitalismo?

Aunque el budismo se presenta como el remedio para la estresante tensión de las dinámicas capitalistas, permitiéndonos (…) Gelassenheit (serenidad), de hecho funciona como el complemento ideológico perfecto al capitalismo. Hay que mencionar aquí el célebre tema del “shock del futuro”, es decir, cómo hoy en día las personas ya no somos capaces de lidiar psicológicamente con el ritmo cegador del desarrollo tecnológico y los cambios sociales que lo acompañan. Las cosas sencillamente van demasiado deprisa (…). El recurso al taoísmo o el budismo proporciona una salida a este dilema que da mejores resultados que una huida desesperada a las viejas tradiciones: en lugar de intentar lidiar con el ritmo acelerado del progreso tecnológico y de los cambios sociales, mejor sería que renunciáramos a esforzarnos por mantener el control sobre lo que sucede, rechazándolo por tratarse de la expresión de la lógica moderna de la dominación. En su lugar, uno debería “abandonarse”, dejarse llevar manteniendo a la vez una distancia e indiferencia interiores hacia la danza demente del progreso acelerado, una distancia basada en el conocimiento de que todo ese trastorno social y tecnológico al final no es más que una proliferación no sustancial de apariencias que en realidad no tienen nada que ver con el núcleo más íntimo del ser. Uno casi se siente tentado a resucitar aquí e infame cliché marxista de la religión como el “opio del pueblo”. Podría decirse que el camino meditativo del “budista occidental” es el modo más eficaz que tenemos de conservar la apariencia de cordura mental. Si el sociólogo Max Weber estuviera vivo hoy, definitivamente había escrito un segundo volumen complementario a su texto fundacional La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904), titulado La ética taoísta y el espíritu del capitalismo global.

la historia de la filosofía, un intento de “contener la locura” de Platón, Descartes y Hegel

¿Acaso este estatus excepcional de Platón, Descartes y Hegel no ofrece la última prueba de que, en cada caso, estamos tratando con un Acontecimiento filosófico en el sentido de una intrusión traumática de algo Nuevo que sigue siendo inaceptable para la perspectiva dominante? (…) cada pensador representa un momento de locura: la locura de ser cautivado por una Idea (como enamorarse, como Sócrates bajo el hechizo de su demonio); la locura que reside en el corazón del cogito de Descartes (lo que los místicos llaman “la noche del mundo”, la retirada de la realidad externa en el abismo de la subjetividad); y la locura del idealismo absoluto de Hegel (…) se podría decir que las filosofías que siguen a Platón, Descartes o Hegel son todas intentos por contener/controlar este exceso de locura, volver a normalizarlo o reinscribirlo en el curso normal de las cosas.

la tortura salva vidas pero pierde almas

¿La tortura salva vidas? Quizás, pero pierde almas, eso seguro, y su justificación más ofensiva es afirmar que un verdadero héroe está dispuesto a renunciar a su alma para salvar las vidas de sus compatriotas. [A propósito de ‘La noche más oscura’, película de Kathryn Bigelow sobre la captura de Bin Laden].

el psicoanálisis no nos hace monigotes, sino responsables “incluso de lo que está más allá de mi control”

No podemos escapar de las garras del Destino, pero tampoco podemos escapar de la carga de responsabilidad que hay en el Destino. ¿Acaso no es por ello que el psicoanálisis es ilustrativo de nuestro dilema? Sí, estamos descentrados, atrapados en una extraña tela de araña, sobredeterminados por mecanismos inconscientes; sí, más que hablar, soy “hablado”, el Otro insconsciente habla a través de mí, pero limitarse a asumir este hecho (en el sentido de rechazar cualquier responsabilidad) también es falso, un caso de autoengaño. El psicoanálisis me hace incluso más responsable que la moral tradicional; me hace responsable incluso de lo que está más allá de mi control (consciente).

la decepción de la ciencia moderna: “No hay nadie en casa”.

Si la pregunta filosófica fundamental es “¿Por qué hay algo en vez de nada?”, la pregunta que plantea el sujeto es “¿por qué no hay nada cuando debería haber algo?”. La forma definitiva de esta sorpresa se da en las ciencias cognitivas: cuando uno busca la “sustancia material” de la conciencia, uno observa que allí “no hay nadie en casa” —sólo la presencia inerte de un pedazo de carne llamado “cerebro”—. Así que, ¿dónde está el sujeto aquí? En ningún sitio. (…) Cuando uno mira a un sujeto autista a los ojos, uno también tiene la sensación de que “no hay nadie en casa” (…) el espacio para ese alguien está ahí. éste es un sujeto a nivel cero, como una casa vacía en la que “no hay nadie”.