El gran retroceso

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Syrian and Iraqi immigrants getting off a boat from Turkey on the Greek island of Lesbos (Wikipedia)

Marina Garcés, Santiago Alba Rico, Nancy Fraser, Pankaj Mishra, Zygmunt Bauman, Slavoj Žižek et.al.
El gran retroceso. Un debate internacional sobre el reto urgente de reconducir el rumbo de la democracia (2017)

la ¿póstuma-modernidad? civilización de la muerte

[Marina Garcés. Condición póstuma] La postmodernidad parecía culminar el giro biopolítico de la política moderna (…). Actualmente, la biopolítica está mostrando su rostro necropolítico, ya no como déficit o excepción sino como normalidad. En México, por ejemplo, este giro es evidente y dramático: la muerte no es residual o excepcional, no interrumpe el orden político, sino que se ha puesto en el centro de la normalidad democrática y capitalista y de sus guerras no declaradas. Hobbes y el orden político de la modernidad, donde la paz y la guerra son el dentro y el fuera de la civilidad y del espacio estatal, ha sido desbordado. Con él, también, el horizonte kantiano de la paz perpetua, es decir, el ideal regulativo de un tendencial avance hacia la pacificación del mundo ha sido borrado del mapa de nuestros posibles.

tiempos póstumos: los nuevos héroes son los socorristas

[Marina Garcés. Condición póstuma] El después postmoderno se ofrecía como un tiempo abierto a la experimentación, respecto al cual las teleologías y los horizontes prdefinidos habían quedado atrás. Actuar era inventar la propia acción y su sentido. En el después del después póstumo, en cambio, la acción colectiva (ya sea política, científica o técnica) ya no se entiende desde la experimentación sino desde la emergencia, como operación de salvación, como reparación o como rescate. Los héroes de nuestro tiempo son hoy los socorristas del Mediterráneo. Ellos, con sus cuerpos siempre a punto de saltar al agua para rescatar una vida sin rumbo, que deja atrás un pasado sin tener ningún futuro, expresan la acción más radical de nuestros días. Salvar la vida, aunque ésta no tenga ningún horizonte de sentido que afirmarse a sí misma. El rescate como única recompensa.

la sociedad de los cuidados… ¿paliativos?

[Marina Garcés. Condición póstuma] De algún modo, la “nueva política” que ha surgido en España (…) se presenta también bajo esta lógica: su razón de ser primera, antes que la transformación política (es decir, futuro), es la emergencia social. (…) Incluso en los movimientos sociales y en el pensamiento crítico actual hablamos mucho de “cuidados”. Cuidarnos es la nueva revolución. Quizá éste es hoy uno de los temas clave que van desde el feminismo hasta la acción barrial o la autodefensa local. Pero estos cuidados de los que tanto hablamos quizá empiezan a parecerse demasiado, cada vez más, a los cuidados paliativos.

“se está librando una guerra contra la historia”

[Marina Garcés. Condición póstuma] ¿Podemos ingresar de nuevo en la linealidad perdida de la historia que hemos dejado atrás? (…) Habermas, por ejemplo, se situó bajo esta órbita de sentido cuando defendió  la modernidad como proyecto inacabado. También desde otras elaboraciones del marxismo se dio un intento de prolongar la historia empujando el futuro hacia adelante. Pero más que máquinas del tiempo lo que necesitamos hoy es tomar una posición en la guerra por el tiempo. Las narraciones apocalípticas lo tiñen de negro y de miedo. Los relatos tecnoutópicos vienen al rescate de la hecatombe con recetas tecnológicas auspiciadas por el mercado. Se está librando una guerra contra la historia, no contra la historia en mayúsculas sino contra la contingencia y su sentido abierto. Es una guerra que lo convierte todo, desde un lenguaje pseudorreligioso, en determinación y necesidad. O apocalipsis o salvación. ¿Y si no tuviera que ser así? Esta pregunta, hecha de sospecha y de confianza a la vez, es el indicio de que un pensamiento crítico que parta de la realidad de nuestro presente, para continuar y abrirlo, debe seguir. Como una pista, como un indicio. No un plan sino un indicio de futuro.

(des)cartografía

[Henrich Geiselberger. Prólogo] Si durante siglos los territorios sin explorar en los mapas se fueron reduciendo cada vez más, ahora todo apunta a que avanzamos en sentido contrario: en la era de Google Maps aumentan las zonas de las que sabemos muy poco y que los antiguos cartógrafos habrían señalado con la locución latina: Hic sunt leones (“Aquí hay leones”).

la proletarización del ocio

[Santiago Alba Rico. Retrocesos, repeticiones, restas] Los ciudadanos del mundo son consumidores incluso en medio de la crisis y en los sectores más desfavorecidos: los que no pueden consumir son -como diría Zygmunt Bauman- “consumidores fallidos”, y ello en el sentido de que, desmontada la producción fordista, los sujetos globalizados de conciben a sí mismos (su autoestima y su posición de clase) en la esfera del consumo y no en la del trabajo; porque el capitalismo hiperindustrial ha pasado a explotar el tiempo de descanso más que el de la producción, con la consiguiente “proletarización del ocio” -según la expresión de Bernard Stiegler- y la pérdida de tradición, memoria colectiva y variedad idiosincrásica concomitantes.

franquismo: 40 años en el desierto para borrar el recuerdo de la libertad

[Santiago Alba Rico. Retrocesos, repeticiones, restas] El caso de España es particularmente intrigante. ¿Por qué el país más católico del mundo en 1975 es hoy el menos homófobo? ¿Por qué el que fundó a partir de la exclusión del otro su “proyecto nacional” aún fallido es, en cualquier caso, el menos racista e islamófobo? ¿Por qué -como recuerda Sergio del Molino- el más atrozmente fracturado hace ochenta años por una guerra civil, es ahora el menos violento y el más tolerante? (…) Yo diría que esa ventaja tiene que ver -como en Grecia y Portugal- con un defecto o una falta: la erradicación total de la memoria histórica. Con el propósito de explicar las consecuencias culturales del franquismo, alguna vez he citado al historiador tunecino Ibn Khaldun (muerto en 1406) (…) quien se pregunta “por qué Dios hizo vagar cuarenta años a los hebreos por el desierto” (…) [fue necesario] el curso de una entera generación para borrar “el recuerdo de la esclavitud”. En el caso de Franco, fueron necesarios cuarenta años, para, al contrario, olvidar el recuerdo de la libertad. España entró en la UE y se zambulló en el imaginario consumista con muy poca memoria y, cuarenta años después de la muerte del dictador, no conserva, para bien y para mal, ninguna raíz en el pasado, como demuestra el hecho de que incluso la derecha (…) dejó a un lado la palabra ‘patria’ como catalizador identitario para imponer, en lógica mercantil-liberal, la “marca España”, lógica de tenderos que dejó libre el significante “patriotismo” para su recuperación “por la izquierda”, años más tarde, a través del partido Podemos.

El 15M, ¿producto de la España desmemoriada?

[Santiago Alba Rico. Retrocesos, repeticiones, restas] Lo cierto es que cuando la crisis sacude España con fuerza cataclística y el bipartidismo surgido de la llamada transición democrática pierde clamorosamente su legitimidad, España es ya un país desmemoriado, sin tradiciones ni bandera, casi diría “reformateado” por una combinación de consensos represivos y “hedonismo de masas” (por citar la expresión de Pasolini). Un país sin memoria es un país a merced del viento, veleidoso y postverdadero; un país en el que puede ocurrir cualquier cosa. Ocurrió la más inesperada a la más a contrapelo del resto de Europa, víctima de sus propias historias nacionales: ocurrió el movimiento 15M.

‘catastrofización’ de la historia humana

[Zygmunt Bauman. Síntomas en busca de objeto y nombre] La esperanza de poner la historia bajo control humano, y la determinación consiguiente de hacerlo, han ido desapareciendo prácticamente del todo a medida que los saltos y brincos sucesivos de la historia humana competían y por fin superaban en imponderabilidad e incontrolabilidad a las catástrofes naturales.

neoliberalismo progresista: la alianza del dinero y la emancipación

[Nancy Fraser. Saltar de la sartén para caer en las brasas. Neoliberalismo progresista frente a populismo reaccionario] La victoria de Trump no es únicamente una rebelión contra el sistema financiero mundial. Lo que sus votantes rechazaron o fue el neoliberalismo y nada más, sino el neoliberalismo progresista. Puede que esto parezca un oxímoron, pero se trata de un posicionamiento político real, aunque perverso, que encierra la clave para comprender los resultados electorales en Estados Unidos y quizá también otros sucesos en otras partes del mundo. En su versión estadounidense, el neoliberalismo progresista es una alianza entre las corrientes mayoritarias de los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos LGBT), por un lado, y los sectores “simbólicos”, de lujo y orientados a los servicios del mundo de los negocios (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood), por otro. (…) A sus ojos [de los votantes de Trump] el feminismo y Wall Street eran primos hermanos, perfectamente unidos en la persona de Hillary Clinton (…). En esta alianza, las fuerzas progresistas se unen efectivamente a las fuerzas del capitalismo cognitivo, en particular a la financiarización, y les aportan su carisma, aunque sin proponérselo. Ideales como la diversidad o el empoderamiento, que en principio sirven a otros fines, acaban dando lustre a unas políticas que han devastado la industria manufacturera y han arrebatado a las clases medias sus antiguos medios de subsistencia.

el subproducto inesperado del feminismo (o como el sistema se ha vengado sibilinamente de las mujeres por querer ser libres)

[Nancy Fraser. Saltar de la sartén para caer en las brasas. Neoliberalismo progresista frente a populismo reaccionario] El ataque a la seguridad social fue presentado como una pátina de carisma empancipador inspirada en los nuevos movimientos sociales. Aunque se planteó como un triunfo feminista, la realidad detrás del ideal de familia con dos adultos perceptores de ingresos son unos niveles salariales deprimidos, una mayor precariedad laboral, un empeoramiento de las condiciones de vida, un marcado aumento de las horas de trabajo asalariado por unidad familiar, una exacerbación de los dobles turnos, que a menudo son triples o cuádruples, un mayor número de familias con una mujer al frente y un intento desesperado de transferir las tareas de cuidados a terceros, especialmente a mujeres pobres, racializadas e inmigrantes.

el “triunfismo” feminista, aliado de la jerarquía meritocrática

Además, durante todos los años en que la industria caía en picado, resonaban en Estados Unidos los discursos sobre “diversidad”, “empoderamiento de la mujer” y “lucha contra la discriminación”. Al identificar el progreso con la meritocracia, por oposición a igualdad, se establecía una equivalencia entre emancipación y ascenso de mujeres, gays y minorías con talento en la despiadada jerarquía corporativa, en lugar de igualar la emancipación con la abolición de dicha jerarquía. Esta versión liberal e individualista del progreso reemplazó poco a poco el concepto más expansivo, antijerárquico, igualitario, anticapitalista y sensible a la idea de clase que había florecido en las décadas de 1960 y 1970. (…) Un partido empeñado en liberalizar la economía capitalista encontró su socio ideal en el feminismo meritocrático corporativa, concentrado en “hacerse un lugar” y “romper el techo de cristal”.

mercado+internet= más conexión, menos integración

[Ivan Krastev. Un futuro para las mayorías] El mercado e internet se han revelado como dos herramientas poderosísimas para aumentar la capacidad de elección de los individuos pero, al mismo tiempo, han erosionado la cohesión interna de las sociedades occidentales, ya que tanto el uno como el otro sirven para reforzar las inclinaciones naturales del individuo, entras las cuales se encuentra la de rodearse de gente similar y evitar a quienes son diferentes. Vivimos en un mundo muy bien conectado pero escasamente integrado. La globalización conecta pero a la vez separa (…). Para Jowitt, el orden político de la posguerra fría se parecía mucho a “un bar de solteros”. “Es como un grupo de personas que, a pesar de no conocerse de nada, comparten una misma manera de hablar, se entienden, se van juntos a casa, se acuestan, no vuelven a verse nunca más, olvidan sus nombres y terminan volviendo al bar para conocer a más gente. Se trata, por tanto, de un mundo hecho a base de separaciones”. Un mundo rico en experiencia que, sin embargo, no fomenta ni la formación de identidades estables ni ninguna forma de compromiso. No sorprende en absoluto que, como reacción a todo esto, estemos asistiendo a la recuperación de las barricadas como nuestro tipo preferido de frontera.

la fascinación populista por la ‘victoria total’ y la separación de poderes como ‘trampa’ de las élites

[Ivan Krastev. Un futuro para las mayorías] Los partidos populistas resultan atractivos precisamente porque prometen una victoria total. Se dirigen a aquellos que ven en la separación de poderes, tan respetada por los liberales, más una coartada para que las clases dirigentes puedan incumplir sus promesas electorales que un medio para que los gobernantes tengan que rendir cuentas.

¿dónde está ‘la generación que mandó callar a los racistas’?

[Paul Mason. Superar el miedo a la libertad] Una de las tareas esenciales que el segmento demográfico formado por los individuos en red tiene por delante consiste en tratar de establecer lazos y aliarse con los internacionalistas que hay en las comunidades obreras de los pequeños pueblos, en revitalizar lo que queda de aquel relato que permitió a la generación de mi padre mandar callar a los racistas y en combinar todo esto con un relato optimista sobre el futuro [hace referencia a una anécdota sobre su niñez, cuando la llegada de un jugador negro a un club de fútbol local provocó insultos e incomodidad entre algunos ‘nativos’ que veían con recelo todo lo que venía de fuera].

el antirracismo ingenuo de los mineros: ‘¿acaso no somos todos negros en el pozo?’… pero el pozo fue desmantelado

[Paul Mason. Superar el miedo a la libertad] Cuando se encontraban con alguien de color, los mineros de la generación de mi padre siempre quitaban hierro al asunto con una cita de ‘The Proud Valley’, la película de Paul Robeson: “¿Acaso no somos todos negros en el pozo?”. Pero nadie estaba preparado para el día que el pozo desapareciese, y con él, las fábricas de maquinaria industrial, los equipos de fútbol para empleados y los clubes sociales.

Trump: la victoria épica del resentimiento

[Pankaj Mishra. La política en la era del resentimiento. El oscuro legado de la Ilustración] No es de extrañar (…) que haya aumentado exponencialmente el número de personas que encuentran su chivo expiatorio en las mujeres y en la minorías, o que buscan simplemente alguien a quien insultar en Twitter. Esos aparentes racistas y misóginos llevan mucho tiempo en silencio lo que Camus llamó -hablando de la definición de ressentiment de Scheler- “la secreción nefasta, en vaso cerrado, de una impotencia prolongada”. Ese exudado, producto de una especie de enfermedad gangrenosa de los organismos sociales, expresado de forma abierta y continuado en medios como el ‘Daily Mail’ o Fox News, entró violentamente en erupción con la victoria de Trump.

las motivaciones soterradas por la moral utilitaria: vanidad, fuerza, honor, familiaridad; la fascinación por el atraso o “los tenaces placeres del victimismo”

[Pankaj Mishra. La política en la era del resentimiento. El oscuro legado de la Ilustración] El burgués egoísta u Homo Economicus es la norma para toda la humanidad: un sujeto con libre albedrío, cuyos deseos e instintos naturales son modelados por su motivación última, que no es otra que la de buscar la felicidad y evitar el dolor. Esta visión simplista siempre ha descuidado muchos factores omnipresentes en la vida humana, por ejemplo, el miedo a perder el honor, la dignidad y el estatus, la desconfianza ante el cambio o la atracción por la estabilidad y por todo aquello que nos resulta familiar. No tienen cabida en ella impulsos más complejos: la vanidad, el temor a parecer débil o la construcción de la propia imagen. Obsesionados por el progreso material, los hiperracionalistas tampoco prestaron atención al atractivo identitario que confiere el “atraso”, ni a los tenaces placeres del victimismo.

globalización económica: estados más nacionalistas y homogeneizadores

[Arjun Appadurai. Fatiga democrática] Ante la ausencia de economías nacionales que los Estados modernos puedan proclamar que protegen y fomentan, no debe sorprender que la tendencia mundial (…) consista en escenificar la soberanía nacional recurriendo al mayoritarismo cultural, el etnonacionalismo y la asfixia de toda disidencia interna intelectual o cultural. En otras palabras, la pérdida generalizada de soberanía económica determina un desplazamiento hacia un mayor énfasis en la soberanía cultural. Este giro hacia la cultura como sede de la soberanía nacional se manifiesta de varias formas.

 

el sionismo, a la vez colonialista y emancipador (metáfora de Occidente)

[Eva Illouz. De la paradoja de la liberación a la extinción de la ética liberal] Como bien señala Walzer, el sionismo fue en sus comienzos un movimiento de un laicismo militante. Era laico no sólo porque quería despertar a la gente del sopor de la religiosidad, sino porque abrazaba con amoroso fervor el laicismo de la alta cultura de los países donde vivían los judíos: Rusia, Alemania, Francia o Reino Unido. Los judíos formaban parte de Occidente desde hacía mucho tiempo (…). En este sentido (…) no habían sido “colonizados” de la misma manera que la India o Argelia. Al contrario (…) habían adoptado a Occidente en una relación simbiótica, un proceso que la Ilustración no hizo más que acentuar, ya que la idea de universalidad prometía redimir a todos los seres humanos. Los sionistas que se marcharon de Europa para instalarse en el Mandato británico de Palestina se consideraban representantes de esa cultura. Por lo tanto, el proyecto sionista fue al mismo tiempo un intento de dotar de soberanía nacional a un pueblo determinado y de exportar la cultura laica de Europa Occidental al Oriente Próximo. En este sentido, el sionismo fue un proyecto nacional mucho más complejo que la liberación de la India o Argelia, ya que fue a la vez colonialista y emancipador.

Sociedad Titanic: las ‘élites oscurecedoras’ que ‘huyen del mundo común’

[Bruno Latour. La Europa refugio] Las élites han estado tan bien iluminadas que han decidido que no habrá vida futura para todo el mundo, que es necesario deshacerse rápidamente del lastre de la solidaridad (en esto consiste la desregulación); que hay que construir una especie de fortaleza dorada para el porcentaje de población que haya podido salir adelante (en esto consiste la explosión de desigualdades); y que, para disimular el egoísmo puro y duro que supone semejante huida del mundo común, hay que negar absolutamente la existencia misma de la amenaza que está en el origen de esa huida desaforada (en esto consiste el negacionismo del cambio climático). (…) Valga de nuevo la trillada metáfora del Titanic: las personas iluminadas ven llegar el iceberg claramente desde la proa; saben que se producirá un naufragio; se apropian de los botes salvavidas; piden a la orquesta que no deje de tocar amables melodías mientras ellas aprovechan la oscuridad de la noche para pirarse antes de que la excesiva escora del barco alerte a las demás clases. Esta gente -las élites que en adelante llamaremos oscurecedoras- han comprendido que, si querían sobrevivir, había que dejar de parecer que compartían el espacio con los demás.

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