Los secretos de Portugal

paneis
Painéis de São Vicente de Fora, de Nuno Gonçalves (1470-1480)

Gabriel Magalhâes
Los secretos de Portugal (2012)

naciones: maneras de estar en el mundo, de regalarse a él *

En realidad, la historia portuguesa nos de muestra una verdad insoslayable: la independencia nacional no puede imaginarse sencillamente como la proyección del egoísmo colectivo de un grupo de individuos (…). Un país solo consolida de verdad su independencia cuando tiene algo que aportar. Expresándolo en forma de paradoja: si es independiente para los demás. Una nación se vuelve autónoma cuando encuentra una manera propia de entregarse al mundo. (…) Porque eso son los países: maneras de estar en el mundo, no maneras de estar en sí mismos.

la cenicienta de europa

Practicar la “independencia dependiente”, vivir de las rentas imperiales o emigrar cuando ya no se puede imperar. Todo esto le da a Portugal un perfil frágil, de humilde Cenicienta de Europa.

el fado

En un país mullido por tantos silencios y susurros, en una nación de sonoridades atenuadas, el fado se transforma en el gran desahogo: los cantantes de fado, los “fadistas”, gritan para que los demás podamos estar callados.

la psicología del azulejo

El visitante extranjero rápidamente se da cuenta del valor que en la sociedad portuguesa confiere a los detalles. Somos aristócratas, con todo lo que eso tiene de bueno y de malo, excesivamente sensibles y terriblemente enamorados de los pormenores (…). Las manifestaciones de individualismo en Portugal son muchísimas, pero quizá la más interesante y hermosa sean los azulejos, que cubren una parte considerable de las fachadas de la nación. El azulejo transforma una pared normal y corriente en una pared que es mía, que lleva mi sello (…). Los portugueses aman esos azulejos que les permiten tomar posesión de todas las paredes de su casa de un modo inequívoco (…). Pasear por una ciudad española, organizada de manera colectiva, y ver una portuguesa, marcada por el individualismo, nos da una idea bastante cabal de una de las mayores diferencias entre los dos países.

musgos para no hacernos daño

Tenemos una relación muy complicada con la verdad. Lo verdadero, en Portugal, aburre (…).  Lo verdadero no lo sentimos como una seguridad, como una tierra firme de nuestro ser, sino más bien como una limitación: una habitación en la que nos han encerrado. E incluso en el trato social, la verdad no suele practicarse: la convivencia entre los portugueses es un juego de suavidades, lindando con la falsedad. La mentira nos parece necesaria para que el mundo se llene de musgos y nadie se haga daño.

portugal y españa, la vecindad invisible 

Antonio Sáez Delgado. Este profesor vive en Badajoz y da clases en la Universidad de Évora, al otro lado de la frontera. A veces sale de su casa a las nueve de la mañana, hora española, y llega a su trabajo en Portugal a las nueve menos cinco. El desplazamiento tardó cincuenta y cinco minutos, pero, debido al cambio horario, es como si ese viaje de mi amigo Antonio no hubiese ocurrido nunca. (…) La verdad es que se trata de todo un símbolo de las relaciones entre España y Portugal: también ellas se producen, y con muchísima frecuencia, pero es como si nunca hubiesen tenido lugar. A las dos naciones peninsulares se les olvida lo que han vivido en común. Y esta amnesia es una estrategia para conservar la propia consistencia nacional.

portugal, la extrema lejanía

Para una parte de España, Portugal es un “no lugar” (…). En mi película favorita de Billy Wilder, ‘El crepúsculo de los dioses’, Joe Gillis (…) dice que los techos de la mansión fantasmal donde vive Norma Desmond, una antigua estrella del cine mudo, vinieron de Portugal. Como quien dice: “del fin del mundo” (…) un ámbito lejano e inexplicable, la traducción perfecta del finisterrae latino.

portugal: la prueba del algodón del futuro de europa

Yo diría que, en la sociedad europea, hay dos tipos de personas: las que saben lo que es Portugal y las que no lo saben. El primer grupo, más culto y atraído por la complejidad del mundo, tiene futuro y encontrará una salida para la crisis; el segundo lo constituyen los sonámbulos de la comodidad occidental, gente que se siente sin rumbo porque los puntos cardinales de su brújula personal son más bien pobres. Hay quienes conocen la Torre Eiffel y hay quienes, además, saben qué es la Torre de Belém. Vivimos tiempos en los que es fundamental coleccionar horizontes, y la perspectiva lusitana puede ensanchar nuestro enfoque.

la nacionalidad viajada

Son muchos los españoles que (…) se han dotado de una especie de segunda o tercera nacionalidad lusitana, que ha transformado su peninsularidad en un prisma radiante. Conocer bien Portugal es sencillamente una forma más rica, más completa de asumir nuestra primera cuna. Una nacionalidad viajada siempre es más perfectamente nacional. (…) El poeta español Rafael Espejo escribió (…) “siempre nos quedará Portugal, que es como visitar Macondo sin salir de casa”.

las naciones pequeñas son el porvenir de Europa

Todo indica que habrá un futuro para los pequeños países, al margen de las grandes construcciones nacionales, como ha ocurrido en todas las épocas. Siempre ha habido imperios, lindando con culturas de menores dimensiones. El mundo global seguirá teniendo muchas esquinas, muchos caminos que se hacen al andar. (…) Y, si Europa se derrumba, algo que yo no deseo, un laberinto de países medianos o mínimos será el estrecho porvenir que tendrá todo el continente. Hay, pues, que respetar lo pequeño, aunque se desee lo grande.

la humildad de saber ser grandes

En Europa falta genialidad política, quizá porque ya no tenemos esa humildad de saber ser grandes, de saber ser enormes, en la pequeñez de los segundos planos. (…) El monumento al soldado desconocido habría que ampliarlo; habría que hacerlo extensible al simple ciudadano desconocido que, con frecuencia, es la clave de la felicidad de todo un país. (…) De hecho, encontramos en esta obra de arte [Painéis de São Vicente de Fora, de Nuno Gonçalves, 1470-1480] la fotografía invisible de la genialidad política, que tiene poco que ver con esas fotos de familia que se suelen sacar al final de los consejos europeos; imágenes llenas de sonrisas tontamente convencionales, tan parecidas a los fotogramas más aburridos de las bodas en las que no hay verdadero amor.

las mentiras neoliberales

Nos han enseñado a pensar contra las fronteras, y la ausencia de protecciones aduaneras nos ha destrozado. Nos han enseñado a ejercer nuestro egoísmo, como única lógica existencial, y nadie nos ha dicho que habría egoísmos mucho más fuertes que el nuestro y que terminarían esclavizándonos. Nos convencieron de que la Unión Soviética era nuestra gran enemiga, y al final resulta que nos protegía [el estado de bienestar se creó como dique contra ella]. Nos dicen que la Iglesia limita nuestros derechos, y quizá ella sencillamente nos defienda.

Europa: volvamos a la polis

Aunque nos estén reduciendo a una aldea [medievalización del mundo], volvamos a construirnos como ciudad. Empecemos de nuevo la polis. Atrevámonos a desafiar el planeta financero, la Torre de Babel neodarwinista, como aquello que no queremos. Aceptemos que toda la evolución filosófica de Occidente ha sido una búsqueda espiritual, y que todos los momentos de esa aventura se merecen nuestro respeto: el catolicismo, la reforma protestante, la ciencia, la revolución. Pongamos al hombre, con todo lo que tiene de grande y de sagrado, en el centro de nuestras preocupaciones. Seamos infinitamente humanistas, sin tenerle miedo a lo divino. Contestemos con la palabra “Europa” al progresivo horror de la contemporaneidad.

*Los títulos que encabezan los fragmentos son paráfrasis libres del autor del blog, no coinciden necesariamente con los textos originales de autor del libro

 

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