La nivola de Unamuno

Niebla
Miguel de Unamuno (1907)

Victor Gotí, el joven (y ficticio) prologuista *

[prólogo] Parecerá acaso extraño a alguno de nuestros lectores que sea yo, un perfecto desconocido en la república de las letras españolas, quien prologue un libro de don Miguel que es ya ventajosamente conocido en ella (…) Pero es que nos hemos puesto de acuerdo don Miguel y yo para alterar esta perniciosa costumbre, invirtiendo los términos, y que sea el desconocido el que al conocido presente (…) es natural por lo tanto que cuando un joven principiante como yo, desee darse a conocer; en vez de pedir a un veterano de las letras que le escriba un prólogo de presentación, debe rogarle que le permita ponérselo a una de sus obras. Y esto es a la vez resolver uno de los problemas de ese eterno pleito de los jóvenes y los viejos.

la función regurgitadora del humor

[prólogo] ha recibido don Miguel algunas cartas y recortes de periódicos de provincias que ponen de manifiesto los tesoros de candidez ingenua y de simplicidad palomina que todavía se conservan en nuestro pueblo. (…) don Miguel se empeña en que si se ha de hacer reír a las gentes debe ser no para que con las contracciones del diafragma ayuden a la digestión, sino para que vomiten lo que hubieren engullido, pues se ve más claro el sentido de la vida y del universo con el estómago vacío de golosinas y excesivos manjares.

la vecindad de lo erótico y lo metafísico

[prólogo] creo saber que nuestros pueblos empezaron siendo, como sus literaturas nos lo muestran, guerreros y religiosos para pasar más tarde a eróticos y metafísicos. El culto a la mujer coincidió con el culto a las sutilezas concertistas. En el albor espiritual de nuestros pueblos, en efecto, en la Edad Media, la sociedad barbara Sentía la exaltación religiosa y aun mística y la guerrera —la espada lleva cruz en el puño— ; pero la mujer ocupaba muy poco y muy secundario lugar en su imaginación y las ideas estrictamente filosóficas dormitaban, envueltas en teología, en los claustros conventuales. Lo erótico y lo metafísico se desarrollan a la par. La religión es guerrera; la metafísica es erótica o voluptuosa.

el turista es “topófobo”

qué se adelanta con suprimir así distancias? La manía de viajar viene de topofobía y no de filotopía; el que viaja mucho va huyendo de cada lugar que deja y no buscando cada lugar a que llega. Viajar… viajar…

desarrollo del amor platónico

«¡Mi Eugenia, sí, la mía –iba diciéndose–, esta que me estoy forjando a solas, y no la otra, no la de carne y hueso, no la que vi cruzar por la puerta de mi casa, aparición fortuita.

“el azar es el íntimo ritmo del mundo”

El azar es el íntimo ritmo del mundo, el azar es el alma de la poesía. ¡Ah, mi azarosa Eugenia! Esta mi vida mansa, rutinaria, humilde, es una oda pindárica tejida con las mil pequeñeces de lo cotidiano. ¡Lo cotidiano! ¡El pan nuestro de cada día, dánosle hoy! Dame, Señor, las mil menudencias de cada día. Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. y la vida es esto, la niebla. La vida es una nebulosa.

apariciones que nos salen al paso

Ahora surge de ella Eugenia. ¿Y quién es Eugenia? Ah, caigo en la cuenta de que hace tiempo la andaba buscando. Y mientras yo la buscaba ella me ha salido al paso. ¿No es esto acaso encontrar algo? Cuando uno descubre una aparición que buscaba, ¿no es que la aparición, compadecida de su busca, se le viene al encuentro? ¿No salió la América a buscar a Colón? ¿No ha venido Eugenia a buscarme a mí?

declaración de amor noventayochista

«Señorita: Esta misma mañana, bajo la dulce llovizna del cielo, cruzó usted, aparición fortuita, por delante de la puerta de la casa donde aún vivo y ya no tengo hogar. Me habían llevado allí sus ojos, sus ojos, que son refulgentes estrellas mellizas en la nebulosa de mi mundo. (…) perdóneme la lírica. Yo vivo en perpetua lírica infinitesimal. (…) Y siguieron los dos, Augusto y Eugenia, en direcciones contrarias, cortando con sus almas la enmarañada telaraña espiritual de la calle.

¿vida complicada?

–La vida es mucho más compleja de lo que tú te figuras.
–O yo más simple de lo que tú crees…

el hoy es del hombre, el mañana es de Dios

¿mañana? ¡Mañana es de Dios!

enamorado ab origine

¿sabes lo que me pasa? –Que cada vez estás más distraído. –Pues me pasa que me he enamorado. –Bah, eso ya lo sabía yo. –¿Cómo que lo sabías… ? –Naturalmente, tú estás enamorado ab origine, desde que naciste; tienes un amorío innato.

el amor empequeñece las palabras

«¿Por qué el diminutivo es señal de cariño? –iba diciéndose Augusto camino de su casa–. ¿Es acaso que el amor achica la cosa amada?

para amar basta vislumbrar

Y para amar algo, ¿qué basta? ¡Vislumbrarlo! El vislumbre; he aquí la intuición amorosa, el vislumbre en la niebla. Luego viene el precisarse, la visión perfecta, el resolverse la niebla en gotas de agua o en granizo, o en nieve, o en piedra.

águila de Patmos versus lechuza de Minerva

¡Qué cosas se dirían el águila de Patmos, la que mira al sol cara a cara y no ve en la negrura de la noche, cuando escapándose de junto a san Juan se encontró con la lechuza de Minerva, la que ve en lo oscuro de la noche, pero no puede mirar al sol, y se había escapado del Olimpo!»

el pensamiento distraído acaba “repercutiendo notas”

cerró los ojos con el propósito de pensar en Eugenia. ¿Pensar? Pero este pensamiento se le fue diluyendo, derritiéndosele, y al poco rato no era sino una polca. Es que un piano de manubrio se había parado al pie de la ventana de su cuarto y estaba sonando. Y el alma de Augusto repercutía notas, no pensaba.

“refrescar las emociones” en la naturaleza

Fuese a la Alameda a refrescar sus emociones en la visión de verdura, a oír cantar a los pájaros sus amores.

vivir sin porvenir

Cada hora me llega empujada por las horas que le precedieron; no he conocido el porvenir. Y ahora que empiezo a vislumbrarlo me parece se me va a convertir en pasado. Eugenia es ya casi un recuerdo para mí.

el amor nos hace existir

Gracias al amor siento al alma de bulto, la toco. Empieza a dolerme en su cogollo mismo el alma, gracias al amor, Orfeo. Y el alma misma, ¿qué es sino amor, sino dolor encarnado? (…) Hasta que se llora de veras no se sabe si se tiene o no alma.

conocimiento post nuptias

El único conocimiento eficaz es el conocimiento post nuptias. Ya me has oído, esposa mía, lo que en lenguaje biblico significa conocer. Y, créemelo, no hay más conocimiento sustancial y esencial que ese, el conocimiento penetrante…

Unamuno y la ortografía fonética

hasta que no llegue el día feliz en que el esperanto sea la única lengua, ¡una sola para toda la humanidad!, hay que escribir el castellano con ortografía fonética. ¡Nada de ces!, ¡guerra a la ce! Za, ze, zi, zo, zu con zeta, y ka, ke, ki, ko, ku con ka. ¡Y fuera las haches! ¡La hache es el absurdo, la reacción, la autoridad, la edad media, el retroceso! ¡Guerra a la hache! –¿De modo que es usted foneticista también? –¿También?, ¿por qué también? –Por lo de anarquista y esperantista… –Todo es uno, señor.

amor

En amor lo mismo da vencer que ser vencido.

enamorarse de una mujer es enamorarse de todas

Cuando uno como tú se enamora de veras de una mujer se enamora a la vez de todas las demás. (…) Has pasado, pues, de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo genérico, de la mujer a una mujer y de una mujer a las mujeres.

el enamorado humillado

–Pero es, Eugenia, que yo no pretendo nada, que no busco nada, que nada pido; es, Eugenia, que yo me contento con que se me deje venir de cuando en cuando a bañar mi espíritu en la mirada de esos ojos, a embriagarme en el vaho de su respiración…

defenderme de su mirada

Tengo que defenderme de esa mujer, tengo que defenderme de su mirada.

la verdad es el sueño de dos

esto de dormir solo, solo, solo, de dormir un solo sueño! El sueño de uno solo es la ilusión, la apariencia; el sueño de dos es ya la verdad, la realidad. ¿Qué es el mundo real sino el sueño que soñamos todos, el sueño común?»

por qué el hombre va a la iglesia

–¿Y la labor de las generaciones, don Avito, el legado de los siglos? –No hay más que dos legados: el de las ilusiones y el de los desengaños, y ambos sólo se encuentran donde nos encontramos hace poco: en el templo.

comezón y escarabajeo

–Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo. –¿Y cómo es eso? –Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué pacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá.

hablar por hablar

a la gente le gusta la conversación por la conversación misma, aunque no diga nada. Hay quien no resiste un discurso de media hora y se está tres horas charlando en un café. Es el encanto de la conversación, de hablar por hablar, del hablar roto a interrumpido.

la religión es acunar a Dios para que no despierte

todas las religiones un modo de brezar el sueño de Dios y que no despierte y deje de soñarnos?

lágrimas que refrescan y lágrimas que sofocan

Tenía los ojos encendidos de haber llorado, pero con esas lágrimas que escaldan, ¿sabe usted?, las de rabia… –¡Ah!, pero ¿es que hay diferentes clases de lágrimas? –Naturalmente; hay lágrimas que refrescan y desahogan y lágrimas que encienden y sofocan más.

“pobres árboles trasnochadores”

Y estos pobres árboles, ¿son ellos? Se les cae la hoja antes, mucho antes que a sus hermanos del monte, y se quedan en esqueleto, y estos esqueletos proyectan su recortada sombra sobre los empedrados al resplandor de los reverberos de luz eléctrica. ¡Un árbol iluminado por la luz eléctrica!, ¡qué extraña, qué fantástica apariencia la de su copa en primavera cuando el arco voltaico ese le da aquella apariencia metálica!, ¡y aquí que las brisas no los mecen… ! ¡Pobres árboles que no pueden gozar de una de esas negras noches del campo, de esas noches sin luna, con su manto de estrellas palpitantes! Parece que al plantar a cada uno de estos árboles en este sitio les ha dicho el hombre: “¡tú no eres tú!” y para que no lo olviden le han dado esa iluminación nocturna por luz eléctrica… para que no se duerman… ¡pobres árboles trasnochadores!

del arrumaco al sexo

alguno de estos besos cambió de rumbo.

los vencidos tienen derecho a consolarse entre ellos

–La ley es siempre triste, don Augusto. Y es más triste un amor que nace y se cría sobre la tumba de otro y como una planta que se alimenta, como de mantillo, de la podredumbre de otra planta. Crímenes, sí, crímenes ajenos nos han juntado, ¿y es nuestra unión acaso crimen? Ellos rompieron lo que no debe romperse, ¿por qué no habíamos nosotros de anudar los cabos sueltos? (…) –Me parece –prosiguió Mauricio, como si no hubiese oído nada– que a los despreciados se nos debe dejar el que nos consolemos los unos con los otros.

consuelo, encanto y orgullo

tenía una mujer hermosísima, que era su consuelo, su encanto y su orgullo.

diálogo con el mendigo

En la calle acercósele un mendigo diciéndole: «¡Una limosna, por Dios, señorito, que tengo siete hijos… !» «¡No haberlos hecho!», le contestó malhumorado Augusto. «Ya quisiera yo haberle visto a usted en mi caso –replicó el mendigo, añadiendo–: y ¿qué quiere usted que hagamos los pobres si no hacemos hijos… para los ricos?» « Tienes razón –replicó Augusto–, y por filósofo, ¡ahí va, toma!» , y le dio una peseta, que el buen hombre se fue al punto a gastar a la taberna próxima.

la paciencia es “la cualidad íntima de la fuerza”

Y si el nombre de S. Paparrigópulos no sonaba aún entre los de aquella juventud bulliciosa que a fuerza de ruido quería atraer sobre sí la atención pública, era porque poseía la verdadera cualidad íntima de la fuerza: la paciencia.

minuciosos con las pequeñas verdades, devotos con la gran Verdad

creía que sólo acostumbrándonos a respetar a la divina Verdad, aun en lo más pequeño, podremos rendirle el debido culto en lo grande.

estudiar a la mujer por no poderla conquistar

A este Antolín, erudito solitario que por timidez de dirigirse a las mujeres en la vida y para vengarse de esa timidez las estudiaba en los libros, fue a quien acudió a ver Augusto para de él aconsejarse.

estudiosos de Homero que no querrían conocer a Homero

Pertenecía a la clase de esos comentadores de Homero que si Homero mismo redivivo entrase en su oficina cantando le echarían a empellones porque les estorbaba el trabajar sobre los textos muertos de sus obras y buscar un apax cualquiera en ellas.

la tarea de digerir la felicidad

Hay que saber resignarse a la buena fortuna. Y acaso la resignación a la dicha es la ciencia más difícil. ¿No nos dice Píndaro que las desgracias todas de Tántalo le provinieron de no haber podido digerir su felicidad? ¡Hay que digerir la felicidad!

“la primera exaltación se le iba templando”

Y al verse a sí mismo en aquellos ojos como en un espejo vivo, sintió que la primera exaltación se le iba templando. (…) Sólo así llegaré a conocerme… viéndome en ojos de mujer.

la muchedumbre es como un bosque

Al salir a la calle se encalmó. La muchedumbre es como un bosque; le pone a uno en su lugar, le reencaja.

los casados son psicólogos; los solteros, metafísicos

–La de los solteros no es psicología; no es más que metafísica.

el autor espiando con sorna a sus personajes

Mientras Augusto y Victor sostenían esta conversación nivolesca, yo, el autor de esta nivola, que tienes, lector, en la mano y estás leyendo, me sonreía enigmáticamente al ver que mis nivolescos personajes estaban abogando por mí y justificando mis procedimientos, y me decía a mí mismo: «¡Cuán lejos estarán estos infelices de pensar que no están haciendo otra cosa que tratar de justificar lo que yo estoy haciendo con ellos! Así cuando uno busca razones para justificarse no hace en rigor otra cosa que justificar a Dios. Y yo soy el Dios de estos dos pobres diablos nivolescos.»

el arte del confusionismo

–Que todo es uno y lo mismo; que hay que confundir, Augusto, hay que confundir. Y el que no confunde se confunde.

el arte nos hace olvidar que existimos… ¿o dudar de ello?

ya he oído decir que lo más liberador del arte es que le hace a uno olvidar que exista. Hay quien se hunde en la lectura de novelas para distraerse de sí mismo, para olvidar sus penas… –No, lo más liberador del arte es que le hace a uno dudar de que exista.

el suicidio, la “terrible calma” tras la tempestad

Aquella tempestad del alma de Augusto terminó, como en terrible calma, en decisión de suicidarse.

el encuentro personaje-autor

Mas antes de llevar a cabo su propósito, como el náufrago que se agarra a una débil tabla, ocurriósele consultarlo conmigo, con el autor de todo este relato. (…) [habla Unamuno:] en seguida empezó a contarme su vida y sus desdichas. Le atajé diciéndole que se ahorrase aquel trabajo, pues de las vicisitudes de su vida sabía yo tanto como él, y se lo demostré citándole los más íntimos pormenores y los que él creía más secretos. Me miró con ojos de verdadero terror y como quien mira a un ser increíble; creí notar que se le alteraba el color y traza del semblante y que hasta temblaba. Le tenía yo fascinado. (…) Intentó levantarse, acaso para huir de mí; no podía. No disponía de sus fuerzas.

“no eres real”: no estás ni vivo ni muerto

–Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.
Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? –le pregunté.
–Que tenga valor para hacerlo –me contestó. –No –le dije–, ¡que esté vivo! –¡Desde luego! –¡Y tú no estás vivo! –¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto? –y empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí mismo. –¡No, hombre, no! –le repliqué–. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo. (…) no existes más que como ente de ficción;

la rebelión del personaje

–No sea, mi querido don Miguel –añadió–, que sea usted y no yo el ente de ficción, el que no existe en realidad, ni vivo, ni muerto… No sea que usted no pase de ser un pretexto para que mi historia llegue al mundo… –¡Eso más faltaba! –exclamé algo molesto. –No se exalte usted así, señor de Unamuno –me replicó–, tenga calma.

¿qué és más real, el soñador o el sueño?

Cuando un hombre dormido a inerte en la cama sueña algo, ¿qué es lo que más existe, él como conciencia que sueña, o su sueño?

sigue la esgrima…

Pero te digo y repito que tú no existes fuera de mí… y como no me da la real gana de que te suicides, no te suicidarás. ¡Lo dicho!

el autor no es omnipotente

[habla el personaje] aun en ese caso yo no debo estar sometido a lo que llama usted su real gana, a su capricho. Hasta los llamados entes de ficción tienen su lógica interna… (…) aun concedido que usted me haya dado el ser y un ser ficticio, no puede usted, así como así y porque sí, porque le dé la real gana, como dice, impedirme que me suicide.

el autor decide matar al personaje

como ya me tienes harto y además no sé ya qué hacer de ti, decido ahora mismo no ya que no te suicides, sino matarte yo. (…) ¿Conque ibas a quitarte la vida y te resistes a que te la quite yo? (…) para castigar tu osadía y esas doctrinas disolventes, extravagantes, anárquicas, con que te me has venido, resuelvo y fallo que te mueras. En cuanto llegues a tu casa.

el personaje se revuelve: “Dios dejará de soñarle”

¿conque no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, y se volverá a la nada de que salió… ! ¡Dios dejará de soñarle!

¡el personaje habla al lector!

[también vosotros moriréis, lectores] Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros.

la terrible vuelta a casa del sentenciado

El pobrecillo, recordando mi sentencia, procuraba alargar lo más posible su vuelta a su casa, pero una misteriosa atracción, un impulso íntimo le arrastraba a ella. Iba en el tren contando los minutos, pero contándolos al pie de la letra: uno, dos, tres, cuatro… (…) Apenas si sentía el contacto del asiento sobre que descansaba ni el peso de su propio cuerpo. (…) El pobre no podía descansar. Pasaban a su vista los páramos castellanos, ya los encinares, ya los pinares; (…) y viendo hacia atrás, detrás de su cabeza, envueltas en bruma las figuras de los compañeros y compañeras de su vida, sentíase arrastrado a la muerte. (…) [cuando llega a casa:] —¡Jesús! ¡Jesús! El señorito parece más muerto que vivo… Trae cara de ser del otro mundo…

comer es necesario… e inútil

El que no come se muere. —Y el que come también, Liduvina —observó tristemente Augusto. (…) ¡Como, luego existo! No cabe duda alguna. Edo, ergo sum! ¿A qué se deberá este voraz apetito?» Y entonces recordó haber leído varias veces que los condenados a muerte en las horas que pasan en capilla se dedican a comer. (…) es el cuerpo que se defiende. El alma, al enterarse de que va a morir, se entristece o se exalta, pero el cuerpo, si es un cuerpo sano, entra en apetito furioso. (…) ¡Como vorazmente, luego voy a morir!»

grito postrero: ¡desnúdame!

desnúdame del todo, del todo; déjame como mi madre me parió, como nací… ¡si es que nací! (…) Eugenia… Rosario… Unamuno… —y se quedó dormido.

el monólogo final del perro

envolvió a su espíritu perruno una densa nube negra. Tenía experiencia de otras muertes, había olido y visto perros y gatos muertos, había matado algún ratón, había olido muertes de hombres, pero a su amo le creía inmortal. Porque su amo era para él como un dios.

peor la muerte del mundo que la propia

es peor que se me muera todo a que me muera para todo yo.

cuando el humano aúlla, los animales le entienden

[monólogo del perro] Nosotros aullábamos y por imitarle aprendimos a ladrar, y ni aun así nos entendemos con él. Solo le entendemos de veras cuando él también aúlla. Cuando el hombre aúlla o grita o amenaza le entendemos muy bien los demás animales. ¡Como que entonces no está distraído en otro mundo… !

el verdadero cínico (perruno) es el hombre

[monólogo del perro] En cuanto le ha puesto un nombre a algo, ya no ve este algo; no hace sino oír el nombre que le puso o verlo escrito. (…) »¡Y luego nos insulta! Llama cinismo, esto es, perrismo o perrería, a la impudencia o sinvergüencería, él, el animal hipócrita por excelencia. (…) Como que la hipocresía debería llamarse antropismo si es que a la impudencia se le llama cinismo.

el animal mira al bípedo con condescendencia

[monólogo del perro] »¡Y es claro, el perro que se pone en dos pies va enseñando impúdica, cínicamente, sus vergüenzas, de cara! Así hizo el hombre al ponerse de pie, al convertirse en un mamífero vertical, y sintió al punto vergüenza y la necesidad moral de taparse las vergüenzas que enseñaba.

el humano, el extraño ser que almacena a sus muertos: “pobre amo mío!”

[monólogo del perro] Dentro de poco le enterrarán en un sitio que para eso tienen destinado. ¡Los hombres guardan o almacenan sus muertos, sin dejar que perros o cuervos los devoren! Y que quede lo único que todo animal, empezando por el hombre, deja en el mundo: unos huesos. ¡Almacenan sus muertos! ¡Un animal que habla, que se viste y que almacena sus muertos! ¡Pobre hombre! »¡Pobre amo mío!

fue sólo un hombre, pero fue mi amo

fue sólo un hombre! ¡Pero fue mi amo! ¡Y cuánto, sin él creerlo ni pensarlo, me debía… !, ¡cuánto!

la pedagogía secreta del perro

[monólogo del perro] ¡Cuánto le enseñé con mis silencios, con mis lametones, mientras él me hablaba, me hablaba, me hablaba! “¿Me entenderás?”, me decía. Y sí, yo le entendía, le entendía mientras él me hablaba hablándose y hablaba, hablaba, hablaba. Él al hablarme así hablándose hablaba al perro que había en él. Yo mantuve despierto su cinismo.

el perro frente al amo muerto

[monólogo del perro] Ya nada tienes que decir a tu Orfeo. Tampoco tiene ya nada que decirte Orfeo con su silencio. (…) Domingo y Liduvina recogieron luego al pobre perro muerto a los pies de su amo, depurado como este y como él envuelto en la nube tenebrosa. [y Domingo, el criado] lloró al ver aquel maravilloso ejemplo de lealtad y fidelidad.

*Los títulos que encabezan los fragmentos son paráfrasis del autor del blog, no corresponden necesariamente a la literalidad del libro

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s