Los ritmos de la lengua

José Antonio Millán González
Tengo, tengo, tengo: Los ritmos de la lengua (2017)

el ritmo somnífero *

Para calmar a un niño recién nacido determinados ritmos son también muy útiles, como sabe cualquier padre que intente dormirle. Aparte de las nanas, un recurso infalible es pasear con él. El ritmo del caminar ha acompañado al niño intrauterinamente, y luego una vez nacido, a lo largo de toda una vida. La historia primitiva de la humanidad se ha escrito caminando, desde las bandas de cazadores-recolectores (siempre en movimiento tras agotar cada terreno, mujeres embarazadas y niños incluidos) hasta las grandes migraciones, que nos llevaron a pie —hay que recordarlo— desde el interior de África hasta la Patagonia, atravesando Europa y Asia. Que el ritmo de la marcha adormeciera al niño ha sido una cuestión fundamentalmente adaptativa.

el engaño del tictac

En otro caso muy familiar, el de un reloj mecánico, el filósofo Agustín García Calvo nos recuerda que creemos percibir dos tipos de sonidos alternantes, como refleja la extendida onomatopeya tictac, cuando en rigor todos son idénticos. Es decir: el ritmo es un constructo mental, que tiene relación con las propiedades físicas de lo que se oye, pero no es idéntico a ellas.

cuando Dios medía el tiempo

Las fórmulas fijas, y más aún las que se recitaban colectivamente, fueron una referencia temporal inequívoca en una época en la que no había una medida mecánica del tiempo. Así, en tiempos de Cervantes (y aun mucho después), la duración del recitado en latín de una oración muy repetida, el «Credo in unum Deum…» se convertía en un estándar compartido por todos. (…) Esta curiosa medida de tiempo se ha mantenido en la tradición oral: en mi infancia era normal oír que el tiempo de hervir un huevo pasado por agua era también el de «un Credo». Del mismo modo, un intervalo brevísimo se convirtió en un santiamén (del remate de muchas oraciones: «Spiritu Sancti. Amen»).

cómo hacemos ritmo

el aparato respiratorio es el instrumento que utilizan los humanos para crear el ritmo verbal, emitiendo aire.

el encanto falaz de las palabras puras

esas palabras extrañas pueden ser también reinterpretaciones de otras mal entendidas. El mismo Unamuno evoca: Recuerdo un canto que empezaba así: Ambo ató, matarile rile rile Sólo mucho más tarde, supe que esas dos primeras misteriosas palabras, que tenían para nosotros todo el encanto que para los niños tienen las palabras puras, las palabras vírgenes, las palabras santas, esto es, las palabras que nada significan, eran la trasformación de las cinco primeras palabras de un cantar francés, de corro, que empieza: J’ai un beau château… En efecto, el origen de este canto de corro español está en la canción francesa J’ai un beau château (‘Tengo un bonito castillo’): J’ai un beau château. Ma tante tire lire lire Ah mon beau château. Ma tantirelirelo.

el rigor jurídico del juego: “¡no es así!”

quienes recitaban estas cancioncillas tenían que respetar su forma escrupulosamente: Las fórmulas de juego son como las Escrituras, en las que no hay que cambiar ni una jota ni una tilde. Incluso las inconsecuentes cancioncillas infantiles se deber recitar en la forma en que por primera vez se hicieron familiares. (…) Aquí es inevitable recordar la experiencia que tiene cualquier padre o persona que trate con niños pequeños: éstos exigen que algo que se les ha contado o cantado sea repetido luego exactamente (y si no, proferirán como airada protesta un «¡No era así!»). (…) Aquí es inevitable recordar la experiencia que tiene cualquier padre o persona que trate con niños pequeños: éstos exigen que algo que se les ha contado o cantado sea repetido luego exactamente (y si no, proferirán como airada protesta un «¡No era así!»).

el nada inocente conejo ‘de la suerte’

un sistema para modificar el resultado era sencillamente enlazar dos o más canciones de contar, hasta que el final señalara a la persona deseada.

los tres ritmos del juego

se produce la confluencia de tres ritmos: el métrico de la palabra, el musical, y el de las acciones.

el origen mágico del refrán

el ensayista español Rafael Sánchez Ferlosio ve en los refranes «un cajón de sastre en que convergen o del que divergen varias cosas no poco heterogéneas». Y que además no sirven para lo que parecen: [hay] un inmenso acervo de refranes que, formalmente, pueden tener más o menos aspecto de consejos o bien de previsiones, pero que hacen sospechar muy fuertemente que antes que guías para la acción o avisos de lo que cabe esperar de los indicios que enuncia su premisa, para obrar en consecuencia, son, en verdad, fórmulas mágicas, exorcizadoras, para tener respuesta, para al menos no quedarse con la palabra en la boca, frente a lo ineluctable.

los niños aprenden espacio, pero… ¿cómo aprender tiempo?

Cuando, en 1980, se editó uno de los primeros libros dedicados a la relación de la música con la mente y el cerebro, lo prologó el creador del concepto de «inteligencia artificial», Marvin Minsky. Y ésta fue su asombrosa propuesta: La geometría es práctica —por ejemplo, para construir pirámides—, pero ¿para qué sirve el conocimiento musical? He aquí una idea. Los niños pasan días interminables de formas curiosas. Lo llamamos «juego». Juegan con bloques y cajas, apilándolos, y metiendo unos dentro de otros; los apilan en una torre y luego la tiran. ¿De qué va todo esto? Claramente, ¡están aprendiendo espacio! ¿Pero cómo demonios aprende uno tiempo? ¿Un tiempo puede caber dentro de otro?, ¿dos de ellos pueden ponerse al lado? En la música lo descubrimos…

definición del proverbio

palabras rimadas o ritmadas que se pronunciaban con solemnidad.

importancia social del trabalenguas

como bien opinaba (aunque un tanto enfáticamente) un recopilador en 1882: No es insustancial juego de niños el trabalenguas, sino ejercicio gimnástico de suma importancia, porque tiende a desarrollar el órgano que más poderosamente ayuda a la vida de relación.

canciones de hacer rabiar y su etimología animal

Al lado de las canciones infantiles de juego hay otras que están destinadas a propósitos menos nobles, por ejemplo, a hacer rabiar al otro. (…) Curiosamente, tanto el chinchar como el rabiar tienen en su origen dos molestias de origen animal: las que provocaban respectivamente las chinches, insectos que infectan las camas, y la rabia, enfermedad de los perros y otros animales.

sol sol mi-la sol-mi: la fórmula musical para hacer rabiar

Lo curioso es que el mero soniquete, sin palabra ninguna, sirve también específicamente para hacer rabiar. En español tiene frecuentemente esta forma: (na) na, na-na, naaaa-na que, si nos damos cuenta, tiene el mismo número de sílabas y ritmo que el «rabia, rabiña» (versión breve) o el «chivato, acusica» (la larga). Personas que saben música me han informado de que su melodía es algo así como (sol) sol mi-la sol-mi. Es también muy interesante el hecho de que cualquier frase vertida en el molde de este ritmillo se convierte en fuente de provocación: ¡Tengo una pelo-ota y tu no-o! Estos soniquetes de hacer rabiar abundan en forma similar en muchas lenguas, con o sin aditamento de palabras. En francés, por ejemplo, es nananère, y en inglés suena como «ña ña ña ña»… Sí: también en este caso ha podido haber transvases de una lengua a otra, y resulta divertido imaginar contextos en los que un niño inglés aprendía a hacer rabiar de labios de uno español, o viceversa…

la mala traducción del ‘hasta luego cocodrilo’

—Hasta luego, carahuevo. Que de nuevo tiene un equivalente en inglés, procedente quizás de una canción popular: —See you later, alligator.

fórmulas rítmicas para la conversación

Otros pareados funcionan como conectores oracionales que indican cambio de tema: A otra cosa, mariposa. O cierre enfático: De eso nada, monada.

la lógica fonética de los niños

Oigamos de nuevo a Claudio Rodríguez: Lo primero que choca cuando se oye una canción de corro es la preponderancia del elemento fónico sobre el elemento lógico. He aquí la clave de la canción infantil. Se podría hablar incluso de una «lógica fonética» como sucede en poesía. (…) De su influencia brotó el dadaísmo, que se centró en lo poético, y quiso intentar la «“poesía sin palabras” o poesía fonética». Para el dadaísta Hugo Ball, en el precursor Cabaret Voltaire de Zúrich: Con la poesía fonética se renuncia de entrada a una lengua corrompida por el periodismo y hecha imposible. Que nos alejemos hacia la alquimia más íntima de la palabra, que abandonemos incluso la palabra misma para así preservar la región más sagrada de la poesía.

la asombrosa pervivencia de las culturas infantiles

El patrimonio cultural de los niños —las reglas del corre-que-te-pillo, la melodía y las letras para hacer rabiar […]— pasan de niño en niño, a veces a lo largo de miles de años (…). La desaparición de la sociedad tradicional habrá terminado, quién lo duda, con muchas actividades ligadas a los juegos y a la transmisión oral, pero asombrosamente, las culturas infantiles siguen manteniendo una gran autonomía. La escuela ha aprovechado la inclinación infantil al ritmo para influir ideológicamente a los niños, por ejemplo, introduciendo canciones y juegos patrióticos y religiosos en la época de Franco, o intentando desterrar otros considerados machistas en la actualidad.

canciones del trabajo: la función acompasadora

Las voces de acompasamiento pueden provenir de alguien externo a la realización del ejercicio (como el cómitre de las galeras, que a golpes de tambor marca el ritmo de la remada), pero muchas veces es el propio grupo de trabajadores el que las emite. De esa manera, la vocalización espontánea, fruto del esfuerzo (intente el lector desplazar un gran peso sin emitir al tiempo un sonido), se puede convertir en palabras portadoras de una idea de ánimo, tal vez incluso de autoánimo, como «¡Vamos!», y a la vez de sincronización. Cuando, a lo largo de todo el mundo, esas emisiones vocales dan lugar a las canciones llamadas «de trabajo», la música puede servir además para alegrar el corazón de los trabajadores, y las palabras pueden expresar un mensaje de aliento, de nostalgia o de queja. Nuestra lengua conserva huellas fósiles de la relación de los movimientos colectivos con el sonido, como en la expresión «al unísono». (…) Muchas culturas en diferentes lugares del mundo han apelado a canciones para organizar sus tareas, para consolarse o sencillamente para disfrutar con la música.

ritmos fachas

De mis ya lejanos tiempos de estudiante universitario recuerdo una pintada amenazante escrita por los extremistas de derechas: Ojo, rojo, que te cojo.

todos hablamos en metro y ritmo

están presentes en casi cualquier texto. El poeta modernista Salvador Rueda (…) todo lo que nuestros ojos leen y todo lo que nuestros labios hablan es metro y ritmo. No estarían muy lejos de esta opinión las palabras de Octavio Paz: En el fondo de toda prosa circula, más o menos adelgazada por las exigencias del discurso, la invisible corriente rítmica.

consejo literario de Gary Provost: ¡escribe música!

¿Qué más puede haber en un texto en prosa? Muchas cosas, y no todas están bien estudiadas. Los libros que tratan sobre escritura, escritura creativa, redacción y cosas por el estilo intentan dar algunas claves que puedan resultar útiles para quien intenta crear un texto efectivo. Un famoso autor de este tipo de obras es Gary Provost. (…) Los siguientes párrafos los he traducido y adaptado: “Esta oración tiene once sílabas. Ahora escribo otra también de once. No es que estas oraciones estén mal… Pero seguidas se hacen muy pesadas. Pon la oreja y escucha lo que pasa. El texto se ha vuelto muy aburrido. Es como si fuera un disco rayado. El oído pide cierta variedad. Ahora escucha. Varío la longitud de las frases y creo música. Música. La escritura canta. Tiene un ritmo agradable, una cadencia, una armonía. Uso oraciones cortas. Pero también oraciones de longitud media. Y a veces, cuando estoy seguro de que el lector está relajado, lo atrapo con una oración de longitud considerable, una oración llena de energía que avanza hasta un crescendo, un redoble de tambores y el golpe de platillos final, y estos sonidos te dicen que escuches, que es importante. De modo que escribe usando frases cortas, medianas y largas. Crea un sonido que el lector pueda escuchar con placer. No te limites a escribir palabras. Escribe música”.

‘Ob-La-Di, Ob-La-Da’: ¿un universal rítmico?

Por lo general ambas terminan en sílaba aguda, pero si la primera acaba en llana, la segunda lo hace inevitablemente en aguda (…) Guillén («Yambambó, yambambé»), y en cantos deportivos («¡A la bi, a la ba!»). Por supuesto, aparecerá también en otros muchos lugares, desde la conocida canción infantil de mecer «Aserrín aserrán» al «Ob-La-Di, Ob-La-Da» de los Beatles. ¿Nos encontraremos aquí frente a una especie de universal rítmico?: una estructura de repetición ligada a palabras sin sentido, que fascina en muy distintos usos, y que tal vez esté presente en diferentes lenguas del mundo.

el ritmo, mensajero de lo arcaico

¿Qué sensación transmiten al oyente los elementos rítmicos en función lúdica, mágica o proverbial? Con ellos el oyente tiene la sensación de que está ante algo transmitido desde un pasado remoto, de que está en contacto con una realidad de un orden diferente. (…) Alejo Carpentier veía en los pregones callejeros «las cosas más misteriosas», «obscuras supervivencias, tradiciones de origen remoto». (…) [Octavio Paz*: «Aunque el poema no es hechizo ni conjuro, a la manera de ensalmos y sortilegios el poeta despierta las fuerzas secretas del idioma».

*Los títulos que encabezan los fragmentos son del autor del blog

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