No somos refugiados

Agus Morales
No somos refugiados (2017)

el nuevo mundo

Todo ha estallado a cámara lenta. La población desplazada crece en el siglo XXI porque los éxodos que generan las nuevas guerras, como Siria, se suman al goteo incesante de conflictos enquistados (,,,). Más que un mundo donde triunfa la guerra, es un mundo donde fracasa la paz. [pág 37-2]

la urgencia de reaccionar

Solo un relato puede cambiarnos -y no solo agitarnos-.
Solo una historia puede cautivarnos -y no solo interesarnos-. [pág 39-4]

talibanes haciendo costura

En medio de aquel infierno [valle de Swat, Pakistán] (…) el Ejército lanzó un llamativo programa piloto para convencer a los periodistas de que estaba reinsertando a los talibanes en la sociedad (…). En el centro de formación para adultos, era conmovedor observar a insurgentes que habían dejado el kaláshnikov absortos en tareas de reparación eléctrica y de motores, carpintería e incluso costura y bisutería: había un grupo que ensartaba bolitas de colores para confeccionar pulseras que ahora causarían furor en un mercado hipster. [pág 51-5]

Abbottabad parque temático

Esto está repleto de críos. Juegan en el campo alrededor de la finca. Chillan: “¡talibán, talibán!”, en una especie de burla-reclamo a los reporteros ávidos de información sobre el terrorista más icónico de las últimas décadas. Los espontáneos buscan fragmentos de chatarra que puedan corresponder con el helicóptero accidentado. Hay codazos para hacer directos desde la terraza más cercana al edificio. El personal se hace fotos. La finca de Abbottabad es un parque temático del terrorismo. [pág 54-4]

destrucción natural vs destrucción humana

[efectos de la guerra en Sudán del Sur, Hospital Universitario de Malakal] El quirófano parece una de las salas menos afectadas. El resto es un amasijo de papel, chatarra y madera. Sí que hay diferencias entre lo que hace el hombre y la naturaleza. En 2013, el tifón Yolanda, que arrasó Filipinas y cuyos efectos devastadores en un hospital pude comprobar, no fue tan selectivo y caprichoso como aquí. La destrucción es desigual.

como una primavera india

[Sudán del Sur] Cuando me despierto, parece que hayan pasado siglos. Hace sol. Me viene a la cabeza la voz de un refugiado sirio que conocí en Lesbos y me explicó su viaje en barcaza de Turquía a la isla griega, que empezó a primera hora de la mañana, de una mañana clara. “Clear morning”, decía. Es una mañana clara en Malakal, templada, como una primavera india: toda su belleza y frescura se concentran en un corto espacio de tiempo que pronto será arrasado por el sol.
“Clear morning”. [pág 93-1]

la semejanza de las ruinas humanas

[Sudán del Sur] Conducimos por Malakal (…). En apenas cinco minutos llegamos a la casa de Médicos sin Fronteras, que fue destrozada durante la invasión. Esta patas arriba: el mismo caos violento que en el hospital, como si fuera obra del mismo pintor atormentado. [pág 94-6]

trabajamos para los vivos

[Sudán del Sur] Si hay decenas de muertos, hay centenares de desplazados. Si hay centenares de muertos, hay miles de desplazados. ¿A quién hay que mirar? ¿A los que se perdieron para siempre o a los que siguen con vida? (…) Leo (…) las bromas de Albert, el pescador que ha venido a encabezar la misión humanitaria de Médicos sin Fronteras. Y doy con su única frase que parece pronunciada en serio:
-Nosotros trabajamos para los vivos, no para los muertos. [pág 100-4]

la humanización de los refugiados

Por algún motivo antropológico difícil de explicar, la opinión pública europea se sorprendió a ver toda esa marea de refugiados sirios que cruzaba el continente con zapatillas Nike, iPhones y chaquetas Adidas. Doble efecto. por un lado, que son como nosotros, que trabajan, que tienen empresas, que usan la misma tecnología que nosotros. Podríamos ser nosotros. El descubrimiento: son personas. Reconocimiento. Son personas no porque sufran, sino porque están en el mismo universo simbólico, están dentro del sistema económico, están conectadas, las podemos entender. Hay cosas, como el hambre, que no podemos entender, porque están en una esfera que hemos deshumanizado. [pág 104-1]

refugiados: más años de tedio que de tragedia

No es inocente llamarlos personas: en esa decisión hay una voluntad de reforzar su identidad humana frente a su identidad de refugiados, que todo lo ocupa: y que no existe, porque ellos no la sienten. (…) También: (…) se está abriendo paso una visión sobre las personas refugiadas que, en realidad, les perjudica. Explican sus vidas, solo, a partir de sus traumas. Fomentan la pena y la condescendencia, quizá empujados por algún tipo de superioridad moral frente a los otros, los insolidarios. El centro de la vida refugiada está en las bombas, en el peligro, en el infierno (…) Eso descuida aspectos esenciales de la experiencia refugiada (…) la mayor parte del tiempo, es un tedio insoportable. Días, semanas y meses acudiendo en un campamento a las colas de reparto de alimentos. Meses y años peleándose con la burocracia para solicitar asilo y recibir una respuesta, muchas veces negativa. Años para llegar al destino. Décadas para adaptarse a un nuevo país. [pág 107]

desmitificación del refugiado

Entre las personas refugiadas hay ingenieros, criminales, mamás, asesinos, niños abandonados, antiguos guerrilleros, poetas, defraudadores, pobres, ricos -más pobres que ricos-, potenciales premios nobel de la Paz, potenciales terroristas. Como los hay en nuestro bloque de vecinos.
No, igual no. Huir de una guerra no te convierte en alguien mejor, pero sentirte rechazado puede transformarte en alguien mucho peor. [pág 108]

el humor fugitivo

[La ciudad de los refugiados, Zatari, Jordania] No es un campo de refugiados: es una ciudad-refugio. Una Little Syria. Aquí nada es provisional: afloran por todas partes fruterías, tiendas de ropa (…). A una de las calles más transitadas se la conoce como los Campos Elíseos. Se cruza con la Quinta Avenida. A los que huyen de la guerra no les falta sentido del humor. [pág 157-2]

quieren estar entre flores

[Malakal, Sudán del Sur. David, un fotógrafo que hace montajes digitales para que los refugiados se vean virtualmente en otros lugares del mundo]. -Mira esta foto -dice mientras muestra la imagen de una chica joven en camiseta blanca y falda negra, con un rascacielos detrás-. -¡Esto es Dubái! Nueva York, París, Dubái… La gente quiere ir a esos sitios, pero no puede. ¿Y qué hacen? ¡Me lo piden! “Quiero estar en París”. Pues en esta foto estás en París. Quieren estar en otros sitios, en otros países. Quieren estar entre flores, porque aquí no hay flores. [pág 167-6]

la soledad del herido

[Malakal, Sudán del Sur]. Miro al Doctor [Casero] (…) se va un momento a su cama cubierta por una mosquitera y vuelve con unas hojas escritas por él. Es un monólogo interior de un chaval de dos dos metros que se está muriendo.
“Quiero otro bolo de morfina -por favor, enfermero. Habla con el médico y pónmelo. O no hables con nadie y pónmelo. O mejor, no me lo pongas y habla conmigo. Nadie habla conmigo, solo me preguntan cómo estoy, sabiendo que no tengo respuesta, porque no tengo energía para responder. Hacen como si hablan pero no hablan, hacen su trabajo que no es hablar (…) Refugiados detrás de vuestros objetos de médicos y enfermeros, os alejáis de mi piel porque cada vez está más fría, que yo lo noto.  [pág 177]

el aroma denso de la religión

En Tapachula [México] hay dos albergues (…). Se dividen por sexos, con habitaciones plagadas de literas, como si fuera una casa de colonias, pero sin comodidades. De las paredes cuelgan calendarios, cruces de Cristo, fotografías de vírgenes y santos. El aroma denso de la religión llega a todos los rincones. [pág 187]

me hago ambiente

En este albergue, el de Arriaga, más al norte de Tapachula [México], donde empieza a correr La Bestia, se respira conflicto (…) me dan un recibimiento glacial, me miran con suspicacia, me quieren fuera de aquí. Guetos en miniatura, grupúsculos, torsos desnudos, jóvenes recuperándose de sus heridas. Poco a poco voy venciendo resistencias y conversando con alguno de los migrantes (…). La gente susurra, así que me camuflo, me adapto al ambiente, me hago ambiente. [pág 189]

el deseo paradójico de violencia

[México] Dice el psicólogo [Miguel Gil] que los migrantes ven normal que les pidan dinero por pasar, que eso no lo toman como violencia, que es lo normal. Por eso habla de migrantes “predispuestos” a la violencia. Están acostumbrados, la esperan, la aceptan. Casi la desean, para quitársela de encima de una vez. [pág 193]

la utopía de subir

Su madre, desde Texas, ha mandado a un pollero para que lo suba -aquí hay un extraño sentido de la verticalidad, siempre se habla de subir, del Norte, de forma mucho más absoluta que en otros lugares. [pág 199]

el muro invisible

El concepto medieval y opaco del muro tiene sobre todo vigencia en el lenguaje político xenófobo. Lo que se ve en el lugar casi nunca es un muro, sino una cadena metálica de vallas, concertinas, sensores, cámaras de seguridad, zonas desérticas, alambradas, inhibidores. El poder pronunciando su arrogancia tecnológica. El poder pronunciando sus ideas políticas primitivas. Tan modernas. [pág 209]

la mística de la Bestia

Alrededor de las vías hay una mística, un ecosistema, una forma de entender el mundo. Las emociones, los pensamientos y los sueños de los migrantes se ordenan a partir del traqueteo del tren, de su marcha arrolladora, de sus paradas de mamut extenuado. A la espera de que el animal de acero salga de Arriaga y llegue a Ixtepec, 162 kilómetros al norte, todo el mundo en esta ciudad que vive de las vías como si viviera de un río recuerda la última vez que el tren de mercancías se detuvo aquí, y todo el mundo contribuye a que circulen rumores antiguos, noticias frescas y todo tipo de chismes acerca de las desgracias de los pasajeros de la Bestia. [pág 217]

la industria del refugiado

Los refugiados tenían que recorrer toda la isla para llegar a la comisaría, conseguir sus papeles y trasladarse al puerto para marcharse a Atenas. Los taxistas estaban al acecho y les cobraban todo lo que podían. Toda una economía florece alrededor de los que escapan de las bombas: vendedores, hoteles, tiendas. Un viaje turístico plagado de timos y de gastos para los refugiados. Para los no refugiados, porque en esta ruta no se sabe lo que son. [pág 245]

no poder volver porque nunca se ha estado

-Nunca he visto Palestina, pero está en mi corazón, en mis ojos. ¡Oh, Palestina! Amo a Palestina. Quiero ir a Alemania, y algún día podré viajar a Palestina.
No puede decir “volver”, porque nunca ha estado en la tierra de sus antepasados. [pág 247]

WiFi: ¡aleluya!

Desde Presevo [Serbia], otra vez, nos metemos en un autobús repleto de refugiados. Tiene WiFi: y eso es lo más importante, más que el agua y la comida, que la mayoría puede comprar. Esa es otra de las claves del fracaso de las organizaciones de ayuda humanitaria para asistir a esta gente: aquello no era una crisis nutricional en África o en una guerra en Oriente Medio, sino una crisis de los derechos humanos y de la dignidad. Las necesidades eran otras: la comunicación y la orientación eran lo más urgente para todos. Si mañana cayeran bombas sobre Barcelona y tuviera que huir, lo último que me dejaría en casa sería el móvil. [pág 249]

infierno libio

Estas olas son llamas. [pág 253]

muro emocional frente al refugiado (preguntar a Agus)

Mientras nos alejábamos del peligro, Kike [el marinero mallorquín] y yo compartíamos un cigarrillo. Creo que Kike podía adivinar en mis ojos toda la África y Asia que había recorrido, la vida de las víctimas de la guerra que había entrevistado, el dolor que había visto en una epidemia de ébola… (…) Antes de cada rescate, me decía: mañana sí, mañana vamos a salvar vidas. Solo bastaba una mirada. Hablaba de los refugiados con ternura y familiaridad, unos sentimientos que yo solo he podido desarrollar después de muchos años escuchándolos. Él no parecía necesitar tanto tiempo. Había entendido todo desde el principio. [pág 266]

Praise y sus ojos iluminadores

Aquel día, el primero en subir a bordo, el primero en ser rescatado, fue un rollizo bebé nigeriano de tres meses llamado Praise (…). la doctora Alberta Calderelli lo cogió en brazos. Fotografié ese preciso instante.
-Cuando lo tome pensé: ahora nadie me lo quita, está salvado -dijo la doctora-. El niño estaba bien, no tenía hipotermia, se veía que había mamado leche de la madre hasta el final. Tenía una mirada muy intensa, incluso sonreía.
Enseguida metieron a Praise en la clínica para reconocerlo, acompañado por el resto de niños. Yo seguía a la doctora con el bebé en brazos, todo lo veía a través de la lente de la cámara, las imágenes se derretían. Praise tenía los ojos en órbita, como dos faros que deambulaban entre el asombro y la inocencia, que querían iluminar esta extraña escena. El niño sabía que algo estaba pasando, intuía la trascendencia del momento. En ningún momento lloró, como superado por la situación, ansioso de que alguien le explicara, no se sabe cómo, qué estaba ocurriendo en aquel barco. [pág 267]

persona vs periodista: la “delicada red de silencios y secretos” (preguntar a Agus)

En cualquier movimiento de población hay un juego de máscaras: nunca sabes con quién hablas, nunca sabes quién es la víctima, el traficante, el proxeneta. Es una delicada red de silencios y secretos que como periodista quieres romper pero que como ser humano prefieres no tocar.
Allí, mar adentro, la única verdad era la mirada de Praise. [pág 270]

refugiados viviendo en los aviones

La mayoría de las tiendas no cuentan con las clásicas lonas de Acnur, sino que están cubiertas por plásticos ordinarios e incluso hay rendijas tapadas por bolsas de basura. Ahora ya no hay misma presión demográfica, pero al principio los desplazados vivían incluso dentro de los aviones.
Paseamos por el campo en dirección a la terminal. Entre las tiendas, asoma el ala de un Tupolev blanco de carga pintado con una raya azul, que parece que se prepara para salir. Ruido de las turbinas, vibración del horizonte: plenitud de la confusión. [pág 288]

vacío centroafricano

La colonia francesa menos estratégica, la Cenicienta del imperio, la colonie poubelle -cubo de basura- solo podía estar en un lugar: en el medio de África. República Centroafricana tenía al principio un nombre que alumbra su identidad dual. Se llamaba Ubangi-Shari, por los ríos que dominan su geografía (…). En esa dualidad ya está escrita su vaga forma de existir, su falta de carácter, su desequilibrio territorial. Aquí no hay centro, todo es periferia (…). Este país es una periferia de la periferia.
En el centro de África no hay nada.

crisis de diagnóstico, crisis al cuadrado

[República Centroafricana] Uno de los mayores problemas para las organizaciones de ayuda internacional es la definición de su crisis: ¿está el país en una fase de emergencia, que requiere el despliegue de ayuda humanitaria urgente, o en el desarrollo, y por lo tanto necesita más cooperación y construcción de escuelas e infraestructuras? Entre estas dos visiones -dos ríos- naufraga un país. [pág 294]

mi yo religioso  (preguntar a Agus)

Ya en el aire -de momento la avioneta no se mueve mucho, pero mi yo religioso me anima a rezar- se ven desde las nubes manchas de verde fluorescente. [pág 295]

autoayuda del refugiado

Nos detenemos en un campo de refugiados que dice dos cosas. Una: que los que huyen de la guerra, demasiado a menudo, se ven obligados a competir, a defender sus derechos, en comunidades: religiosas, étnicas. Dos: que la mejor ayuda que reciben los refugiados, muchas veces, es de ellos mismos: se autoorganizan, se autogestionan. No son sujetos pasivos, no son (solo) comunidades que necesitan ayuda: son comunidades que articulan respuestas a su situación. [pág 300]

despacho al aire libre

Se ha hecho tarde. Después de la conversación (…) visito el despacho al aire libre de este simpático secretario general: un espacio rudimentario y fresco construido con palos y techo de paja, repleto de papeles, con un peluche de su nieta que cuelga del techo y una tetera, un vaso de latón y un libro de registro sobre la mesa. Este es el cuartel general del comité de los desplazados del campo de la paz en Kabo: desde aquí, despacho en el que se filtra un haz de polvo y luz, se organiza la defensa de los derechos de estos no refugiados. [pág 303]

la falacia del atraso cultural

En República Centroafricana, el ascenso social se atribuye a menudo a fuerzas oscuras que maquinan para enaltecer a unos y humillar a otros. Atribuir el fenómeno a un supuesto “atraso cultural” -¿y qué significa eso? ¿hasta cuándo sobrevivirá nuestra visión positivista de la cultura, anclada en una idea ingenua del progreso?- choca con la realidad: los centroafricanos siempre han estado abiertos a cambios y prácticas del extranjero que afectaban a sus costumbres sociales y agrícolas. [pág 309]

¿por qué no se van a casa? -a qué casa

¿Por qué no se van a casa?
Dicen los xenófobos.
¿Es que quieren aprovecharse de nosotros?
Dicen los que están “en contra” de los refugiados -¿se puede estar “en contra” de los refugiados, así, en abstracto?
¿Por qué vienen aquí?
Dicen los que desconfían de las personas que huyen de la guerra, aunque la inmensa mayoría de ellas nunca llegará a Occidente: ni siquiera cruzará una frontera.
¿Por qué no se van a casa, si allí ya no hay guerra?
Miro los muros tiznados de la “casa” de Paulin y encuentro la respuesta a todas las preguntas que nos hacemos desde casa. [págs 311-312]

el soft power identitario

Recuerdo la insistencia del vicepresidente del Parlamento [tibetano] en las escuelas. Contra la fuerza militar: identidad, cultura, religión. [pág 328]

la verdad de Oriente

Mientras camino hacia la casa del refugiado más famoso del mundo [el Dalai Lama] pienso en [todos los refugiados que ha conocido] y en este mundo imparable de éxodos, de no refugiados, que solo se puede empezar a entender mirando más allá se Occidente.
Cuando llego a la casa del Dalai Lama, pregunto lo mismo que pregunté cua do llegué a la casa de Osama bin Laden. -¿Es esta la residencia del Dalai Lama? -Sí -¿Está aquí ahora? -No. -¿Y dónde está? Silencio. -Out of station. [pág 334-335]

lost in translation: emoticono al rescate

[refugiados sirios en Europa] Cuando se pasaban unos días sin hablar, la madre hablaba con Susana, la pareja de Jad, mediante whatsapps. Como no compartían idioma, se enviaban emoticonos: un avión, una sonrisa. [pág 347]

sin señal

Perdí el contacto con Salwah, la adolescente de ojos claros que un francotirador sirio dejó en silla de ruedas. Me contaron que su hermana mayor se casó con un turco, pero el chico amenazó a toda la familia y todas huyeron lejos de allí.
Su teléfono no da señal. [pág 355]

refugiados, síntoma del mundo del futuro

Hay un mundo que ya se ha desmoronado. El del nuevo orden mundial, el de la globalización, el de la multiculturalidad. Nos invade esa nostalgia del que ve cómo se desploma el edificio de su infancia. Quizá ese arrobo contemplativo nos ha distraído del nuevo mundo que ya está naciendo: un mundo en el que llevan ventaja los que nunca se entretuvieron con la poesía.
Experimentamos cambios íntimos, sentimentales, económicos; en conversación con nuestra familia, nuestra pareja, nuestro barrio. La del refugiado -la del inmigrante, la del bárbaro- quizá sea la cara más pública de este cambio histórico: el terreno simbólico en el que se discute el futuro en común.
Aquí hay decenas de millones de personas que no son refugiadas porque no les damos el asilo; en unas décadas, quizá todos seamos refugiados -de nosotros mismos. Barcelona, marzo de 2017. [pág 360]

*Los títulos que encabezan los fragmentos son paráfrasis libres del autor del blog

 

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