Presencias reales

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George Steiner
Presencias reales. ¿Hay algo en lo que decimos? (1989)

verdad cubista *

“Las pruebas cansan la verdad” [Georges Braque citado al inicio del libro]

metáforas envejecidas por la ciencia

Seguimos hablando todavía de la «salida» y la «puesta» del sol. Y lo hacemos como si el modelo ptolomeico del sistema solar no hubiese sido sustituido, de forma irreversible, por el copernicano. En nuestro vocabulario y nuestra gramática habitan metáforas vacías gastadas figuras retóricas que están y firmemente atrapadas en los andamiajes y recovecos del habla de cada día, por donde erran corno vagabundos o como fantasmas de desván. (…) Mucho después de la instauración de la química molecular y la física de partículas, insistimos en imaginar, en hablar de mesas y sillas a nuestro alrededor, como si fueran trozos sólidos de materia en un orden aristotélico. Lo mismo ocurre con la revolucionaria epistemología de Mallarmé y la lingüística de la “ausencia real” [“la palabra ‘rosa’ es la ausencia de toda rosa”]. Todo en nuestros hábitos discursivos protesta contra el hallazgo de Mallarmé. (…) El habla corriente es ptolomeica, alquímica, opacamente metafórica en relación con la materia existencia del mundo, tal como la ciencia y la ingeniería lo perciben.

originalidad versus novedad

Por encima de todo, el arte, la música, la literatura significativos no son nuevos como lo son, como deben procurar serlo, las noticias que ofrece el periodismo. La originalidad es la antítesis de la novedad. La etimología de la palabra nos alerta. Nos habla de «comienzo» y de «instauración» de una vuelta, en sustancia y forma, a los inicios.

el texto es la patria de los exiliados

El texto de la Torá, del canon bíblico, y las esferas concéntricas de textos sobre textos sustituyeron al Templo destruido. (…) Libera la vida del significado de la contingencia histórico-geográfica. En la dispersión, el texto es la patria.

el “vértigo de las grandes profundidades”

Quienes se sumergen a grandes profundidades cuentan que, llegados a cierto punto, el cerebro humano se ve poseído por la ilusión de que es de nuevo posible la respiración natural. Cuando esto ocurre, el buzo se quita la escafandra y se ahoga. Se emborracha con un hechizo fatal llamado le vertige des grandes profondeurs. Los maestros de la lectura y la explicación escolásticas conocían este vértigo.

puntuar frente al caos; los herejes son ‘relectores’

Para alcanzar las finalides del significado hay que puntuar. El término es «punto final». Es necesario detener la cancerosa multitud de interpretaciones y reinterpretaciones. Los decretos explicativos y legislativos promulgados por Roma y por los custodios de la ortodoxia en el París medieval, así como el acotamiento metafísico-doctrinal de la Summa de Tomás de Aquino, pueden entenderse como una serie de tentativas de «puntos finales» hermenéuticos. (…) La interminabilidad es caos satánico. Por lo tanto, la herejía puede definirse como una revaloración y una relectura interminable.

miedo al resplandor poético

Nos acobardamos ante las inmediatas presiones del misterio en actos poéticos y estéticos de creación (…), Como a sonámbulos, el sedante murmullo de lo periodístico, lo teórico, protege del resplandor imperioso y a menudo violente de la mera presencia.

querer es soñar de día

(un acto de voluntad es un sueño a la luz del día)

definición de la conciencia

la impuntuada corriente de alocución no expresada que constituye la conciencia.

Dios no se nombra para no ser refutado

Aquí reside el verdadero sentido de la prohibición judaica de la enunciación del Nombre del Nombre, el nombre de Dios. Una vez dicho, ese nombre pasa a la contingente infinidad del juego lingüístico, ya sea retórico, metafórico o deconstructivo. En el discurso natural e ilimitado, Dios no tiene residencia demostrable.

los “cuchillos del decir”

En las palabras, como en la física de partículas, existe la materia y la antimateria. Existe la construcción y la aniquilación. Padres e hijos, hombres y mujeres, cuando se enfrentan en intercambio de habla, se hallan en grave peligro. Una palabra puede estropear una relación humana, puede jugar una mala pasada a la esperanza. Los cuchillos del decir son los que llegan más hondo.

la teoría, una “impaciencia sistematizada”

Me gustaría definir la reivindicación de la teoría en el campo de las humanidades como una impaciencia sistematizada. De la impaciencia del judaísmo por el interminable retraso de lo mesiánico han salido extraños frutos.

el divorcio palabra-mundo: ¿nuevo prólogo?

entre las décadas de 1870 y 1930. Esta ruptura de la alianza entre la palabra y el mundo constituye una de las pocas revoluciones del espíritu verdaderamente genuinas en la historia de Occidente y define la propia modernidad. (…) ¿cuál es la categoría y el significado del significado, de la forma comunicativa, en la era de la post-palabra (after-word)? Defino esta era como la del epílogo (de nuevo, el término alberga Logos). Planteo la pregunta plenamente consciente de que los “epílogos” son también prefacios y nuevos principios.

‘rosa’ es “la ausencia de toda rosa”

Lo que dota a la palabra rosa, esa arbitraria ensambladura de dos vocales y dos consonantes, de su única legitimidad y fuerza vital es, afirma Mallarmé, “l’absence de toute rose”. A menos que me equivoque, nos encontramos aquí con la fuente precisa de la modernidad estética y filosófica, con el punto de ruptura con el orden del Logos. [Entre la palabra rosa] y la flor putativa hay ahora un espacio que es, en rigor, infinito. La verdad de la palabra es la ausencia del mundo.

el lenguaje se “desinviste” del mundo y se acerca a la música

en la medida en que se acerca (…) a la autonomía del código musical, el lenguaje, para Mallarmé y la modernidad, retorna a su numénica libertad, a desinvestirse del rudimentario y abandonado tejido del mundo. Este desinvestirse total puede devolver a las palabras sus energías mágicas, despertar dentro de ellas el potencial perdido para la bendición o el anatema, para el conjuro o el descubrimiento.

“lo mejor de nosotros guarda silencio”

En el movimiento final del Tractatus, que está incuestionablemente emparentado con ciertas clases de misticismo reticente, Wittgenstein incluye una antítesis a la definición hebraico-helenística del hombre como alguien dotado del imperativo del habla, como alguien “que tiene que hablar” para realizar su humanidad. (…) el hombre y la mujer más abiertos a las exigencias de lo ético y lo espiritual, es aquel que guarda silencio ante lo esencial (o cuya conducta correcta (…) [Tolstoi] es su verdadero modo de declaración). La mejor parte de humanidad dentro de nosotros guarda silencio.

el significado no es necesario, es “un salto en la oscuridad”

Según el penetrante comentario de Saul Kripke, no puede haber “ninguna palabra que signifique algo. Cada nueva aplicación que hacemos es un salto en la oscuridad; toda intención presente podría ser interpretada de manera que concordara con cualquier cosa que quisiéramos. Por lo tanto, no puede haber acuerdo ni conflicto”.

bailar frente al Arca vacía

de ahí el papel, en los razonamientos deconstructivistas, de espaciamientos, lagunas, fisuras y rupturas. De nuevo, la fuente es Mallarmé, cuyos experimentos tipográficos con les blancs -los espacios en blanco del papel, los abismos blancos de silenciosa nada entre las líneas- resultaron fundacionales para la literatura moderna, tanto como lo fueron los espacios en blanco y los “blanco sobre blanco” de Malievich para el arte moderno (…). La deconstrucción baila frente a la antigua Arca. Esta danza es lúdica (…) y, al mismo tiempo (…) también está llena de tristeza porque quienes danzan saben que el Arca está vacía.

lectura y texto = corona y sol eclipsado

una buena lectura se queda corta respecto del texto de la obra de arte por una distancia y un perímetro de inadecuación que son tan luminosos como la corona alrededor de un sol eclipsado. Este quedarse corta es garante de la “otredad” -la libertad de ser o no ser, de entrar o abstenerse de entrar en un intercambio espiritual con nosotros- experimentada en el poema, la pintura o la pieza musical.

el arte necesita de nuestro “tambaleo” para “asirse” en nosotros

Lo que llamaría un “tambaleo” en nuestras coordenadas psíquicas de temporalidad crea una apertura, que es también un “asimiento” y una sensación de familiaridad al poema, la pintura o la melodía (…) “el que llama a la puerta” pisa nuestro umbral (…). Todos hemos experimentado humores crepusculares y penumbrales de atención difusa y de receptividad sin sin resistencia por un lado y de atención tensa y exacerbada por otro (…). El Romanticismo, el Surrealismo y el Futurismo cultivaron de modo sistemático tales fisuras que se abren a espacios interiores de la psique. Durante el fugaz eclipse del yo, otras presencias encuentran su luminoso o su tenebroso camino.

“¿por que no estaba yo en el principio?”

una envidia piadosa y encendida  [la del artista]. El texto y el retrato importante, pero también el paisaje y la naturaleza muerta, preguntan: “¿Por qué no estaba yo en el principio, por qué no es mío el acto organizador de la forma que se convierte en significado?”. Toda nominación -y los poetas, los artistas son quienes dan nombres a las formas y a la presencia del ser- contiene su germen de violencia, su lucha por la primacía. La imagen de Jacob y el ángel [luchando] es, por encima de todas las otras, emblemática de lo poético. “¿Por qué fui nombrado antes de poder nombrar, por qué arrastrarme detrás?”, pregunta el poeta.

la mujer da vida; el hombre no puede y se hace “rival de Dios” (=ego artístico)

¿Estará la experiencia femenina del nacimiento de un hijo -una experiencia inaccesible en su esencia a la percepción masculina- tan emparentada al enigma, a la santidad del ser de la vida misma (…) que casi excluya el impulso a la rivalidad con un “Dios celoso” que me parece crucial para lo estético?

la música, cálculo sin calculador

como dijo Leibniz: “La música es una aritmética secreta del alma ignorante del hecho de que está calculando” (nescientia se numerare).

vivimos en el sábado santo

Existe un día concreto en la historia occidental del que ni la relación histórica, ni el mito o las Escrituras dan cuenta. Se trata de un sábado. Y se ha convertido en el día más largo. Sabemos de aquel Viernes Santo que, según la Cristiandad, fue el de la Cruz. (…) la injusticia, el sufrimiento interminable, el despilfarro (…). También sabemos acerca del domingo. (…) resurrección, justicia y un amor que ha conquistado la muerte (…) la liberación de la inhumanidad y la servidumbre (…). De todas maneras, el nuestro es el largo día del sábado. Entre el sufrimiento, la soledad y el despilfarro impronunciable por un lado, y el sueño de liberación, de renacimiento, por otro. Frente a la tortura de un niño, a la muerte del amor que es el Viernes, incluso el arte y la poesía mayores son casi inútiles. En la Utopía del Domingo, es de presumir, la estética carecerá de toda lógica o necesidad. Las aprehensiones o figuraciones en el juego de la imaginación metafísica, en el poema y en la música, que hablan de dolor y de esperanza, de la carne que se dice que sabe a ceniza y del espíritu del cual se dice que sabe a fuego, son siempre sabáticas. Han surgido de una espera inmensa que es la espera del hombre. Sin ellas, ¿cómo podríamos tener paciencia? [final del libro]

* Los títulos que encabezan los fragmentos son del autor del blog

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