‘Les innocentes’: el ángel agnóstico

innJoan Pau Inarejos
Nota: 8

A ojos de la modernidad, la estética de los conventos es algo extraño y a la vez pacificador. La clausura, la disciplina de los cuerpos, el canto monódico, la apoteosis del blanco o la pureza de la luz claustral reclaman asiduamente la atención del arte y el cine por cuanto tienen de contraste con la civilización del ruido y la opulencia. Nos fascinan porque parecen de otro mundo.

La directora franco-luxemburguesa Anne Fontaine nos sitúa en la quietud de un convento polaco en 1945, pero pronto descubriremos que la paz beatífica ha sido mancillada y que el blanco inmaculado se ha teñido de rojo a raíz del escándalo de las violaciones por parte de un grupo de soldados soviéticos. La guerra no conoce límites. El pecado ha entrado en la casa del Señor y los hábitos empiezan a redondearse. Las hermanas van a ser madres.

La paradoja de las monjas embarazadas deja algunas imágenes de fuerte impacto retiniano —la religiosa sentada en la cama, con el rostro desencajado y el feto en el suelo—; otras simplemente bellas y delicadas —el descubrimiento inesperado de la maternidad, la contemplación de la lactancia—; y todas, en cualquier caso, tratadas con una especial elegancia y sensibilidad. No se juega a provocar ni a buscar el morbo. Es más bien una obra paciente de orfebrería.

El devenir de estas inocentes atrapadas en su terrible secreto se cruzará con el de Mathilde (Lou de Laâge), una médico francesa que trabaja en la Cruz Roja atendiendo los heridos de la guerra. Agnóstica, arrojada y con un aire misteriosamente melancólico, la joven parece provenir de un mundo muy alejado de las timoratas benedictinas, aunque la película, con buen tiento, cuenta poco de su vida y deja que el personaje nos hable con el idioma de los ojos. Carismática y hermosa, Mathilde es el ángel que esperaban.

El emocionante trabajo de Lou de Laâge encuentra un contrapunto terrenal perfecto en Samuel (Vincent Macaigne), un cirujano feúcho y desabrido, pero de buen corazón, con quien comparte algunos de los diálogos más divertidos y tiernos del libreto. La extraña pareja de solitarios —él deslenguado y faltón, ella taciturna y pasiva—, recuerda vagamente la que formaban Scarlett Johansson y Bill Murray en ‘Lost in translation’, y se diría que son ellos dos, y no el monumental drama monástico, los que llevan el alma de la película.

Cálida y honesta, envolvente e intachable en su puesta en escena, ‘Les innocentes’ es un raro caso de película que se cree a sí misma y se explica sin florituras. Resulta agradable de ver —parece de cajón pero no es muy habitual—, es moderadamente conmovedora, y como la luz de los conventos, enseña lo que hay sin claroscuros ni recovecos. Aunque no siempre encadena bien los acontecimientos, ciertos personajes están un poco desdibujados y el final cede algo a la tentación melodramática, la historia llega, discretamente, al fondo del corazón.

Les innocentes (Agnus Dei) en Filmaffinity

 

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