‘La fiesta de las salchichas’: historia de una indigestión

949846 - SAUSAGE PARTYJoan Pau Inarejos
Nota: 6

¿Qué pasa si mezclamos ‘Toy story’, ‘Lluvia de albóndigas’ y una peli porno? El resultado es algo parecido a ‘La fiesta de las salchichas’, una fálica celebración de todos los excesos posibles con la coartada de la animación y bajo la falsa apariencia de una aventura pixariana. Humor masculino sin límites ni prevenciones. Padres y madres, estáis avisados.

Después de exprimir el mal rollo de los vecindarios y los conflictos generacionales, los creadores de ‘Neighbors’ nos llevan esta vez al templo del capitalismo de consumo, un supermercado poblado por todos los productos grasientos, calóricos y hedonistas que requiere el american way of life, y adornado para más inri con las banderolas del 4 de Julio.

Al igual que los juguetes de ‘Toy Story’, las salchichas y los panecillos de ‘Sausage Party’ fabulan con el más allá y profesan su propia metafísica: creen que encontrarán el paraíso tras las puertas del súper (gran gag, el pan de pita musulmán anunciando su futuro encuentro con los aceites de oliva virgen extra). Ellos son los elegidos y los consumidores son los dioses que les llevarán a un mundo mejor.

Los directores Conrad Vernon y Greg Tiernan pegan un enorme sopapo a la América de Donald Trump y se aseguran de no dejar títere con cabeza (religión, raza, sexo, ideología, etcétera) con su orgiástica alegoría alimenticia. El arranque parece una saludable gamberrada, en la tradición más corrosiva de la animación. La sátira hiperbólica del consumismo recuerda ciertas humoradas del Pop Art (Claes Oldenburg o Duane Hanson). Hay verdaderas virguerías imaginativas, como la escena de la caída catastrófica del carro o el mensaje a la nación que pronuncia la salchicha a través de las cámaras de seguridad. La mismísima Betty Boop parece resucitar en forma de bollito vaginomórfico…

El problema no es de producto, es de dosis. El guion está tan infestado de tacos y groserías que acaba ahogando sus propias gracias. La obsesión coital desluce la originalidad de la historia y empacha hasta decir basta (el epílogo es especialmente innecesario). Suerte que aparece cierto personaje rosa y una parodia desternillante de Stephen Hawking para remontar la función. Él es el Almax de la película.

Sausage Party en Film Affinity

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