‘Neruda’: Pablo parodia a Pablo

175676_3_577c07b4418d5Joan Pau Inarejos
Nota: 8

El Poeta se parodia a sí mismo. ¿Sacrilegio? No: Pablo Larraín. El director chileno, que desmitificó suavemente el referéndum contra Pinochet (‘No’), ahora sacude otro mito nacional, el literato y referente político que podría escribir los versos más tristes esta noche.

Mezclando biografía e imaginación con una creatividad desbordante, Larraín sigue fiel a su fotografía rosada y borrosa, pero pega un salto cuántico con un film muchísimo menos convencional que el de 2012. El de Santiago le quita la boina a Pablo Neruda y deja al descubierto toda su alopecia psicológica: narcisismo, paranoia, miserias. Pero también la veta fascinante del genio, el poder cautivador de la inteligencia, la victoria del filósofo sobre el hombre de mundo. El hombre y el dios.

Los políticos meando mientras deciden el destino de la nación: tal es la imagen subversiva con la que arranca esta noria de provocaciones visuales y narrativas, sin más hilo temporal que el ego orondo del poeta y sus vueltas obsesivas (“la luna hace girar su rodaje de sueño”). Es como estar en el cuarto de juguetes de Neruda: prolijo, brillante, laberíntico, lleno de disfraces. Angustioso.

El antihomenaje al autor de ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ asombra con recursos rompedores, como los saltos de la localización en una misma conversación, y dibuja unas criaturas entrañablemente excéntricas: véase el monólogo del travesti en la comisaría y su hilarante declaración de amor al poeta (“me ha tratado con respeto, de hombre a hombre”). Luis Gnecco y Gael García Bernal bordan su extravagante cara a cara, que nunca es tal.

Pablo convierte el supuesto biopic de Pablo en una fantasía policíaca, sensorial y surrealista, donde el leitmotiv son los sucesivos escrondrijos del protagonista. Confundido en medio del prostíbulo, parapetado en un cuadro, oculto tras la barba, el genio quiere esconderse y a la vez ser perseguido. Enseguida sospechamos, y lo confirma un espléndido giro, que toda la película es una mezcla inextricable de realidad y ficción, un gran sueño de Dios (Neruda) que se sueña a sí mismo y a sus perfectos antagonistas. La gran ilusión era apenas un centelleo, se apaga como las luces de neón.

Neruda en Film Affinity

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