El Tarantino del buen rollo

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Joan Pau Inarejos
Nota: 7

Tarantino es célebre por recrearse en situaciones de tensión y violencia que en manos de otros realizadores serían insoportables o directamente soporíferas, pero que él consigue hacer magistrales. Richard Linklater (‘Boyhood’) opera de un modo parecido con los materiales de la memoria y la evocación biográfica. Sus películas-río son pura naturalidad desbocada, aparentemente sin podar, vidas sin guion donde se habla mucho y da la sensación que lo fundamental queda implícito. Lo importante es lo que pasa por debajo. La película es lo que queda cuando se ha olvidado la película.

Sin llegar a la radicalidad creativa de ‘Boyhood’, ‘Todos queremos algo’ es otro ejercicio de vida contada a borbotones, de caos aparente y desbarajuste perfectamente organizado. En este caso no pasan doce años, sino apenas unos días, pero Linklater mantiene la misma mirada fresca y naturalista para seguir los pasos de unos universitarios para quienes el mundo -esto es, la juerga antes de las clases- se acaba literalmente mañana. A vista de pájaro parecería otra película más de desmadre, sexo y gamberrismo. Vista de cerca es mucho más que eso.

Linklater tiene la habilidad de desvanecerse para que sus personajes sufran, gocen, se desgañiten y expongan sus pequeñeces y miserias ante la cámara. Cada detalle aparentemente banal, cada secundario que se ramifica en otros secundarios, cada situación completamente intrascendente tiene la virtud de atrapar algo vivo, palpitante, algo que nos podría haber pasado a nosotros. Los personajes de Linklater son aparentemente livianos: saben perfectamente quienes son, pero no lo dicen. Una mirada oportuna o cierto gesto espontáneo valen más que cualquier estudio psicológico. El arte de la ligereza: como los impresionistas, que cazaban lo vivo con pinceladas, en lugar de cerrar la línea.

Blake Jenner y sobre todo Glenn Powell se llevan de calle esta función coral de postadolescentes masculinos en busca de ese algo huidizo. Los hombres en su soledad, en su gueto de humor grueso y escupitajo, en sus rituales competitivos y grupales. Los hombres en esa fase de camaradería casi obligatoria que acompaña todos los actos de recreo y placer durante la primera cuarta parte de la vida. Con esa mezcla de inocencia y amargura que anida en nuestros recuerdos hormonales. No. Aunque lleven mostacho y camisas floreadas no son tan diferentes de los jóvenes de los 90 o de los 2000. Todos seguimos queriendo algo.

Everybody Wants Some!! en Film Affinity

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