Por qué cantamos al amor

 

9788415832201

Joan Pau Inarejos

¿Es la historia de la canción de amor una historia de mujeres, negros y esclavos de la que se han apropiado hombres blancos y poderosos? ¿Qué hilo secreto conecta a las sirvientas islámicas con los trovadores medievales y los afroamericanos del siglo XX? ¿Es la lírica amorosa el cumplimiento de la moral de esclavos nietzscheana, la fascinación por la inversión de roles? ¿Por qué las historias oficiales de la música se vuelcan en los contextos y orillan su principal texto, las historias de erotismo y romanticismo? ¿Por qué conocemos los amoríos de Cleopatra pero no de su vecina tendera? ¿Por qué las civilizaciones poderosas, los clérigos o los punks han temido la fuerza debilitadora del amor? ¿Una vez agotadas las revoluciones políticas y puritanas llega la hora de las ‘rebeliones blandas’ o sentimentales? El musicólogo y jazzista Ted Gioia responde a estas cuestiones en un atípico ensayo que nos retrotrae a la naturaleza: los primeros cantantes románticos fueron los pájaros. Leedlo, es una gioia.

Ted Gioia
Canciones de amor. La historia jamás contada (2016)

historia de la canción de a pie

Comencé a preguntarme qué aspecto tendría esta historia si estuviera escrita desde la perspectiva de la vida cotidiana y de las necesidades humanas, y no como una letanía de grandes compositores e intérpretes célebres. (…) La magia de la música nos pertenece a todos, desde siempre.

las ‘rebeliones blandas’

David Foster Wallace. Notando que la ironía y el cinismo imperantes en el arte y la cultura de finales del siglo XX ya no parecían tan al día y que quizá ya habían llegado a una fatiga irreversible, Wallace se preguntaba si la siguiente oleada de rebeldes no avanzaría en dirección opuesta y “se arriesgarían a ser tachados de sentimentales […] de demasiada credulidad. De blandura”. Este libro, que registra cómo estas “rebeliones blandas” han tenido lugar en el pasado –y cómo pudieran volver a producirse en el futuro– encarna quizá precisamente este tipo de riesgo.

la herencia sentimental de los pájaros

Lo hacen los pájaros, lo hacen las abejas […] Vamos a hacerlo, vamos a enamorarnos. Cole Porter, ‘Let’s Do It’. ¿Comenzaron aquí las canciones de amor, en los nidos y colmenas, en los árboles y en el aire? Cuando se intenta explicar el atractivo de las canciones de amor –y, de hecho, de todo tipo de música– desde una perspectiva evolucionista, se suele comenzar examinando los cortejos de las aves y de otros animales. Los artistas tendrían motivos para resentirse de esta genealogía. La creación artística –la confección de algo nuevo allí donde no había nada– fue en otro tiempo considerada análoga de la mismísima potencia divina. Pero si alguna vez los artistas pudieron creerse emparentados con Dios, ahora se ven catalogados como meros imitadores de los pájaros y las abejas.

música y apareamiento

La aparente simplicidad de esta solución al problema del origen de la música pudiera lo mismo agradar que consternar a los muchos filósofos que han debatido la naturaleza de nuestro sentido estético. Ya no necesitan buscar, como Pitágoras, la fuente de la música en la armonía de las esferas, sino en los chillidos y gruñidos precoitales, en el chirriar y el croar durante la estación de apareamiento en el zoológico. (…) los investigadores han descubierto una multitud de relaciones biológicas insospechadas entre la música y el comportamiento sexual, y también entre el canto de las aves y la música humana. La hormona vasopresina y su homóloga aviar, la vasotocina, han emergido como los “eslabones perdidos” clave que conectan estas distintas esferas de la conducta.

enamorados y asesinos

Por raro que resulte, el perfil de edad y género de los artistas que graban discos se asemeja extraordinariamente al de los asesinos. Esta correlación aparentemente paradójica entre el amor y la violencia será también recurrente en varias etapas posteriores de nuestra historia.

música: cambia el continente, permanece el contenido

De hecho, el amor ha sido el tema dominante de las canciones populares por lo menos desde hace mil años. Casi todo lo demás ha cambiado en nuestras vidas musicales a lo largo de ese periodo. Hemos pasado del canto monofónico a la polifonía (y de vuelta al canto monofónico, en muchas grabaciones de rap). Hemos enchufado instrumentos eléctricos, para luego abandonarlos en favor del software y los samples. Hemos digitalizado, colgado, descargado, reproducido canciones, y hemos hecho con ellas montones de cosas que Schubert y Gershwin jamás hubieran aprobado o imaginado. Pero todavía, cuando cantamos, cantamos acerca del amor y del sexo.

la música como necesidad sexual

Gene Simmons, En una entrevista con Terry Gross, de la NPR, el rockero resumió su éxito sexual en términos sencillos pero bastante crudos: “Si quieres recibirme con los brazos abiertos, me temo que también tienes que recibirme con las piernas abiertas”. (…) Los padres indignados, sin ayuda de investigaciones estadísticas que respalden sus corazonadas, han intentado desde siempre regular las opciones musicales de sus hijos intuyendo una relación inexorable entre las canciones y la promiscuidad. (…) La persistencia de la canción de amor en el transcurso de toda la historia humana atestigua su arraigo. Más que un motivo cultural, parece ser una especie de necesidad cuasi biológica.

historia de la canción, historia de la represión

La historia de la canción de amor es también la historia de la represión de la canción de amor. (…) ciertamente no es casual que los más ardientes adversarios de esta música sean machos y hembras que no se hallan en la cumbre de su actividad reproductiva. Estos son los individuos que detentan el poder en nuestras sociedades, así ha sido y así será siempre. Pero en el enfrentamiento entre estos contrincantes, la apuesta razonable es a favor de la canción de amor. Pues, como veremos una y otra vez en las páginas siguientes, inevitablemente la canción de amor será la que triunfe al final.

herencia musical del paleolítico

La larga extensión de tiempo durante la cual los Homo sapiens sobrevivieron como cazadores-recolectores –periodo que representa aproximadamente el 99% de nuestra historia como especie– tuvo que haber tenido un profundo impacto en nuestra vida amorosa posterior y en las canciones y la imaginería que aún la rodea. Muchos de los instrumentos musicales que empleamos hoy evolucionaron a partir de primitivas prácticas de caza: los cuernos de los animales se convirtieron en trompas musicales, las pieles en tambores, los huesos en flautas.

arte y caza

Durante el tiempo que pasó con una aislada comunidad bosquimana de cazadores en el desierto de Kalahari a mediados de la década de 1950, sir Laurens van der Post se enteró de que el jefe de los cazadores, Nxou, era también el músico principal de la tribu; para ambas funciones utilizaba el mismo arco. (…) recordar que la búsqueda de una pareja adecuada es en sí misma una especie de cacería y que la música que la acompaña no es tan solo una banda sonora pasiva, sino una herramienta formidable que, en manos de un hábil cazador, contribuye al éxito de la caza.

Moisés y la orgía

Nótese que la cólera de Moisés –tan extrema que llega a lanzar y a hacer pedazos las tablillas que contenían los Diez Mandamientos– no se debe tanto al becerro de oro como tal, sino a la visión de los hijos de Israel cantando y bailando con desenfreno –y tal vez sin ropas– alrededor del ídolo. Se dan pocos detalles, pero esta historia –sobre todo el papel prominente de la música en este relato, y el vínculo implícito entre la idolatría y el libertinaje sexual– deja bien clara la persistencia del canto de fertilidad incluso en las religiones monoteístas, así como el celo con que tales prácticas eran combatidas

mujer innovadora, hombre diseminador

Mi opinión –respaldada no solo por la evidencia aquí descrita, sino también por patrones similares descubiertos en la historia posterior de las canciones de amor– es que las mujeres eran las innovadoras y los hombres los diseminadores. (…) la tradición original oral/auditiva que se esforzaban por preservar surgió con las mujeres, cuyos talentos creativos y expresivos tuvieron el papel decisivo en el desarrollo de un nuevo género musical (…). Es el triste resultado de que un hombre famoso, en este caso Confucio, se convierta en el portavoz oficial de los sentimientos románticos expresados aparentemente por una mujer desconocida. Ya hemos visto al rey Salomón y a Píndaro interceder como agentes de sentimientos virginales, y en los próximos capítulos encontraremos a muchas más figuras de autoridad masculinas dispuestas a hacer otro tanto (…). resulta revelador que las defensoras del romance en este caso sean las mujeres (Dido, Venus, Juno), mientras que los hombres poderosos (Eneas, Júpiter, Mercurio) son los atentos guardianes del orden social contra la fuerza disruptiva del amor.

el Cantar de los Cantares: síntesis del amor antiguo

Toda plausible genealogía de las canciones de amor, ya como textos bíblicos o en otro escenario, tiene que reconocer estas dos tradiciones precursoras. Los egipcios aportan nuestras primeras expresiones musicales de un amor personal, psicológicamente íntimo, enriquecido por la imaginería y la carga emocional que continúan generando ventas en el negocio de la música hoy en día. De los ritos sumerios de la fertilidad proviene una idea tal vez hasta más radical: que el amor humano puede participar de lo trascendente, la noción de un amor supremo (…). Ambas actitudes fueron condiciones necesarias para que El cantar de los cantares adquiriese su significación y su potencia. De Egipto tomó el lirismo y la intimidad, y de Mesopotamia la capacidad para ver el amor y la sexualidad conectados con los rituales y el culto religioso.

dos tipos de lírica

lírica monódica (o unipersonal) en vez de una lírica coral (o colectiva),

la ‘canción frente a la puerta’, una constante histórica

La canción cantada ante una puerta cerrada, con la que ya nos hemos familiarizado en el capítulo anterior, regresará una y otra vez bajo muchas formas diferentes en la posterior evolución de la lírica amorosa. (…) los romanos sí preservaron y enriquecieron una tradición de la lírica romántica; a saber, el paraklausithyron, el “canto ante la puerta”, en el que el infeliz amante se encuentra impedido de acceder al hogar de su amada y expresa su apasionada exaltación –llena de amenazas, súplicas, quejas y alabanzas– desde la calle. Este canto es un antepasado de la serenata bien conocida por todos los posteriores romeos. (…) En muchos casos, el contacto del hombre es tan limitado que no tiene ni idea del aspecto de la mujer y, cuando escucha su voz, ella suele estar oculta tras una mampara o cortina. En tales escenarios, las relaciones se establecían con frecuencia a través de la música, que es capaz de traspasar la cortina y llegar hasta donde el pretendiente no alcanza, y también mediante el intercambio de versos, aquí llamados canciones.

Safo y el olvido de las mujeres

Safo, por el contrario, apenas sí ha llegado a nosotros. El más viejo papiro que contiene su obra fue encontrado entre las telas de una momia, y sospecho que la intención era preservar la momia, no el poema.

Roma y el amor: el malentendido de Ovidio

los romanos conocían muy bien el romance, y hacían todo lo posible por circunscribir y restringir su perturbadora influencia sobre el orden social. ¿Cómo podían ser ignorantes del amor romántico los romanos, si nos dieron la guía más autorizada sobre este tema? Lewis tiene una ingeniosa respuesta a esta pregunta. Ovidio, afirma Lewis, hace un chiste con el “arte de amar”. “El chiste consiste en tomárselo en serio –afirma Lewis–, algo que no hubiera hecho ningún romano razonable. (…) La sorpresa vino cuando los amantes cortesanos de finales de la Edad Media tomaron a Ovidio al pie de la letra. Sencillamente, no entendieron el chiste de Ovidio. Creyeron que un hombre realmente debería estar a las órdenes de la dama, servirla y estar a su entera disposición –una actitud, rezonga Lewis, que aún prevalece en la época moderna.

el ninguneo de la canción de amor

Se ponen una máscara, asumen el papel de quien es inmune al atractivo de esta música (…) Puede que las canciones de amor predominen en nuestra cultura popular, pero los críticos musicales jamás llaman la atención sobre este hecho. Recordando su propio desconcierto ante este estado de cosas, el escritor Dave Hickey se pregunta por qué “el noventa por ciento de los temas pop que se han escrito eran canciones de amor, mientras que el noventa por ciento de la crítica de rock habla del otro diez por ciento”. Yo puedo responderle a Hickey: esta música avergüenza a los críticos, igual que avergonzaba a los antiguos romanos. “El argumento es que el romance es frívolo y estúpido”, explica el crítico cultural Noah Berlatsky.

por qué el hombre se sacrifica por la mujer: una explicación darwiniana

En julio de 2012, cuando James Holmes entró a una función nocturna de El caballero oscuro: la leyenda renace en Aurora (Colorado), y mató a doce personas con el arsenal de armas que llevaba encima, tres de las víctimas fueron hombres jóvenes que usaron sus cuerpos como escudo humano para proteger a sus novias, que sobrevivieron al ataque. Sospecho que la reacción de estos jóvenes fue instantánea e instintiva, condicionada por miles de años de experiencia evolutiva. Cuando el Titanic se hundió, el setenta y dos por ciento de las mujeres logró regresar a tierra pero solo el dieciséis por ciento de los hombres. (…) Darwin hubiera comprendido esto, no solo por ser un caballero victoriano con valores caballerescos y corteses, sino porque él sabía que las mujeres eran más importantes que los hombres para la supervivencia de la especie: un hombre en una isla desierta con diez mujeres puede producir diez veces más hijos que una mujer en una isla con diez hombres. Desde una perspectiva evolutiva, las portadoras de niños son más valiosas que los inseminadores.

los esclavos, propulsores de la canción de amor

¿Eran acaso mejores músicos? ¿Mejores amantes? Tal vez. Pero nuestra investigación de la lírica amorosa de Grecia, China y Roma nos sugiere otra respuesta a esta pregunta. Estas sociedades se esforzaban por reconciliar dos visiones contrapuestas de la canción de amor. Por una parte, esta música le gustaba al público, que sin duda la encontraba encantadora y excitante igual que nos pasa hoy. Por otra parte, las autoridades de la antigüedad encontraban algo vergonzoso y poco digno en la entrega emocional (y a veces física) que pintaban las letras. Esta actitud se hace explícita en la frase servitium amoris (literalmente la “esclavitud del amor”) (…) puede que esta conexión haya sido todavía más ostensible en la música romana, donde el amante esclavo no es una figura literaria sino un descripción real del intérprete. (…) Al asignar la tarea de interpretar esta música a un miembro de la más baja jerarquía en la escala social, los antiguos podían disfrutar de su música sensual.

el ‘blanqueo’ y oficialización de las canciones eróticas

Se cuenta que Enrique de Pisa, al oír una canción de amor en labios de una sirvienta, y alegando que “el diablo no debería tener todas las mejores melodías” —un lamento que volverían a expresar otros clérigos en épocas posteriores— la convirtió en un himno cristiano. ¿Quién sabe cuántas otras canciones desinfectadas de romance y erotismo habrán llegados, por caminos semejantes (…)?

de la Antigüedad a la España islámica y los trovadores: el hilo secreto de la esclavitud

los amantes sirven humildemente a la amada en la música romántica porque los creadores de este tipo de canciones eran literalmente esclavos y sirvientes. Incluso la ética del amor cortés, asociada en la imaginación del público con caballeros y damas, comparte este humilde linaje. (…) la misma fijación con la servidumbre y el cautiverio de las esclavas árabes será ahora abrazada por la nobleza europea, hombres ricos y poderosos que a la larga pasarán a la historia como los inventores de este nuevo y gustoso modo de cantarle al amor (…) el impacto de la cultura musical islámica que penetró en la sociedad europea a través de la península ibérica. Los conquistadores recurrían desde hacía mucho a las poblaciones esclavizadas o conquistadas para entretenerse, y especialmente para oír canciones de amor. En este aspecto, es impresionante la similitud con la música americana durante los siglos XIX y XX, y podemos tal vez imaginar por extrapolación la situación en el mundo medieval islámico. El amo, quien necesita mantener los valores de la sociedad dominante, con todas sus prohibiciones y normas de conducta, queda no obstante fascinado por las posibilidades transgresoras que solo pueden venir del esclavo, el extraño, el infiel: individuos cuya propia exclusión del orden establecido los convierte en una fuente de innovación y energía creativa.

el peligro de la “debilidad” del romanticismo

Después del auge del cristianismo, estas advertencias contra las canciones femeninas se repetirán con frecuencia en los sermones y textos teológicos, pero esto sería tan solo una continuación de la visión pagana, que temía la debilidad y el desorden que la música dejaba a su paso.

Roma: el amor conquistador

Propercio lo resumió mejor en uno de sus versos: “Se conquista o se es conquistado, esa es la rueda del amor”. Los poetas romanos preferían el papel del conquistador, y cuando se encontraban en el extremo opuesto del intercambio, se lamentaban amargamente. No es ninguna coincidencia que los antiguos llamaran a un verso amoroso una querella, una “queja” o “disputa”.

¿cómo amaba el ciudadano raso? un caso detectivesco

Conocemos chismes acerca de la vida amorosa de Marco Antonio y Cleopatra, pero no tenemos apenas información sobre los romances de los tenderos, los simples trabajadores y los esclavos del imperio romano. (…) El medievalista John Haines conjetura que “miles, si no millones, de canciones de amor vernáculas debieron de interpretarse antes del año 1200”. Sin embargo, lo que ha llegado hasta nosotros son unas pocas migajas tentadoras, complementadas por innumerables referencias de segunda mano. Así pues, el historiador de la música no tiene más remedio que actuar como un detective en la escena del crimen: el cuerpo y el arma del delito han desaparecido, y tan solo quedan algunas evidencias circunstanciales —acusaciones, denuncias, y la ocasional confesión del culpable— a modo de guía en sus pesquisas. (…) seguimos ignorando en gran medida cómo sonaban las canciones de amor vernáculas europeas, o la gama de sentimientosque expresaban. Pero la hostilidad que engendraban está bien documentada.

prostitución, amor, canción

Agustín, célebre por sus incursiones juveniles en los burdeles de Cartago, previno: “Si retiráis a las rameras de la sociedad todo se verá perturbado a causa de la lujuria”. Posteriormente Tomas de Aquino comparaba la prostitución con la cloaca de un palacio, señalando que si se eliminaba esta última todo el palacio se contaminaría. Desde esta perspectiva, las canciones de las prostitutas eran más dignas de ser reprimidas que los propios actos sexuales. Estas anunciaban en público lo que debía permanecer oculto en privado y servían para adornar con cierto arte una transacción que, aun siendo necesaria, debía parecer vil y vergonzosa.

“sexting medieval”

Hasta los defensores de lo sagrado podían caer a veces bajo el hechizo de la música amatoria. En el año 789, Carlomagno emitió una orden estricta a las abadesas para prevenir que las mujeres que estuviesen bajo su tutela compusiesen winileodas (literalmente “cantos para un amigo”) (…) ¿Eran sus escritos una especie de sexting medieval? Nunca lo sabremos.

los goliardos y su papel diseminador

Cuando las letras románticas y eróticas entraron en la corriente principal de la cultura europea durante el último periodo de la Edad Media, (…) cuando las canciones de amor salieron por fin de sus escondrijos a finales del periodo medieval, muchas de las letras emergieron del mundo eclesiástico —o al menos de una rama renegada del mismo. Estas canciones son el legado de los clerici vagi, a veces llamados eruditos errantes o goliardos, que jugaron un papel prominente en la diseminación de canciones paganas, especialmente durante los siglos XII y XIII.

el cortejo en la era de MyDarling

Incluso en el mundo virtual de las relaciones cibernéticas, los administradores del sitio eHarmony —con más de veinte millones de usuarios registrados en ciento cincuenta países que buscan una conexión romántica a través de la internáutica— sabiamente etiquetan los artículos que brindan recomendaciones sobre el tema de las citas con la palabra courtship [cortejo], que conserva todavía el influjo del amor cortés y las convenciones de los idilios de la nobleza. Por la misma razón, se sigue llamando trovador a la persona que le canta al amor, sobre todo cuando la canción es melancólica, emotiva y personal. El lenguaje coloquial nos sigue hablando de la mujer que busca su “príncipe azul” y del hombre que pone “en un pedestal” a la dama de sus amores; términos que entendemos inmediatamente, aun cuando las referencias no se correspondan con lo que de hecho sucede en nuestras citas y amoríos.

canción de amor: la raigambre africana

nuestras actitudes idealizadas hacia el romance y nuestros modos de expresarlas musicalmente aparecieron por primera vez en África mucho antes de que llegaran a las costas de Europa. (…) Cuán a menudo la obligada interacción de las poblaciones africana y europea dio pie a una revolución musical? La más reciente tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se incorporó de lleno a la sociedad americana toda una gama de estilos musicales africanizados: jazz, blues, ragtime, spirituals y otros. (…) ¿Es posible que el ADN musical introducido por la población esclava en nuestras canciones reforzara una mutación cultural semejante que tuvo lugar un milenio atrás, solo que esta vez introducida por los conquistadores desde la propia África?

España: el puente entre el Islam y el amor cortés europeo

Los musicólogos españoles ya habían hecho hincapié antes en las raíces europeas de sus tradiciones musicales, a veces rastreando sus orígenes hasta los antiguos celtas. Pero Ribera negó esta imagen de la música occidental como un sistema aislado e independiente y especuló acerca de un sendero de influencias que comenzaba en el mundo árabe y se extendía por toda la península ibérica y por Europa mediante los trovadores y otros emisarios. Insistía en que esta dependencia de una inspiración externa no era nada de qué avergonzarse. Más bien, España podía enorgullecerse de servir de nexo en lo que posiblemente fuera la transformación más importante de la historia de la música. “La España artística de antaño –declaró– se convierte pues en el vínculo central entre lo antiguo y lo moderno”.

la diglosia amorosa

ya he señalado la tendencia de los poetas a revelar intimidades al hablar en una lengua que no es la suya. [poetas árabes que insertaban frases o exclamaciones en lengua vernácula latina].

el aliciente de burlar al vigilante

Una y otra vez las canciones de amor hispano-árabes hacen referencia a los enemigos del amor, e, implícitamente, de la música que lo celebraba. Tres adversarios aparecen con suma frecuencia en estas canciones: el censor, el murmurador y el espía. Pero la satisfacción de burlar a estos guardianes de la virtud intensificaba las delicias del amor. (…) “Mi señora, ¡hagamos lo que el espía sospecha!”.

las albas: el género matutino del amor

(…) el escenario de estas canciones es la mañana siguiente, cuando los amantes han de separarse. La voz del vigilante o guardia los alerta de que su tiempo de estar juntos ha llegado a su fin. La imagen recurrente del centinela dando voces desde una torre pudiera indicar la influencia de antecedentes islámicos en esta forma musical, y en otros contextos hubiera representado el matutino llamado a la oración de los musulmanes. Ya hemos visto un antecedente del alba en la lírica amorosa china, y los ecos de este tipo de canción continuarán presentes en posteriores tradiciones artísticas —los estudiosos han detectado por doquier sus reverberaciones desde el Romeo y Julieta de Shakespeare hasta el segundo acto del Tristán de Wagner. Este último es una “alba extendida”, según la investigadora Gale Sigal, quien señala otras manifestaciones de este género en muchos resquicios sorprendentes de la cultura occidental… hasta llegar a “Wake Up Little Susie”, el popular sencillo de 1957 de los Everly Brothers, y el éxito de 1981 de Juice Newton, “Angel of the Morning”.

la España islámica: el poder artístico de las esclavas en las ciudades

Las canciones trovadorescas que pronto conquistarían Europa a menudo eran compuestas por miembros de la nobleza, sobre todo durante el primer periodo de su diseminación, pero la lírica de la Iberia musulmana tiende a tener un linaje menos aristocrático. (…) No es casualidad que las ciudades más grandes y prósperas de Europa occidental al final del primer milenio estuvieran situadas en lo que es hoy España. Córdoba tenía diez veces la población de Londres o Roma en el año 1000 y puede que Sevilla tuviese cuatro veces los habitantes de París. El papel de la urbanización en el auge de la canción de amor no ha sido estudiado con propiedad.

la apropiación masculina de las canciones

Otra confirmación de que los hombres tomaron prestado buena parte del lenguaje musical del amor de las mujeres es que encontramos jarchas, atribuidas a una voz femenina, que reaparecen en canciones posteriores donde se expresan sentimientos idénticos desde una perspectiva masculina. (…) el antiguo vínculo entre el amor y la esclavitud en la imaginación popular y en las fantasías existentes (del tipo Cincuenta sombras de Grey). Toda la historia subsiguiente de la canción de amor en particular, y del romance occidental en general, está llena de celebraciones del cautiverio. (…) Pero, para cuando lleguemos a la época de los trovadores, las innovaciones de las mujeres y las esclavas habrán caído en el olvido (o al menos habrán sido borradas de los libros de historia), y serán hombres poderosos quienes aboguen principalmente por la metáfora del cautiverio en el romance occidental. (…) las puellarum cantica, o “cantos de muchachas”, condenadas en los primeros concilios de la iglesia, las winileodas que Carlomagno trató de extirpar de los conventos en 789, las jarchas de origen árabe —que fueron particularmente influyentes en la península ibérica— y muchas otras tradiciones análogas, probablemente perdidas en su mayoría. (…) [Decía el califa]: “Toda la humanidad me obedece, mas ellas me mandan”.

 

la apropiación blanca-occidental de las canciones

En muchos casos, el intérprete estrella podía seguir siendo blanco —Paul Whiteman, Benny Goodman, Elvis Presley, los Rolling Stones—, pero el manantial y las fuentes de inspiración específicas eran negros.

la lírica amorosa moderna cumple la profecía de Nietzsche

Nietzsche puso al cristianismo la célebre etiqueta de “una moral de esclavos” y vio en su celebración de la mansedumbre y al servilismo una fuente de laxitud, una tendencia a la emasculación que permitía a los débiles controlar a los fuertes. ¿Es posible que la lírica amorosa moderna cumpla una función similar, y que sea por ello un cantar de esclavos, una aceptación poética de la servidumbre a la amada que revierte las estructuras convencionales de poder?

la lírica amorosa y la añoranza

La lírica amorosa medieval fue “inventada en la amargura del destierro”, escribe Menocal, quien señala que la canción de amor a menudo adopta el tono anhelante de quienes han sido arrancados de su tierra de origen. (…) Estos esclavos eran eternos desterrados, y su sentido de separación y pérdida dejó una huella permanente en sus composiciones líricas, aun cuando el tema en cuestión fuese personal, y no político. (Veremos el mismo fenómeno cuando lleguemos a los blues).

el literalismo de la canción de amor

¿Qué era el amor para la gente que hizo estas canciones? ¿Hasta qué punto cambian las actitudes y las prácticas amatorias durante la era de los trovadores? (…)  Nuestro tema aquí son las canciones de amor, así que no me disculparé por tomar al pie de la letra los textos de estos trovadores. Estoy seguro de que un enfoque reduccionista similar aplicado a las canciones de amor modernas podría afirmar que “Can’t Buy Me Love” de los Beatles trata en realidad de la conciencia de clase entre la juventud de Liverpool, y que “I Got You Babe” de Sonny y Cher es una parábola de las relaciones entre Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría. La riqueza de las obras de arte es tal que los investigadores pueden excavar muy por debajo de la superficie y encontrar tesoros inagotables… o quizá oro falso.

(…) Haríamos bien en recordar que las gemas y las pepitas a veces están en la superficie.

trovadores, herederos secretos de las mujeres esclavas

Cuando tenemos en cuenta esto, la maravilla de la era de los trovadores no es que las mujeres cantaran canciones de amor —venían haciéndolo desde hacía tiempo—, sino que finalmente los hombres las habían imitado. (…) las canciones trovadorescas reflejan que los hombres tomaron buena parte de su nueva visión del mundo de una tradición preexistente creada y mantenida por las mujeres, a despecho de los repetidos intentos por erradicarla a lo largo de un periodo de siglos. (…) los trovadores, con su constante “cortejo” —palabra que, pese a su connotación romántica, todavía comparte su raíz con la corte de justicia— con la esperanza de un veredicto favorable por parte de la mujer, que aparecía como el árbitro del destino del hombre. De hecho, la deferencia y el respeto ritualista que se muestra a las amadas en estas canciones presenta una similitud impresionante con la conducta que supuestamente hemos de guardar ante un magistrado.

la mujer y la génesis de la canción popular

las mujeres están estrechamente ligadas al desarrollo de la lamentación, la nana y otros tipos de canciones. (…). Estas canciones marcan la continuidad de una tradición musical que se remonta a los primeros tiempos que recoge la historia. Un antiguo poema egipcio habla de mujeres cantando mientras fabricaban lino, y en otras partes –China, África, India, las islas Hébridas, los Balcanes, Vietnam, y otros escenarios– he documentado ejemplos similares de otras tradiciones culturales. La congruencia de estas prácticas distantes indica un uso casi universal de la música en la producción de ropa por parte de las mujeres. “Las mujeres que tejen, o desenredan la madeja en la rueca, a menudo cantan –escribió san Juan Crisóstomo a comienzos de la Edad Media–. A veces cada una canta para sí misma, otra veces armonizan una melodía todas juntas”.

trovadores: el por qué de la ‘dama inalcanzable’ y el mito del adulterio

nos recuerdan la moralidad institucionalizada de aquel periodo, tan severa en cuestiones de intención sexual que los cantantes dirigían motu proprio sus canciones de amor a damas inalcanzables. (…) Este conflicto, muy arraigado en la mente medieval, inevitablemente se expresó en la poesía y la música. Es así que encontramos canciones muy peculiares en las que la amada es celebrada como objeto del deseo y, sin embargo, el cantor le suplica que nunca le permita satisfacer sus anhelos sexuales. Este es el origen de un amor que se sentía más seguro al dirigirse a la esposa de otro hombre, no por albergar intenciones adúlteras sino por el extraño consuelo de una pasión que de este modo no corría el riesgo de mancillarse con la consumación. No deberíamos culpar a los poetas y cantores por no resolver esta tensión (habría sido imposible resolverla, dado el sistema de valores imperante en aquella época).

la canción de amor, liberada como un delincuente en vigilancia

Bajo estas restricciones la canción de amor fue liberada, como si se tratase de un delincuente en libertad bajo palabra al que es preciso vigilar muy de cerca; y sí, como sucede con los delincuentes, siempre había algunas que violaban los términos del acuerdo, pero no tantas como para impedir que las innovaciones de los trovadores se extendieran por otras partes de Europa. De esta manera controlada, la canción de amor tuvo espacio para moverse.

definición del amor platónico

todavía hoy hablamos de “amor platónico” al referirnos a los lazos emocionales que operan fuera de la atracción gravitacional de los impulsos eróticos.

Dante: la fusión de amor y religión

preparar el escenario para el ambicioso intento de fundir la ética del amor cortés con la escolástica de los padres de la iglesia. Haría falta el genio de Dante para crear una unión a largo plazo entre dos cosmovisiones tan dispares (…) El más alto elogio que hizo Dante a su amada difunta fue instalarla en el Paraíso de su Divina Comedia, donde ella le sirve de guía por el cielo, acaso la más atrevida fusión de espiritualidad y romance desde el mito de Orfeo en los albores de la civilización occidental. (…) este intento de reconciliación del amor carnal y el amor espiritual como uno de los grandes proyectos heroicos de la historia occidental. (…) La historia de Genji, escrita por la aristócrata japonesa Murasaki Shikibu (…) pretendía desarmar a Cupido y alistarlo en las filas de los ángeles.

el músico, de adulador a adulado

el extraordinario cambio que se está produciendo: el músico, antaño contratado para ensalzar y honrar a otros, es ahora cada vez más el receptor de esta adulación.

el mito del amor escandaloso: de la culpa a la pasión

Denis de Rougemont comentó jocosamente que, a juzgar por las novelas, el adulterio debía de ser la principal ocupación del hombre moderno. “Son pocas las novelas donde no aparece […] Sin adulterio ¿qué sería de la escritura imaginativa?”. La misma fascinación por el escándalo y el amor ilícito pronto se apoderaría de la ópera. Cierto es que ya desde los tiempos de Esquilo y Sófocles venían representándose en escena relaciones adúlteras, pero los antiguos griegos se habían enfocado más en las ramificaciones psicológicas de estos romances que en sus excitantes posibilidades dramáticas. Ahora estas relaciones eran explotadas específicamente por sus implicaciones eróticas, con énfasis total en la pasión del amante, no en la culpa del transgresor.

los pianos pequeños y la ‘domesticación’ musical

Varios fenómenos dieron origen a un interés más intenso por este tipo de música en las primeras décadas del siglo XIX. La música cambió debido al impacto económico y tecnológico de la Revolución Industrial, que hizo posible el acceso a unos pianos mejores y más asequibles, lo que a su vez alentó la demanda de composiciones más simples para uso doméstico.  (…) el auge de los pianos domésticos alentó la demanda de canciones sentimentales simples y hasta los más grandes compositores se vieron presionados para adaptarse a las necesidades del mercado.

el entusiasmo del Romanticismo

“Los poetas son los secretos legisladores de la historia”, escribió Percy Shelley en 1821, casi en el mismo momento en que Schubert estaba publicando sus primeras canciones. En la actualidad, cuando pocos poetas vivos son nombres familiares, estas atrevidas afirmaciones pudieran hacernos sonreír, pero en la época de Goethe, Shelley y Byron, figuras heroicas de su tiempo, imperaba otra jerarquía.

la invisibilidad de la cultura popular

Tampoco hemos de burlarnos de otras élites culturales que, desde la época de Herder, han “descubierto” de repente la música de la gente común. Estas canciones, ostensiblemente a la vista de todos, pueden resultar tremendamente difíciles de encontrar y documentar. En este sentido, las canciones populares del pasado no se diferencian mucho de la música en una casa de hoy en día, donde los padres pueden desentenderse de las canciones favoritas de sus hijos y viceversa, aun cuando estas melodías coexistan bajo el mismo techo. “La canción popular es como el ornitorrinco pico de pato –ha explicado Charles Marson–: puedes vivir durante años a pocos metros de él y no sospechar su existencia jamás”. 

la universalidad de las canciones de amor: la canción nos elige

Aunque los investigadores de las tradiciones musicales locales rara vez centran su atención en conceptos universales, prefiriendo defender (casi nunca de manera explícita) el criterio de que las canciones de cada cultura están inconmensurable e inextricablemente injertadas en prácticas y tradiciones locales, quien estudie con atención las canciones de amor se topará exactamente con el fenómeno opuesto: que la gente que creó estas canciones parecieran estar consultando la misma fuente, hasta el punto de que recurren a comparaciones y metáforas parecidas y describen estados emocionales casi idénticos. (…) convergen en una ineludible verdad. No escogemos la canción de amor; ella nos escoge a nosotros.

la aparición de la ‘conciencia de público’

La gente solo se fue dando cuenta gradualmente de que constituían el público comercial imprescindible de la música. Durante la mayor parte de la historia, la gente creó sus propios entretenimientos musicales, o recurría a parientes y vecinos que lo hacían por ellos. Muchas sociedades tradicionales incluso desconocen la noción de un público independiente de los intérpretes, como han señalado los etnomusicólogos. Las comunidades con una cultura musical vibrante no conocen (ni necesitan) la palabra público. Incluso en los países industrializados hasta hace muy poco tiempo, esta distinción a veces resultaba arbitraria. ¿Los bailarines de una boda tradicional son parte del espectáculo o del público?, ¿o esta cruda alternativa pasa por alto la naturaleza holística de lo que ocurre en ese contexto? Cuando los parroquianos de los viejos tiempos en Estados Unidos cantaban himnos en la iglesia, ¿estaban creando o recibiendo la música? ¿Cómo se sabe cuál es la diferencia? ¿Cómo se clasifica a los niños que cantan mientras juegan, o al pastor que toca la flauta rodeado solamente de sus ovejas? ¿Los obreros que cantan durante sus faenas son realmente intérpretes? ¿El capataz que supervisa su trabajo representa el público? Un conocido musicólogo me insistió una vez en que “toda la música se interpreta con un público en mente”. Sin embargo, mi impresión es exactamente la contraria. A lo largo de la historia y la prehistoria, la mayor parte de la música se ha insertado en eventos sociales, comunitarios y rituales en los que no tiene cabida el concepto de público.

lamentos del amor

referirse con nostalgia a aquella “que ha aprendido a amar a otro” y cuya “voz he de olvidar”.

la música pop llegó “amarrada con cadenas”

la chispa que pone todo en movimiento llega de África y, no por su voluntad, sino amarrada con cadenas. (…) La esencia misma de la canción occidental ha sido moldeada por la mentalidad del forzado y del paria. Es fácil malinterpretar el sentido de estas canciones si no comprendemos el proceso dinámico que está teniendo lugar. La idea de que la élite gobernante quisiese cantar como si fuesen esclavos resulta, a primera vista, desconcertante. Sin embargo, ahora la volvemos a encontrar en el Nuevo Mundo, en manifestaciones a veces lastimeras, pero a menudo grotescas.

la libertad paradójica del esclavo: paralelismo con el cristianismo

Hasta cierto grado, la canción de amor evolucionó a la manera del cristianismo primitivo, un sistema de conducta propagado inicialmente por los marginados del mundo clásico, quienes descubrieron que este confería una ansiada dosis de dignidad y grandeza a lo que, desde otra perspectiva, era tan solo la degradación de la víctima. Poner la otra mejilla y regalar las posesiones eran ideas extrañas, pero hasta la clase gobernante a la larga se animó a reafirmar (aunque no siempre a practicar) estos extraordinarios mandamientos. Quizá, como han sugerido algunos, los gobernantes simplemente se percataran de la utilidad de una cosmovisión que daba a los pobres un motivo para sentirse bien en la pobreza. Pero yo creo que este punto de vista subestima el atractivo de lo marginal o el gusto tentador de un manual que subvierte la jerarquía de valores. Ciertamente, en el caso de las canciones, los cantantes nobles de la época de los trovadores gustaban especialmente de una pose meticulosamente cultivada que los convertía en sirvientes y esclavos de sus adoradas damas. Aun cuando las relaciones reales no se asemejaran mucho a las imaginarias, la representación de ese rol impartía una carga erótica no distinta a la que les brinda una dominatriz a sus clientes en nuestras metrópolis modernas. ¿Es esto tan solo un capricho de la historia? ¡En absoluto! El esclavo y el excluido son innovadores por la sencilla razón de que disfrutan de una libertad de conducta que otros en su sociedad no poseen. Paradójicamente, el eslavo es a veces más libre que el amo. No creo que sea mera coincidencia que el nombre latino para el esclavo liberado, libertinus, sea el origen de nuestra palabra moderna libertino, aquel que está libre de restricciones morales, especialmente en cuestiones sexuales. Como hemos visto en el capítulo VI, las qiyan del mundo islámico a menudo gozaban de libertades que les estaban prohibidas a las mujeres libres: vestir ropa elegante, por ejemplo, o no cubrirse el rostro. (…) Sobre todo, el esclavo no estaba constreñido por la vergüenza occidental –muy arraigada y heredada de la antigua Roma, ampliamente documentada en el capítulo IV– a la hora de expresar emociones sinceras en público o en forma de canción. Pocos aspectos de su herencia africana se preservaron en su vida diaria, pero la música siguió siendo una de sus mayores posesiones intangibles.

la resiliencia de la canción ‘romanticona’

La mayoría de las canciones de éxito habla de amor, pero sería difícil adivinarlo a juzgar por el discurso imperante sobre la música popular, que elude el tema como si el romance fuese un innombrable tabú. Las canciones especialmente “sentimentaloides” son infinitamente ridiculizadas, aunque siempre están ahí, ascendiendo en las listas de éxitos, encontrando su público, exasperantes parásitos musicales que no podemos quitarnos de la mente. Sin embargo, todo lo que tiene de vergonzosa la canción de amor lo tiene de resistente, aunque para innovar y diseminar a veces haga falta un forastero, inmune a los convencionalismos y al pudor.

la aparición inesperada del blues

la gran innovación se produjo fuera de las principales ciudades y centros de comercio, en las comunidades más pobres y rurales del sur de Estados Unidos. Allí surgió un estilo completamente nuevo de canción de amor, que la industria de la música había pasado totalmente por alto, un estilo rudo y conmovedor de expresión lírica que hoy llamamos el blues. Este estilo atrevido y contumaz serviría como antídoto contra el exceso de sentimentalismo y los clichés de las baladas de salón, y conferiría una nueva vitalidad a la música popular americana.

la desdeñada prerrevolución musical de los 20 y 30

las estrellas de rock de las décadas de 1950 y 1960 recurrieron al blues como fuente de inspiración para reescribir las reglas de la canción de amor durante la era de la Guerra Fría. (…) Pero este mismo proceso de asimilación también tuvo lugar, si bien en una dirección diferente, en las décadas de 1920 y 1930. Los jazzistas fueron los primeros en aprender del blues. Puede que la contracultura de la década de 1960 llame hoy más la atención como la creadora de esta brecha generacional, pero casi todos los elementos de aquella ruptura estaban prefigurados en la década de 1920. (…) La idea de que los fans se pasaron de la noche a la mañana al jazz tradicional es un poco exagerada, pero la asombrosa popularidad de Goodman –a quien la prensa no tardó en bautizar como “el Rey del Swing”– anunciaba claramente un cambio en los gustos musicales entre los adolescentes y adultos jóvenes, tan profundo como el que desatarían Elvis y los Beatles en años posteriores.

los negros liberan a EEUU de la tradición lírica europea

En lugar de permanecer a la zaga de Europa, cuyas desinhibidas y satíricas canciones de cabaret parecían destinadas a marcar la pauta de la cultura popular del siglo XX, la industria de la música en Estados Unidos ahora tenía algo distinto que ofrecer, algo todavía más atrevido y menos convencional, con el potencial para mezclarse con otros lenguajes artísticos y de este modo preparar la escena para una serie de innovaciones musicales futuras, engendrando el rhythm’n’blues, el rock’n’roll, y otros vibrantes estilos interpretativos. (…) Yo me atrevería a afirmar que la música negra de este periodo anuncia la transformación más importante en las canciones románticas –tal vez incluso en las actitudes románticas– desde la aparición de los trovadores. (…) No llegaré a afirmar que los negros enseñaron al resto de América una nueva forma de amar, pero claramente su talento creativo (y el de los blancos que los imitaron o se inspiraron en ellos) marcó el tono en cada paso del proceso.

“torturar las cuerdas hasta que digan la verdad”

Las notas individuales, cantadas o tocadas en la guitarra, a menudo se distorsionaban de unas formas que la notación musical convencional no podía trasmitir. Para crear esta sonoridad, un guitarrista podía tocar su instrumento con un cuchillo, un peine, un hueso o un cuello de botella –algo que fuera más fuerte que la frágil carne humana–, torturando las cuerdas para que dijeran la verdad.

la música cierra heridas; el tango las abre

De hecho la impresionante descripción que hace Ramón Gómez de la Serna de este estilo tan típicamente argentino nos recuerda inevitablemente la tradición del blues estadounidense. “Tocan otras músicas para que se cierren las heridas –explicaba De la Serna–, pero el tango toca y canta para que se abran, para que sigan abiertas”. (…) Quizá, como algunos sospechan, los marineros argentinos llevaron consigo el tango a la ciudad portuaria de Marsella. O puede que fueran los muchos argentinos que residían en París a principios de siglo, como el pianista Alberto López Buchardo y el bailarín Casimiro Aín, quienes sentaron las bases de la posterior tangomanía de Francia.

el amor llega de sur a norte

Una fuerza perturbadora penetra en el ADN de la canción de amor, casi siempre insertada por personas excluidas de la estructura del poder, ya sea una mujer de Lesbos, un invasor musulmán de Europa o un esclavo de África, y muchas veces la vía de difusión sigue un patrón de sur a norte; desde la Provenza francesa o el delta del Mississippi, de Buenos Aires o desde la costa norteafricana. En un momento indefinido, las élites se adueñan de esta nueva forma de canciones de amor (y a menudo se la atribuyen a sí mismos). Una idea radical se ha desplazado desde la periferia al centro de la cultura musical y disfruta su momento de triunfo.

de los excluidos a los ídolos

Las siguientes revoluciones en la canción de amor organizadas por los excluidos –ya hablemos de un chico pobre llamado Elvis, de Tupelo, Mississippi; muchachos de cabello largo de Liverpool; punks en CBGB; o raperos del South Bronx– no solo son bien conocidas y ampliamente comentadas. De hecho, son sumamente apreciadas como hitos de la liberación moderna y la mayoría de edad generacional. En resumen, las recurrentes turbulencias en la evolución de la canción de amor, antaño ocultas, ahora ocuparán el primer plano en la cultura pop.

el hito de la radio en el coche

Muchos historiadores de la música han hablado del auge de la radio durante la década de 1920, pero yo llamaría la atención sobre el primer automóvil con radio, una opción que empezó a ofertar Chevrolet en 1922, como un hito igualmente importante en la historia de la canción de amor. (…) Y si el coche por sí solo transformó el romance en América, imaginen lo que sucedió cuando Detroit añadió música romántica en la radio.

micro y megáfono: la intimidad artista-oyente

No creo que sea una coincidencia que el primer vocalista comercial que popularizó el estilo de canto mesurado y conversacional desatara una reacción tan intensa. Hay algo que se les escapa a los críticos musicales que desdeñan a Vallée y su megáfono como una figura cursi del pasado. Él brindó al público una primera experiencia de aquello que ansiaba: la fantasía de una relación individualizada con una estrella de la música. (…) Nadie clasificaría jamás a Billie Holiday como una crooner, y sin embargo esta mujer merece nuestro reconocimiento y aplauso como la cantante clave que elevó al siguiente nivel este método de interpretación íntima y conversacional.

himnos del “Estado Independiente del Romance”

[Edith Piaf] Sus canciones más famosas, como “La Vie en Rose” y “Non, Je ne Regrette Rien”, de algún modo lograban conservar el sabor de una confesión susurrada pese a ser cantadas con melodrama y autoridad, cual himnos nacionales para el nuevo estado independiente del romance.

¿por qué gritan las fans?

Las jóvenes gritaban con Elvis, y gritaban con Los Beatles. Continúan gritando hoy con la última sensación del pop, aunque los críticos musicales ya no recurren a explicaciones médicas o sociológicas: en la actualidad, esa es la actitud que se espera de los fans. No obstante, el misterio sigue en pie: ¿por qué gritan las mujeres? (…) yo tiendo a confiar en la opinión de otro experto, la fuente a la que acudo cuando me encuentro perplejo (como muchas veces es el caso) ante la psicología femenina: mi esposa. Ella me dice que estas jovencitas gritonas solo quieren llamar la atención del músico. Gritan para llamar la atención. A Darwin también le habría gustado esa explicación. Apoya su controvertida hipótesis de que la música es, en el fondo, tan solo parte del juego de la selección sexual para la propagación de la especie.

la atomización y el fin de los ‘himnos generacionales’

Con la proliferación de opciones y géneros, difícilmente un tipo de canción de amor podría ser “el himno de toda una generación”, como fue el caso durante la Era del Swing o la Era del Rock. El cambio ha sido gradual, pero el resultado final es indudable. Cuando los comediantes de las décadas de 1960 y 1970 se burlaban de las pretensiones sociales de la música, a menudo se reían de la gente que se sentaba en corros y cantaba “Kumbaya”, pero el humor de principios del siglo XXI hizo blanco más bien en el corredor o el peatón con auriculares, consumiendo beatíficamente una banda sonora autónoma y unipersonal.

la aparición del videoclip y el patrón hombre vestido-mujer desnuda

Quizá la imagen más poderosa y recurrente en la concepción del siglo XXI de la canción de amor sea esa combinación, tantas veces probada a lo largo del tiempo, del hombre vestido y la mujer casi desnuda, el motivo central de Fosse que se niega a morir.

¿cuál será la siguiente ‘rebelión blanda’?

Pero la canción de amor sentida, sí, la debilucha canción de amor, ha salido vencedora en los peores lances hasta ahora [de los clérigos y poderosos hasta los antirrománticos contemporáneos, como los punks] y, si ha logrado remontar obstáculos religiosos, políticos y culturales a lo largo de milenios, ciertamente encontrará su camino por entre los algoritmos de YouTube y la filosofía convencional de nuestra hormonal industria de la música. Como demuestra esta historia, el amor ha alentado muchas revoluciones musicales antes de ahora y, así pues, probablemente pueda detonar unas cuantas más en el futuro. Pero otra lección, documentada aquí una y otra vez, es que cuando el huracán llega, cuando el amor finalmente invoca a la canción, esta casi siempre viene de donde menos la esperamos: de los bohemios, de los parias, de los excluidos, de las personas más marginadas y menos poderosas y de los sitios más ocultos.

**Los títulos que encabezan los fragmentos son del autor del blog

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s