El espejo del Evangelio

viento en viena (uno)

Gabriel Magalhâes
Como en un espejo (Espelho meu, 2013)

el ojo-lámpara o la mirada interior

unas misteriosas palabras de Jesús sobre las que he pensado mucho (…). «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras Y si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!». Lo que resulta sorprendente en este texto es que el ojo ilumina hacia dentro, no hacia fuera. Estamos acostumbrados a pensar que el ojo se relaciona con el mundo, proyectándose en la realidad…, y en este texto se nos dice que el hecho de mirar se relaciona fundamentalmente con nuestra alma, con nuestra interioridad. En cierto sentido, y atendiendo a estas palabras, el mecanismo ocular se invierte totalmente, volviéndose hacia dentro. Nuestros ojos, por consiguiente, iluminan nuestro cuerpo, no el mundo real. Pienso que lo que Jesús trata de decir es que nuestro modo de observar nuestro entorno crea en nosotros un determinado estado de espíritu. En otras palabras: el mirar no es un acto mecánico, como lo es el hacer una fotografía. Por el contrario, a nuestros ojos se ofrecen distintas posibilidades de escoger que se reflejan en nuestra alma. Podemos mirar al mundo escogiendo la luz de ese mundo, o bien optando por sus tinieblas. Nosotros solemos considerar que nuestros ojos constatan; Jesús nos dice que nuestros ojos crean.

los ojos-pájaros

Se trata también de aprender que nuestros ojos son auténticos y verdaderos pájaros que sobrevuelan las cosas, que planean sobre ellas. Las pupilas tienen una ligereza característica. Por eso, cuando hacemos uso de nuestra vista, tenemos, por así decirlo, que salvaguardar esa ligereza, esa levedad. Hemos de intentar no transformar nuestro mirar en una especie de piedra que cae sobre las cosas. Hemos de evitar que nuestro mirar se estrelle contra la realidad. (…) que nuestros ojos permanezcan siempre volando por sí mismos.

mi derecho a no entender

No deja de ser curioso que el ser humano se considere siempre con derecho a entender cuanto sucede. Yo, por el contrario, me concedo a mí mismo el derecho a no entender. Ya entenderé más tarde, en el momento en que Dios quiera.

el instante transformador

Este episodio [de Jesús y la cananea] nos enseña a relacionarnos con el tiempo de una manera especial. Nos enseña que cada momento puede albergar en su seno la eternidad. (…) En este caso, una mujer profundamente marcada por el pecado desencadena en unos breves segundos una inmensa transformación que altera por completo el sentido de su vida. Y es así como debemos vivir: con una confianza infinita en el poder inconmensurable de cada uno de los segundos de nuestra vida, sintiendo, por consiguiente, que cada instante puede ser una inmensa puerta abierta; y ello porque los instantes están llenos de misteriosas «trampillas» que nos conducen a la eternidad. Por lo demás, esta vehemente demostración del poder de los instantes no aparece únicamente en este episodio de la cananea, sino también en otros pasajes evangélicos, como es el caso, por ejemplo, del buen ladrón. En definitiva, si creemos en los segundos, los segundos creerán en nosotros.

la esperanza del sentido

Todo acabará teniendo pleno sentido: en este aspecto, podemos estar tranquilos. En otras palabras: nunca seremos como los puercos de la piara. Nunca nos precipitaremos en ese abismo en el que ellos se precipitan: el abismo de la pura ausencia de Dios.

amor en ausencia de sentido

En los momentos en que no entendemos los laberintos en que hemos de movernos, apoyémonos simplemente en Dios, como hacen los niños que hacen reposar su cabeza sobre los hombros de sus padres cuando los llevan en brazos. Hagamos eso y no nos preocupemos. No busquemos constantemente sentido para todo cuanto nos sucede en la vida; tratemos, sí, sobre todo, de sintonizar con el amor que en ella resuena. Esto es lo más importante. Pero es un error muy común pretender articular nuestra vida con el sentido… cuando debemos, simplemente, sintonizarla con el amor.

malos cartógrafos de Dios

Somos muy buenos a la hora de conocer y cartografiar la geografía de nuestros dolores; pero ¿ya hemos identificado al Dios que existe en nosotros?; ¿ya hemos conseguido intuir su presencia en nuestra vida? (…) Y es mucha la gente que vive de ese modo: consciente de su dolor, pero totalmente inconsciente de la maravilla que habita en las inmediaciones de dicho dolor.

el músculo espiritual

En realidad, la Fe es un ejercicio, un entrenamiento. Se trata de algo casi físico. La fe puede entrenarse, del mismo modo que se puede hacer footing. (…) si una persona consigue sostener en alto la vara que le ha sido entregada, que le es entregada por el mero hecho de existir, hará maravillas en su vida (…) Más aún: quien lo consiga podrá desarrollar los músculos de su espíritu, hasta el punto de que un día saltará más allá de la muerte.

Pilato y su no encuentro con Jesús

Pilato comprende que se trata de alguien grande; intuye que hay en él algo que él mismo ha buscado toda su vida. Pero se nos muestra incapaz de encontrarse realmente con aquello con lo que ha dado. (…) Algunas leyendas refieren que, posteriormente, este gobernador romano se habría convertido al cristianismo y habría muerto como mártir en un circo. Me imagino la felicidad que experimentaría si tal cosa sucedió realmente. Una felicidad casi infinita. Muriendo en el circo romano de manera atroz, finalmente habría abrazado a aquel Jesús que estuvo allí, frente a él… únicamente para eso: para ser abrazado.

no pactar con la infelicidad

Del mismo modo nosotros, si pactamos con lo que no queremos, acabaremos haciendo lo que no deseamos. No hay pactos; hay elecciones. Es preciso tener el valor de elegir; es preciso desear la nitidez moral necesaria para nuestros tiempos. (…) El único camino será siempre el de la limpidez de decir «sí» cuando es sí, y «no» cuando es no.

muertos en vida

También nosotros, hombres y mujeres del mundo occidental, parecemos poderosos. Pero nuestra vida está plagada, absolutamente plagada, de toda clase de esclavitudes. (…) Es como si tuviéramos el alma muerta en nuestro interior. Como si estuviéramos invadidos por el virus de una tímida tristeza. Como si no tuviéramos voz en nuestra voz. Como si estuviéramos muertos en vida. Pilato, que ordena matar a Jesús, ya está muerto hace mucho cuando da dicha orden.

Pilato y la modernidad

Todos los días hay muchos Jesús que mueren en el mundo: de hambre, de miseria, de soledad… Y ante ellos nos comportamos como Pilato, diciendo: «¿Y qué es la verdad?» Y seguimos con nuestra pequeña vida. Al no existir la verdad, tampoco existe, por consiguiente, la responsabilidad: la obligación de hacer justicia. Pilato es la contemporaneidad occidental (ya lo es hace bastante tiempo). Y no deja de ser un espejo terrible el que nos ha caído en suerte. ¡Lo podemos todo y no podemos nada!

vivir para aprender a vivir

Estamos vivos, simplemente, para aprender a vivir; y cuando ese aprendizaje haya concluido, habremos puesto un pie en nuestra eternidad. (…) Vivir consiste en eso: en corregirnos poco a poco, hasta que en nuestra brevedad se instale nuestra eternidad.

somos un regalo sin abrir

Es curioso que nunca se nos ocurre pensar que, en muchos casos, esos niños mueren de hambre por nuestra culpa, pues podríamos hacer por ellos mucho más de lo que hacemos. Por eso mismo, la pregunta no debería ser: «¿Dónde está Dios?», sino «¿Dónde estoy yo?» (…) si quieres saber quién eres, entrégate al mundo y a los demás. En este camino de pérdida de ti mismo acabarás encontrándote. Por eso, si quieres poseer una cosa, tendrás que darla. (…) tenemos que aprender a dar… y a darnos a nosotros mismos. Mientras no lo hagamos, seremos como un regalo sin abrir. (…) Quien, amando, desaparece en el ejercicio de ese amor reaparece en la eternidad. (…) se trata de decir a las personas que tienen derecho al sentido.

**Los títulos que encabezan los fragmentos son del autor del blog

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