‘Buscando a Dory’: ¿qué haría yo?

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Joan Pau Inarejos
Nota: 8,5

Si quiere vivir más y mejor, recurra al pescado azul. A ser posible, de ojos saltones, verbo suelto y carácter olvidadizo. Confíe en Dory.

La amiga azul y desmemoriada de ‘Buscando a Nemo’ es ahora la protagonista de una brillante secuela en la que, tras colaborar en el rescate del pequeño pez payaso, deberá bucear a fondo en busca de sus propios orígenes.

Después de ‘Inside out’, Pixar confirma su deriva psicologista con una invitación a creer en el lado aparentemente irracional de las cosas. Padres agobiados, pulpos decepcionados que están de vuelta de todo, acomplejados que nunca han salido de su piscina: todos tienen alguna razón para necesitar a Dory y su feliz determinación amnésica.

Como un tratado de autoayuda animado, ‘Buscando a Dory’ es un alegato a favor de nuestras fortalezas latentes (la autopregunta, “¿Qué haría yo?”) y un canto a las mentes caóticas y atolondradas que, contra todo pronóstico, superan todos los escollos. Tesis desafiante: ¿y si olvidar fuera la solución?

Con una piel digital maravillosa, cada vez más irisada y llena de escamas, la nueva virguería de Pixar quizá no es tan Unforgettable como su predecesora —sería muy exigente pedir eso— pero alcanza cotas inéditas de vis cómica y ritmo frenético. Torrentes de humor inteligente y acción bondiana: es decir, puro Pixar desatado.

El engarce de gags visuales es rabiosamente bueno (véase ese pulpo Hank convertido en nuevo Sr. Patata customizable, o esa pájara psicópata que hace de puente aéreo); las soluciones de guion, continuas e ingeniosas (la voz cuasidivina del centro de recuperación, el reencuentro oportuno de las “amigas de cañerías”); los momentos de carcajada, oportunos y oxigenantes (la ostra parlante, Dory buscando a sus familiares a grito pelado en un acuario lleno de miembros de su especie); los diálogos, un festival de perlas (“Para tener tres corazones eres bastante cruel”; “¿Qué estaba olvidando?”)…

Andrew Stanton no olvida pasar por las zonas menos confortables de la aventura de vivir, quizá como guiño a los niños que se han hecho adultos durante estos trece años. En medio del océano aparece la soledad, el desarraigo e incluso la ansiedad, plasmada magistralmente con esa metáfora visual de Dory rodeada de vacío, a solas con su incertidumbre. Pero siempre habrá pistas para volver al centro. Rescatar, rehabilitar, liberar.

Finding Dory en Film Affinity

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