La utopía ibérica de Magalhâes

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Gabriel Magalhâes
Los españoles (2016)

un ibérico imperfecto

No pertenezco a ningún partido, a ningún grupo de presión. Soy impolutamente extranjero. Y siento cariño y admiración por España. Desde ese afecto les escribo.

la “fiesta de estar juntos”

En cada ciudad española, cuando el final de la jornada se acerca, las personas montan una gran fiesta informal que consiste en salir a la calle, a las plazas, para verse, palparse y charlar ruidosamente. (…) No se trata de una celebración que se anuncie en los carteles, con fecha y hora: sencillamente, estamos ante un rito cotidiano. Cada día esta reunión gozosa ocurre  sin que haya que prepararla. (…) La calle es, pues, para la gente española, el verdadero salón de su casa. Y ciertas plazas, ciertas vías funcionan como un escenario silenciosamente pactado a lo largo del tiempo para dar este espectáculo cotidiano. (…) Se trata de una muchedumbre que disfruta del gusto de verse a sí misma viendo a los demás.

el por qué del antiamericanismo español

El velazqueño cuadro de Las lanzas se exhibe, pues, en algún rincón del alma del español de a pie. Y, quizás por ello, muchos hispánicos no se extrañarían si se vieran a sí mismo curvándose con gallardía para recibir de un mundo derrotado las llaves del universo. Ahora se comprende mejor que la debacle del 98 conllevara una enorme pérdida de identidad (…). Así se explica, igualmente (…) que haya aún (…) amplias capas de la población española que cultivan un fuerte sentimiento anti-yanqui. Como si estos tipos ocuparan un lugar que no es suyo: que les pertenece legítimamente.

una nación sin duchar

La grandeza, pues, se respira en suelo español (…). España es una nación que salta sin darse cuenta de sus pueblos medievales a un imperio moderno, esto sin tomarse a fondo esa ducha cultural del Renacimiento. Fue como un tobogán de la historia, por el que resbalaron Pizarro, Cortés y tantos otros. Y cuando cayó en la arena de la realidad, el español volvió a subir la escalera, se encaramó a su grandeza.

la fidelidad secreta

Teniendo en cuenta lo que es España, sus rupturas constantes, su sismología muy particular, yo diría que todas estas personas que bailan el minueto de dos culturas poseen en su espíritu un recinto secreto, algo así como la cámara mortuoria de un faraón en una pirámide, donde han tomado una decisión: en caso de terremoto nacional, mi elección es esta. O sea, que en el fondo de cada uno, existe una salida de emergencia que les dice que, llegada la hora crítica, saldrán por la puerta catalana, por la gallega, por la vasca o por la española. Y yo diría que muchos de ellos preferirían seguir bailando este minueto, en vez de ser forzados a entrar en esa dichosa cámara mortuoria.

heterónimos de la hispanidad

Y debemos aún añadir otra situación: la de los españoles que se enamoran de otro país para liberarse de la presión nacional, o por lo menos olvidar durante algún tiempo los problemas de su patria. (…) Resulta muy curioso analizar estos ciudadanos hispánicos que se relajan de su nación en otra nación. Se trata de algo que pasa mucho con los enamorados de Portugal: un grupo reducido de españoles, casi un club, que encuentra en el ático lusitano un lugar donde España se les olvida. Flotan en mi país, como si estuvieran en un suave heterónimo de su hispanidad.

España, el coliseo imperfecto

Sin duda, los españoles son romanos. Pero, como no podía ser de otro modo, no todos lo son. Los vascos no lo fueron. Y esto es un aviso de que España no podrá tener la forma circular de un coliseo, la estructura cuadrada de un ejército. Siempre habrá alguien con una honda, escondido en un bosque, dispuesto a disentir. Y dispuesto a triunfar. Cuando los reyes católicos eligieron el nombre de España (…) enunciaban sin duda una hermosa ambición, sin que fueran capaces, quizás, de darse cuenta de que en ese mismo nombre vivía su imposibilidad. Ni siquiera la gloriosa Hispania romana (…) fue un perfecto cubo nacional.

Grecia y las sirenas rusas

Todavía estamos aprendiendo a ser europeos (…). Grecia estuvo a punto de desgajarse de Europa, corriendo el riesgo de ser tragada por las sirenas rusas del mar Negra o comprada por misteriosos capitales chinos.

nuestro inconsciente africano

Los moriscos se vieron engullidos por los vencedores, tal como lo fueron también los judíos. Su presencia es, por decirlo de alguna manera, una presencia ausente. Está ahí sin estar. De repente, en la Guerra Civil, llegaban esos terribles soldados morunos: ¿de dónde venían? Pues sencillamente llegaban de nuestro inconsciente africano. De modo que somos africanos sin saberlo, sin quererlo, sin recordarlo (…) somos (…) musulmanes amnésicos.

Felipe II o el primer imperio global

El poeta portugués Camôes explicó en su gran poema Os Lusíadas que esta misión europea representaba rehacer el Imperio romano de un modo innovador, dándole una escala mundial (…). Después de este boceto de imperio que fue el dominio luso, resultante de los descubrimientos, los españoles diseñaron el primer señorío global. Felipe II fue un Alejandro Magno de luto: un Octavio Augusto melancólico.

la literatura se avanza a las naciones

El mundo hispánico que el novelista [Cervantes] columbró todavía no se ha realizado. No se ha cumplido, como diría Pessoa. A las rutas de la vida les falta dejarse guiar por la rosa de los vientos de la literatura. Existe algo así como una tercera parte del Quijote, que le toca escribir a la ciudadanía española (…). Uno recorre la literatura española y es como si sus mejores momentos representaran mociones de censura a lo que ha sido la historia de España. Los libros representan el gran desquite de los moderados, tan a menudo derrotados en el terreno de los hechos, pero vencedores en el campo mágico del arte: donde se otea el futuro y se critica el presente.

los países son barcos

Aunque nos gusta ver a los países con ojos de eternidad, ganaríamos mucho más sintiéndolos como movimientos en el tiempo. No como casas, sino como barcos. Ello nos permitiría mejorarlos, ser más felices viviendo en ellos. Lo magnífico de los descubrimientos portugueses es que Lusitania se vio a sí misma como una carabela, y acertó. El gran error del régimen de Salazar fue intentar detener el país, anclarlo en un puerto de viejas costumbres. Y falló. En este momento, es crucial que España se entienda a sí misma como un viaje, capaz de los más diversos rumbos, entre los cuales hay que saber elegir el mejor.

el cambio histórico que se susurra

Para transformar un país se necesita el trabajo complementario de, por lo menos, tres generaciones. Se trata, pues, de un relevo que pasa de padres a hijos. Algo que se musita en la hora postrera, como la clave de nuestro pasado y un código para el futuro de los que se quedan.

el aborto: el tropiezo ético de la izquierda

Al aceptar la política abortista, aprobamos, aunque sea involuntaria e inadvertidamente, los procesos de marginación propios del neoliberalismo (…). Siempre me ha parecido que esta cuestión de la interrupción del embarazo representa el quid de la historia de la izquierda: es el lugar en que los socialismos, los comunismos pierden contacto con el humanismo occidental. Y a partir de ahí (…) están condenados a un fracaso diferido en el tiempo. Por el contrario, una izquierda humanista, capaz de combatir o paliar todas las exclusiones, tendría un largo futuro.

el mito de “la igualdad de los españoles”

En los años sesenta del siglo pasado, Salazar decidió que las colonias africanas que el país dominaba formaban parte, efectivamente, de nuestro territorio (…). No era verdad, por supuesto, pero el dictador se empeñó en que lo fuera. El resultado lo conocen ustedes bien: el largo, dantesco e inmenso sufrimiento de las guerras en Angola, en Guinea, en Mozambique. Las mentiras que una sociedad proclama se pagan con mucho dolor. Algo de esto pasa con el euro (…). Lo curioso de estas falsedades es que, tarde o temprano, la realidad las barre como un tsunami o como un tornado, que arrasa con todas las arquitecturas de la mentira. (…) En España también existe (…) una falsedad de este tipo. Se trata de considerar que todas las comunidades autónomas son iguales (…). Cuidado con la idea de igualdad. Se trata de un concepto que ha tenido un recorrido peligroso a lo largo de la historia humana (…). Podemos decir que, cuando se invoca la igualdad, sin respetar la diferencia, alguien lo va a pasar mal, o incluso muy mal. (…) Y, por ello, el principio igualitario sólo funciona bien cuando lo articulamos con el de libertad. (…) Hay que tomar la Bastilla de este bulo (…). Los países donde se vive más a gusto son aquellos que mantienen con lo real una relación de lucidez: un diálogo crítico, limpio, abierto. Si no actuamos así, nos encadenamos a un dolor que, al final, no habrá servido para nada, porque la realidad terminará imponiendo sus paisajes.

la protección pendiente de las lenguas

No tiene mucha lógica soltar linces, a ver si cunden y se reproducen esos felinos de orejas marcianas, y acosar lenguas (…). Una España que acariciara sus idiomas, como hace con su fauna, con su flora (..). Y, de esta manera, ojos que antes recelaban, que antaño sospechaban, se transforman en pupilas conmovidas que entienden y aman.

los catalanes y el dinero

Me gustaría aclarar que los catalanes no son tacaños. Lo que pasa es que se relacionan con el dinero objetivamente, y no subjetivamente como otros pueblos ibéricos. Resultan más fiables en sus cuentas (…) pero puede que no se permitan esos momentos espléndidos de majestuosidad financiera (…). En suma,no dan propina, pero suelen pagar siempre la cuenta.

Portugal es un sistema de puentes

Toda nuestra historia futura consiste en construir nuevos pasadizos, cuando los que existían antes se taponaban. Somos un sistema de puentes que lucha contra una soledad fatal y, en cierto sentido, muy triste. Puentes con Inglaterra, con Francia (…); con África (…). No obstante, las relaciones con España siempre han estado ahí (…). A pesar de haber descubierto el mundo para no ser españoles, la verdad es que siempre ha habido algún tipo de café portugués que se tomaba en Madrid.

la triste tranquilidad portuguesa

Yo seguiría firmando la independencia de mi país (…). La razón principal es ésta: el derecho de vivir dentro del planeta que representa mi idioma (…). Que seamos tranquilamente infelices no nos consuela mucho de ser desgraciados. No obstante, esta quietud, en momentos en que el mundo arde, como la Segunda Guerra Mundial, tiene algún valor (…). La verdad es que todos los portugueses nos sentimos felices, al fin y al cabo, con este derecho a una música lingüística que es nuestra manera de acercarnos a la sinfonía del ser.

los moderados, eternos derrotados

Quizás el momento más trágico para el moderantismo haya sido la Guerra Civil (…) Estuvieron en batallas que no eran la suyas, murieron por cosas en las que no creían, sufrieron bárbaramente a causa de un conflicto que, para ellos, representaba sencillamente la interminable pesadilla de un inmenso absurdo. Fueron, acaso, los más cruelmente derrotados de todos los que fueron vencidos: perdieron siempre la guerra, incluso cuando se encontraban en el bando vencedor. Esto lo explica muy bien Joan Sales, a través de su magnífica novela Incerta glòria: (…) “Guanyi qui guanyi, jo he perdut”.

las dos herejías cristianas

El cristianismo puede desviarse políticamente hacia la derecha, pero puede hacerlo asimismo rumbo a la izquierda. Y en ambos casos nos encontramos ante dislates. El cristiano que pone bombas luchando por una sociedad mejor se equivoca tanto como el que, al lado del trono de los reyes, sostiene los palacios donde esos artefactos explotan.

la aventura ética individual

Creo que no es posible una moral sin algún tipo de dimensión metafísica (…). Fíjense que la Transición española fue, a pesar de todos sus laberintos políticos, un fenómeno eminentemente ético (…). En este momento, nuestro patrimonio ético es cada vez menor, y, como consecuencia de ello, las salidas parecen más difíciles, más lejanas. Cada persona que intente mejorar espiritualmente (…) se transforma en un ciudadano de futuro. Porque nuestra vida del espíritu no es cosa del pasado, sino materia prima del porvenir. (…) tiene que ser una libre iniciativa de cada cual: tal vez les parezca algo frágil este camino, aparentemente tan solitario (…). Puedo, sin embargo, garantizarles que los pasos que se dan esta manera libre, personal son siempre los que terminan llegando a las mayores alturas, a los más hermosos horizontes.

la democracia ibérica aún debe conquistar su estilo

No somos maestros en democracia. Ni Portugal ni España lo son (…). Estamos a punto de entrar en la universidad de las libertades para cursar la carrera de lo que serían sistemas democráticos propios e individualizados, con rasgos específicos peninsulares. Darle a la cívica libertad nuestro tono: crear nuestro plateresco, nuestro manuelino a partir del gótico internacional que domina los países libres de Occidente.

la victoria de las derrotas

Estos antepasados de la concordia fueron casi siempre derrotados, hay que confesarlo. Pero a veces la derrota no es un fracaso, sino un modo de dejar un mensaje en el buzón del futuro. Y así es: llegan hasta nosotros las voces de Cervantes, los lienzos de Velázquez, como un modo de proponernos conciliaciones donde ha habido conflictos. Y lo mismo nos dicen Machado, y Ortega, y tantos otros. Buscaron lo que se ha llamado una tercera España y fallaron en su tiempo, pero esa derrota puede, en la actualidad, transformarse en victoria.

*Los títulos que encabezan los fragmentos son del autor del blog, no aparecen en el libro

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