‘El libro de la selva’: Disney, cuéntame otra vez

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Joan Pau Inarejos
Nota: 7

Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río ni pisamos dos veces la misma selva. Así como Peter Pan regresó adulto y escéptico a las moradas de Nunca Jamás en la ingeniosa vuelta de tuerca de ‘Hook’, cabe preguntarse qué pasaría si Mowgi volviera por sus pasos y se plantara en la naturaleza salvaje después de su embrutecimiento civilizatorio (por cierto, ¿se casó con la chica del cántaro?). Otra vez será. Disney ha preferido copiarse a sí misma, repetir la historia punto por punto. Manda el retromarketing, el ¿te acuerdas?

La decisión de repetir, de autorrepetirse, tiene ventajas e inconvenientes. Por un lado, nos ahorra el postureo de ciertos autores con ganas de marcha (la Alicia de Tim Burton) y escaso respeto por las fuentes. Por otro lado, es imposible parangonarse con la frescura sesentera y la alegría jazzística del original de dibujos animados, incluido el doblaje latino que hoy escandaliza a los puristas de la V.O. El recuerdo de Baloo es inseparable de su gracejo mexicano, el cangrejo Sebastián no puede evocarse sin su proverbial salero caribeño. Nos han educado así, qué queréis.

La adaptación en carne y hueso de Jon Favreau –aunque la mística digital está poniendo seriamente en entredicho tanto la carne como el hueso– es puro entretenimiento del siglo XXI, profesional y estruendoso. Agranda algunas cosas, como los personajes malvados –imponentes el rey Louie, la serpiente Kaa, el tigre Shere Khan– y empequeñece otras, como el espíritu tranquilo y juguetón de la versión animada. Esta selva, en efecto, es más oscura y peligrosa, no hay tiempo para gozar de la vida y cantar Mamá naturaleza te lo da.

Echamos en falta mayores dosis de humor y ligereza, y podríamos discutir muy mucho sobre la expresividad de sus seres hiperrealistas, pero tenemos que rendirnos a la evidencia de su ritmo amenísimo y sus prodigios técnicos. La recreación de la pantera Bagheera, poseída por la flema de Ben Kingsley, es una de las mayores maravillas digitales de la temporada, lo mismo que esos créditos finales que juegan ingeniosamente con el título de la película y meten la selva dentro de un libro, con sketches de una plasticidad sensacional. Ahora que Favreau y compañía han salido del paso, nos pedimos un spin-off de los buitres con acento andaluz y peluca beatle. ¿Qué vamo a hasé?, nos educaron así.

 

El libro de la selva en Film Affinity

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